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Nuevo golpe a la hostelería

“Si no morimos de COVID lo haremos por hambre”

"Si no morimos de COVID lo haremos por hambre"

Con menos ahorros y con un desgaste mental que emociona a cualquiera. Así cogen hoy la mochila los once hosteleros de Pontevedra, Poio y Marín que el pasado mes de diciembre peregrinaron al Congreso de los Diputados para exigir el rescate del sector. En esta ocasión marchan hacia la Xunta, a donde mañana llevarán las mismas reclamaciones, y a sus espaldas cargan con un nuevo golpe a sus bolsillos, el tercer cerrojo en diez meses de pandemia que los llevan “al borde la ruina”. Lo reconoce Rafael Rúas, propietario del Bar Lele de Marín, aunque las palabras podría pronunciarlas cualquiera de sus compañeros. Y es que en la caminata, cuenta, buscan evidenciar lo que para el Equipo Rescate Hostelería es un secreto a voces: “o morimos de COVID o lo haremos por hambre”.

“Cuando me dejan, abro y pago deudas. No me da para vivir, para eso tengo a mi familia”

Tania Villar - Dueña de la cafetería Xeitosa

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Tania Villar

Tania Villar Gustavo Santos

“Sobrevivo gracias a mi familia. Cuando me dejan los gobiernos abro y pago las deudas. No me llega para vivir, para eso tengo a mis familiares”, explica Tania Villar. A sus 34 años y con una hija de 15 a su cargo, esta marinense se encuentra al frente de la Cafetería A Xeitosa, un pequeño establecimiento que abrió un mes antes de que estallase la pandemia. El coronarias, señala, la pilló en marzo “con ingresos cero” tras invertir en la apertura del local. Desde entonces ha ido adaptándose a las diferentes restricciones para poder recuperar algo de dinero hasta que el pasado martes volvió a colgar el cartel de cerrado ante la imposibilidad de hacer frente a los gastos del negocio. “El servicio para llevar no me compensa, pagas más de luz que lo que ganas haciendo café para llevar”, lamenta.

“Abrir el local era mi sueño. Ahora no tengo ahorros. Tuve que vender mi coche”

Lorena Rodríguez - Dueña de a Taberna de Juan

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Lorena Rodríguez

Lorena Rodríguez Gustavo Santos

Poco tiempo más lleva al frente de su negocio Lorena Rodríguez, quien hace tres años abrió en Combarro A Taberna de Juan, el sueño de su vida. “Después de una vida trabajando para otros me decido a montarlo. Imagínate, el sueño de mi vida. Y ahora ya ves tú: el primer año lo pasé de reformas y al siguiente todo esto”, explica con rabia. Por el camino de un año lleno de dificultades, cambios de aforo, dispensadores de geles y cierres temporales con trabajadores a su cargo dice que se dejó parte de su estabilidad emocional. “Estaba enfermando de estrés. Si el próximo verano es malo, me veo en la obligación de cerrar. O es mi salud o es mi negocio”, reconoce. En su caso, esta emprendedora de 33 años tampoco tiene ahorros pero dice ser una afortunada: “tuve suerte porque tenía un coche recién comprado, que sigo pagando pero que vendí para ponerme más o menos al día”. En verano, detalla, perdió 50.000 euros en 18 días que tanto ella como su trabajadora tuvieron que hacer cuarentena. “Y en noviembre otra vez nos mandan cerrar. Lo vives fatal”, concluye.

“No solo tenemos que mantener nuestras empresas, también nuestras casas”

Marta García - Propietaria de Meigas Fóra

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Marta García

Marta García Gustavo Santos

Sobre suerte prefiere no pronunciarse la propietaria del restaurante pontevedrés Meigas Fóra, Marta García. A su frente lleva nueve años, casi uno entero cerrado, pero durante los veinte anteriores trabajó en el sector de la construcción del que salió tras la crisis del 2008. “Me ha vuelto a tocar trabajar en el sector más afectado por las recesiones, no sé si es mala suerte, pero es lo que hay”, cuenta con cierto humor, aunque reconoce sentirse “al límite”. “No solo tenemos que mantener nuestras empresas, también nuestras familias. Si no nos rescatan de verdad, este es el último mes que podré aguantar”, dice. Por eso, hoy coge con ánimos renovados la mochila que cargó al Congreso el pasado 7 de diciembre. “Decidimos hacer la marcha a Madrid porque preveíamos que sería insostenible. Cuando regresamos decidimos no abrir porque sabíamos que esto iba a pasar. No sé si los políticos lo sabían, pero el pueblo sí. Nos iban a cerrar de nuevo porque las navidades fueron un escándalo”, critica.

“Tengo dos críos pequeños y no me da. Camino por la desesperación”

Juanjo Gondar - Dueño de La Posada de Lapamán

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Juanjo Gondar

Juanjo Gondar Gustavo Santos

Al igual que en Meigas Fóra, en el asador Posada de Lapamán, ubicado en Marín, las puertas estuvieron cerradas desde el inicio de la segunda ola, cuando la Xunta decretó el cierre de la hostelería. Sin embargo, su propietario Juanjo Gondar pasó las navidades con algo más de optimismo, una actitud de la que ahora se lamenta ya que, viendo que Marín se libraba del nivel máximo de restricciones, decidió volver a abrir. “Compré mercancía pensando en ir tirando. Saqué del ERTE a todos mis trabajadores. Y de un día para otro nos dicen que tenemos que cerrar, otra vez. Ahora tengo más deuda y la nevera llena”, denuncia.

“Tengo dos hijos y seis letras que pagar. Le hago frente como puedo y con deudas”

Eddy Casal - Propietario de La Favorita

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Eddy Casal

Eddy Casal Gustavo Santos

Con mucho menos personal se quedó Eddy Casal, al frente de la hamburguesería La Favorita, que lleva meses aplazando deudas. “Tengo dos hijos y seis letras que pagar: hipoteca, crédito de un coche, el crédito del traspaso del local, aplazamientos de la Seguridad Social, de luz y una deuda de mercancías”, ilustra. Por ello, explica, se ha quedado con lo mínimo imprescindible para mantener el servicio a domicilio y no perder clientes. “Estamos la cocinera y yo, este mes se acabaron los contratos del personal y despedí a la gente”, señala.

“Le he tenido que pedir dinero a mis padres. Es una situación inaguantable”

Daniel Lorenzo - Propietario del pub la pomada

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Daniel Lorenzo- Propietario del pub La Pomada

Daniel Lorenzo- Propietario del pub La Pomada Gustavo Santos

Sin menos opciones se encuentran los miembros del Equipo Rescate Hostelería que pertenecen al sector del ocio nocturno. “El sábado 15 de agosto fue el último día que pude abrir y desde ese día no tengo ninguna noticia de cuando voy a volver a poder hacerlo”, ilustra Daniel Lorenzo, que no entiende por qué, teniendo una licencia que le permite abrir por las mañanas, en el DOG se les obliga al cierre. “En diez meses he trabajado un mes y medio.

“Cada cambio de normativa lo vivo asustado. Aguantamos, pero al límte”

Sebastián Moldes - Propietario del Tinta Negra

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Sebastián Moldes -  Propietario del Tinta Negra

Sebastián Moldes - Propietario del Tinta Negra Gustavo Santos

He tenido que pedirle dinero a mis padres y mi socio y yo estamos pensando en cerrar para no volver a abrir. Es una situación inaguantable. LLevamos casi un año tirando de ahorros y tengo una hija de 18 en la universidad, tengo que elegí y lo prioritario es la familia”, explica emocionado ante el miedo a quedarse sin un colchón económico en un futuro cercano. “No podemos seguir tirando de los ahorros, si no hay rescate trabajaré de lo que sea”, reflexiona.

“La hemorragia es enorme y una tirita no resuelve. Este mes he liquidado una empresa”

Antonio fernández - Dueño del Pub Moncloa

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Antonio Fernández

Antonio Fernández Gustavo Santos

Para evitarlo, cuenta, inicia esta mañana su segunda peregrinación para reclamar una indemnización que les cubra, por lo menos, los costes fijos. “A mí me anima a caminar mi hija, luego mi socio y después todos mis compañeros. Me han demostrado un cariño y un respeto que se agradece”, responde sobre la motivación de salir, una vez más, a pedir algo más que “limosnas”.

“El que no está arruinado está al borde de la ruina. Pero marchamos con ganas”

Rafael Rúas - Dueño del Bar Lele

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Rafael Rúas

Rafael Rúas Gustavo Santos

“Llevo desde el 2006 trabajando y vivo cada cambio en la normativa pensando en cerrar”

Jose Da Silva - Dueño del Bar La mar de dulce

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Jose Da Silva

Jose Da Silva Gustavo Santos

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