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El tsunami que teme la salud mental

Siete especialistas alertan en un informe del previsible incremento de trastornos tras la fase aguda de la pandemia | Disrupción de la rutina, aislamiento, incertidumbe, temor al contagio, crisis económica... La estimación es que todos los factores motivarán que los diagnósticos se dupliquen en los próximos meses

Los trastornos depresivos experimentan una tendencia creciente desde la pasada década. |   // FDV

Los trastornos depresivos experimentan una tendencia creciente desde la pasada década. | // FDV

Disfrutar de la vida es un componente integral y esencial de la salud. Mucho más que la sola ausencia de enfermedades, es un “estado de completo bienestar físico, mental y social”, recuerdan los especialistas citando a la OMS, “no hay salud sin salud mental”. Con ella somos capaces de hacer frente al estés diario, trabajar y aportar a los demás, hasta el punto de que se considera el fundamento del bienestar individual, pero también del funcionamiento como sociedad.

Los cambios sociales, tecnológicos y económicos rápidos como los que hemos experimentado en los últimos años, especialmente tras la crisis de 2008, supusieron todo un reto nuestra salud colectiva. Para cuando tuvimos los primeros indicadores fiables dos años después, los trastornos depresivos habían crecido casi un 20%, los casos de ansiedad otro 8% y el consumo abusivo de alcohol casi un 5%.

Con todo, nada comparable al impacto previsible de la pandemia. En plena tormenta sanitaria y económica, por el momento el sistema público de salud es incapaz de estimar el alcance; se teme que gran mayoría de los casos todavía no han llegado a los centros de salud.

Un joven se medica con Prozac.

En la primera ola el Partido Socialista encargó a siete expertos, encabezados por el ex jefe de Psiquiatría del Complejo Hospitalario de Pontevedra, Víctor Pedreira, la realización de un estudio de previsiones. Impacto de la Pandemia COVID-19 en la Salud Mental de Galicia es en este momento el documento más actualizado para intentar analizar el reto sanitario por delante.

Estamos aún en la fase aguda. En ella la población general continúa sufriendo incertidumbre “miedo a la infección, temor a las consecuencias de la pandemia y preocupaciones somáticas diversas”, refiere el informe. A ellas habrá que añadir, avanzan los especialistas, los efectos “de la disrupción de la rutina y el aislamiento social” derivados del confinamiento.

“Si le preocupaba la tercera ola, espere a ver el tsunami para la salud mental que nos espera”, advierte tras meses de revisiones de estudios el responsable del proyecto. La enfermera especialista en salud mental y psicóloga Manuela Blanco, los psiquiatras Indalecio Carrera, Raimundo Mateos, Francisco Otero y María Victoria Rodríguez, y la psicóloga clínica María José Veiga han colaborado en este informe que analiza crisis económicas y desastres precedentes y su grave repercusión en indicadores vinculados a la depresión o los suicidios.

A ello habrá que añadir por primera vez en nuestra historia factores relacionados directamente con las condiciones de esta crisis sanitaria y cuyo efecto desconocemos porque carecemos de precedentes. Ahí estarán el impacto en los adolescentes y niños (uno de los efectos que más preocupa), la sensación de abandono experimentada por una gran parte de la población geriátrica o el peaje emocional que está suponiendo para miles de padres de familia una imposible conciliación.

Varios de estos factores se analizan a partir de las investigaciones realizadas en los últimos meses en Reino Unido, Canadá, China, España e Italia; y en la totalidad de los casos las previsiones son demoledoras. A modo de resumen, el informe recuerda como la dirección de Salud Mental de la OMS trabaja ya con la previsión de que 1 de cada 5 personas desarrollará un trastorno psíquico, “el doble de lo habitual”, indica Víctor Pedreira.

Éste recuerda que los efectos “serán muy diferentes” en función de las características sociales, económicas, laborales etc de cada persona” y de cómo haya experimentado las vivencias ligadas al COVID, por ejemplo el confinamiento. “No es lo mismo pasar las restricciones en una zona rural con acceso libre al exterior que quienes han tenido que vivir hacinados en pocos metros en un apartamento”, recuerda Víctor Pedreira, “o quien sigue teniendo que trabajar con el ruido de niños pequeños de fondo; o que el profesional sanitario que se ve desbordado y decepcionado”.

Nueve de cada 10 padres ven cambios emocionales o conductuales en los niños

La ansiedad “golpeará de forma desigual y será más intensa en las zonas “de mayor impacto de la pandemia”, como se está constatando ya en la Lombardía italiana.

El informe no solo detalla los riesgos para colectivos especialmente vulnerables , ya sea sobrevenida por la pandemia (caso de la población geriátrica institucionalizada “que se ha sentido olvidada” , o los niños y adolescentes) o previa, como personas que ya tenían una enfermedad mental o conductas adictivas.

Hacen distintas recomendaciones de carácter general y específicas en el ámbito de la salud mental. Entre las propuestas, revisar el modelo de hospital actual. Proponen que se rediseñen para que, en el futuro, no sea necesario paralizar por completo la actividad hospitalaria y ordinaria, incluso la grave, como la cirugía oncológica, en caso de una pandemia.

Reclaman también un Plan Estratéxico de Saúde Mental y Adicciones de Galicia, entre cuyos objetivos prioritarios esté incrementar las plantillas a fin de alcanzar al menos la media del conjunto de las comunidades en lo que respecta a equipos de salud mental.

Específicamente, piden que la administración se anticipe y haga cambios estructurales y funcionales. Si las medidas de seguridad han de mantenerse en el tiempo, habrá que rediseñar espacios para no paralizar la asistencia y dar un nuevo sentido a la atención telemática para evitar la masificación de las consultas. Los últimos meses han puesto de manifiesto todas sus deficiencias: zonas sin cobertura, población que desconoce el uso de las tecnologías, insuficiencia o falta de recursos. “Es necesario un verdadero compromiso político de desarrollo de las tecnologías y de facilitar la accesibilidad a toda la población. Hacerlo es una decisión, y nuestros poderes públicos están para eso, para decidir, solo que en ello nos va la salud”.

Nueve de cada 10 padres ven cambios emocionales o conductuales en los niños

El informe elaborado por los psiquiatras sobre el impacto de la pandemia en la salud mental hace referencia al estudio de la Universidad Miguel Hernández sobre la repercusión el impacto emocional del confinamiento en niños italianos y españoles. Tras más de 1.000 encuestas a las familias con hijos entre 3 y 18 años, concluyen que 9 de cada 10 padres observa en sus niños cambios emocionales o conductuales. Estos efectos son más intensos en los niños españoles, una mayor prevalencia que los especialistas en salud mental atribuyen a el mayor periodo de confinamiento. “Los niños comparten con los adultos las emociones de miedo e incertidumbre generados por la pandemia, a los que hay que añadir, en el caso de los más pequeños, la falta de comprensión de que está pasando”, señalan los autores del informe. La pérdida de contacto con amigos, compañeros de colegio y profesores, “de aquello que construía su vida y es tan importante en su neurodesarrollo y su proceso de socialiación, genera ansiedad en la infancia y en la adolescencia”. Puede expresarse, añaden, en forma de irritabilidad, insomnio, conductas adictivas o pérdidas de habilidades.... El 77% de los padres considera que sus niños han perdido capacidad de concentración.

Cada vez más medicados

Desde el arranque del siglo el consumo de psicofármacos no ha dejado de crecer. Según datos de la Agencia Española del Medicamentos con los que han trabajado los autores del informe, entre 2000 y 2013 el consumo de antidepresivos se ha multiplicado un 200%. Es una tendencia “a la medicación excesiva”, lamentan los psiquiatras, que entronca también con la falta de un sistema fuerte de atención a la salud mental. Las psicoterapias, recuerdan, “implican tiempo, sesiones continuadas y un trabajo con el paciente que con un sistema tan precario el profesional no puede abordar”.

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