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¿Cómo que no puedo cruzar mi plaza?

Vecinos de Pontevedra (izd) y Marín (dcha) bromean en la fuente que sirve de límite entre concellos.   | // GUSTAVO SANTOS

Vecinos de Pontevedra (izd) y Marín (dcha) bromean en la fuente que sirve de límite entre concellos. | // GUSTAVO SANTOS

Manuel Mouriño, que compra habitualmente en Marín. | // GUSTAVO SANTOS

“Aquí no tenemos comercio, solo uno pequeño de alimentación ¿Para ir a la Plaza voy a tener que coger el trole?” A sus 81 años, la pregunta de Manuel Mouriño es un buen ejemplo de las que se hacían ayer los vecinos y clientes de la plaza Marqués de Valterra, en el límite entre Pontevedra y Marín, dos concellos cerrados entre sí desde este fin de semana.

Es uno de los vecinos del barrio pontevedrés de Estribela que realiza habitualmente las compras en Marín. A unos metros de la fuente que sirve de límite entre ambos concellos, explica que “para comprar la quiniela o la lotería hay que cruzar. Compro en la Plaza de Marín, donde tengo conocidos, acercarme hasta Pontevedra son 7 kilómetros”.

También Teresa Soto ve muy alterado su día a día. El pasado viernes la paró la Policía “cuando iba al banco” y aunque no la sancionaron se pregunta cómo va hacer ahora “para cobrar la pensión” y si tendrá que acudir a una sucursal de la Boa Vila.

Cuida de su madre de 90 años y atiende a FARO mientras cruza la plaza forzosamente, ya que vive justo en el límite de los municipios y va a buscar medicamentos a la farmacia. La alternativa es “coger el trole”, dado que al igual que Manuel Mouriño no conduce y acercarse a Pontevedra le supone tener que ir en autobús.

“Comprar en Estribela me sale más caro”, explica la vecina, que acude con regularidad a los comercios de Marín. “Si voy a Pontevedra tengo que coger un trole y me cuesta 3 euros, y con las pensiones bajas es un gasto”, recuerda.

“Todos están muy cabreados, otros vienen corriendo y pensando si la policía va a venir”, resume la trabajadora del estanco, “se quejan todos”. Lamenta que “somos una actividad esencial” y aún así “la Policía paró a algunos clientes, cuando el decreto sí les permite venir hasta aquí”.

Paco, al frente desde hace 25 años de un comercio de piensos y plantas ubicado en la plaza, ha compensado en parte los inconvenientes con el reparto a domicilio. Con todo, recuerda que tras el cierre perimetral “no es lo mismo” y las limitaciones suponen un freno para algunos de sus clientes. Es otro de los comerciantes que constata que “muchos vecinos están molestos” y cita el caso de uno de sus clientes cuya mujer “vive a un kilómetro de la Plaza y no puede ir”.

E problema hace mella sobre todo, explican comerciantes y vecinos, “en la gente mayor, que a lo mejor no conduce” y a la que las restricciones les suponen un gran cambio en sus rutinas.

Los comerciantes temen que los cierres por concellos supongan un nuevo freno a su actividad. “Antes esta era una zona buena” de ventas, señalan en este punto, “pero se perdieron los bancos” (explican que se han cerrado varias sucursales en los últimos años) y después “llegó la pandemia”, un escenario que no parece que vaya a mejorar con más limitaciones.

En el bodegón O Barco un grupo de amigos constata también que “a los locales les está afectando mucho” las nuevas restricciones. Donato, cliente habitual, explica que “a este chaval (en alusión al hostelero) le hacen cerrar la puerta a las 6 de la tarde, mientras que a otros muchos que también pueden vender alcohol es permiten abrir hasta más tarde”. “A los hombres de los bares lo que nos fastidia es que el Covid empiece a caminar a las seis de la tarde”, ironiza antes de reclamar que si es necesario sanitariamente “que cierren todos salvo los servicios esenciales, a ver por qué unos pueden vender cervezas a partir de una hora y otros no”.

Varios coinciden en que la frontera entre municipios, al menos en lo que respecta a la crisis sanitaria, “debería estar en la rotonda de Placeres, ahí debería ser el límite, porque lo que no se explica es cómo no puedo coger el plan en mi panadería por 50 metros de distancia”.

Es un caso parecido al de Jose, que hacía tiempo en la plaza antes de llevar a su perra al veterinario. Explica que “la clínica está en Marín y no vamos a cambiar e ir a Pontevedra, vivimos a menos de medio kilómetro”.

Otro de los vecinos afectados es Albino. Explica que vive en Estribela aunque trabaja fuera y para ello hace uso del salvoconducto de la empresa, pero ahora tendría que saltarse las restricciones para visitar a su madre. “Vive ahí, a 300 pasos”, indica, “cómo es que no me voy a poder mover unos metros para visitarla o que tendré que ir a Pontevedra para comprar tabaco, porque ese estanco (señala a la tienda de las inmediaciones) ya está en otro concello”.

Es uno de los residentes que defiende que “se necesitan medidas de control” de la crisis sanitaria, “pero dividir una plaza es excesivo”.

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