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RAFAEL QUINTÍA nn | Presidente de Saga

“Mucha gente se interesó por la antropología a raíz de la pandemia”

“Nos sirve para saber que estas cosas llevan acompañando a la evolución de los humanos y los cambios sociales desde la prehistoria”

Rafael Quintía.   | // GUSTAVO SANTOS

Rafael Quintía. | // GUSTAVO SANTOS

La librería Metáfora será escenario hoy de la presentación de “Fol de Veleno”, el anuario de la Sociedade Antropolóxica Galega, que llega a su novena edición. Reúne una amplia selección de artículos sobre antropología, historia, arqueología, memoria, etnografía y patrimonio, refrendando que hasta en esto 2020 es raro: “Ha sido un año malo”, reconoce Rafael Quintía, “pero muy fructífero para muchos estudios”.

–Sale “Fol de Veleno” en pleno solsticio de invierno

–Coincidió así este año. Las primeras ediciones se publicaban en el primer trimestre pero de un tiempo a esta parte decidimos presentarlo al final del año, también porque en estas fechas la gente suele disponer de más tiempo para leer y regala libros. Pensamos que era una buena actividad para servir de como colofón del año.

–¿Qué estudios proponen en esta novena entrega?

–Hemos reunido artículos de antropólogos consagrados, como Buenaventura Aparicio, José Luis Cardero o José Antonio Gavilanes, con autores noveles que están empezando en el mundo de la investigación. Tenemos estudios como “Las manos. Una imagen en el límite entre dos mundos”, un trabajo sobre las manos en el arte prehistórico, otro sobre los petroglifos gallegos desde una perspectiva antropológica. También un estudio sobre la mitología galaica primordial, mitos que incluso podrían ser de origen Paleolítico, y asimismo estudios de etnomusicología, la memoria e historia del Carnaval, una aproximación etnográfica a la religiosidad de una aldea marinera de Porto do Son. Después están trabajos de etnografía más clásica como el dedicado al carro del país y en el tema más social están trabajos sobre memoria colectiva y patrimonio obrero o sobre arqueología e historia.

–¿Ha sido un año fructífero desde el punto de vista de la investigación?

–Lo ha sido, 2020 fue un año complicado en el que todo se retrasó, de hecho la mayor parte de los anuarios y revistas que conozco se fueron demorando por problemas de impresión, tiradas y demás. Pero más allá de eso desde luego que para nosotros fue un año fructífero, tener tiempo y estar más en casa facilita la escritura. También fue una forma de evadirse: escribir y repasar trabajos de investigación. Para Saga por ejemplo aunque no pudimos celebrar las Xornadas de Antropoloxía ni otros actos sí fue muy fructífero porque sacamos una revista, en este caso una revista internacional digital en tres idiomas sobre fotografía etnográfica, que tiene colaboraciones de distintos países y que pusimos en marcha precisamente aprovechando el confinamiento. Es una revista libre, de descarga gratuita y es nuestra contribución en un campo en el que además no hay ninguna.

–Desde la óptica del lector ¿hay también un interés renovado por los temas vinculados a la antropología y sociología?

–Estos temas no son, por desgracia, mayoritarios, pero sí que a raíz de todo el tema del Covid muchos medios se pusieron en contacto con antropólogos y sociólogos; cuando se producen este tipo de situaciones también se produce un proceso de introspección en las personas, de valorar las cosas importantes, de reflexionar sobre la vida, las cosas que merecen la pena, y eso lleva a mucha gente a profundizar en estos temas, en el conocimiento humano, cultural y de la sociedad. Y sí, hay mucha gente que se interesó por la antropología a raíz de la pandemia, lo veo incluso a nivel personal en los cursos que hago sobre estas temáticas en la Uned, que tuvieron muchos matriculados, la asistencia se disparó.

–¿Qué nos puede enseñar la antropología sobre nuestro momento? ¿La primera lección es que no es nuevo, que esta incertidumbre nos ha acompañado en la historia?

–Sí, esa es la primera enseñanza: que colectivamente nos hemos enfrentado a hechos muchos más terribles, la peste negra acabó con más del 30% de la población europea, las gripes del siglo XX fueron demoledoras… La antropología nos sirve, primero, para saber eso, que estas cosas llevan acompañando a la evolución de los seres humanos y los cambios sociales desde la más remota prehistoria. Y también sirve para entender que las sociedades occidentales, tan hiperconectadas y tecnológicas, son muy vulnerables. Esa interconexión que nos da ventajas también nos hace más vulnerables en caso de una pandemia. Y también la pandemia nos sitúa ante la debilidad del ser humano, en África mueren de hambre directamente, o de infecciones en muchos países del mundo, y nosotros somos unos privilegiados, unas generaciones que no han sufrido alguna catástrofe que sí ha marcado a todas, y hablamos de nosotros pero no debemos olvidar que hace unos 25 años años se produjeron las matanzas de los Balcanes y hace unas semanas parte de Armenia fue masacrada. El riesgo, la incertidumbre de la existencia, es algo que está ahí, aunque nosotros como sociedad tendemos a dejarlo de lado.

–También el tema de la muerte

–Es otro de los aspectos que ha puesto de manifiesto la pandemia, que vivimos de espaldas a la muerte, que estaba tan presente en la cultura gallega. Todos esos comportamientos sociales y soluciones culturales que nos hacen como somos los estudia la antropología y por eso es un campo fundamental también para entender esta circunstancia.

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