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La Casa del Arco

Levantada por los Cruu en el siglo XV y ligada a los Muruais desde el siglo XIX, albergó al almirante Méndez Núñez en su lecho de muerte

La Casa del Arco, lugar de parada tradicional de la procesión del Corpus de antaño. // Hispanic Society of America

La Casa del Arco está ligada a los Muruais desde finales del siglo XIX; sin embargo, sus miembros no ocuparon esa edificación tras instalarse en Pontevedra. Juan Muruais y su familia vivieron primero casi al lado, en la casa con los arcos más altos de la plaza de la Verdura, esquina con la calle Sarmiento, donde luego se ubicó la popular cerería de José Paz Vidal. Precisamente allí nació y allí murió el hijo mayor, Andrés Muruais (1851-82), el miembro más brillante y popular de la saga, cuando solo contaba 31 años.

El entronque de la Casa del Arco con los Muruais se produjo poco tiempo después, cuando su hermana pequeña Soledad casó con Pedro Martínez Casal. El nuevo matrimonio formalizó su adquisición a la marquesa de Valladares en 1885 para convertirla en su hogar de referencia, puesto que dispusieron de otras propiedades en Salcedo y Pontevedra. A ellos se atribuyó la última remodelación en profundidad de la casona, incluida la plantación de la magnolia que caracteriza su jardín elevado.

Pedro Martínez Casal fue uno de los hombres más ricos e influyentes de su tiempo en esta ciudad. Presidente del Liceo Casino y de Socorros Mutuos, durante dos décadas ocupó un lugar destacado en la política municipal como concejal, síndico, teniente de alcalde y, por fin, alcalde en dos ocasiones (1898-99 y 1912-14). Como edil promovió la creación de la Caja de Ahorros Municipal y Monte de Piedad de Pontevedra, cuya dirección ejerció mucho tiempo.

Alfonso Castelao hizo entonces una estupenda caricatura de Martínez Casal, que el Museo Provincial expuso en varias ocasiones, donde bajo un prominente mostacho lucía en su mano izquierda un ostentoso anillo que, sin duda, trataba de reflejar su conocida opulencia. Esa recreación punzante, en ningún caso hiriente, suscitó una controversia periodística que Castelao zanjó de modo elegante, subrayando su buena amistad con don Pedro, sin recibir al respecto el menor reproche por su parte.

Oriundo del lugar de Matalobos, en Salcedo, la Casa del Arco pasó en su tiempo a denominarse popularmente como la Casa de Matalobos en referencia a Pedro Martínez Casal.

Cuando Jesús Muruais Rodríguez, el otro hermano de Soledad, volvió a Pontevedra para ejercer como catedrático en el Instituto –igual que su padre–, la Casa del Arco acogió a ambas familias, aunque de forma independiente: una con entrada por la calle Don Gonzalo y la otra por la plaza de Méndez Núñez

“Todos vivían –rememoró Filgueira Valverde– en el antiguo caserón de los Méndez Núñez: Pedro y Soledad en la parte que daba al jardín con la magnolia. Jesús y Carmen al otro lado. Abajo estaba la biblioteca con la habitación de Muruais acolchada para más tranquilidad”.

José F. Filgueira Valverde frecuentó mucho en su adolescencia y juventud aquellos dos hogares y conoció de cerca a todos los moradores en razón a su relación familiar. Su padre, José Filgueira Martínez, era primo de los Martínez Casal, tenía una casa lindante con la suya en Salcedo y mantenía una amistad fraternal con Daniel de la Sota Valdecilla, casado con una sobrina del mentado Pedro. Por ese motivo, Filgueira fue quien mejor describió el ambiente y la decoración de la Casa del Arco en aquellos años.

“Un precioso velador atareado en que había barajas políticas con figuras del tiempo del general Prim. Alrededor de la galería colgaban carteles de París que retrataban actrices célebres o representaban el french-cancan, y una lámina que representaba a Desdémona, la heroína de Otelo. Había un piano y, a veces, se oía música… En el piso principal estaba la galería donde solía reunirse una tertulia, aunque a veces ésta se reunía abajo”

En efecto, la Casa del Arco se hizo célebre por la magnífica biblioteca que reunió Jesús Muruais a finales del siglo XIX, entonces sinigual en Galicia.

Enrique Labarta fue quien primero dio noticia de aquel lugar: “Dentro de sus estantes se apiñan aprisionados, desde la obra rara de la que solamente se hizo una pequeña edición de ejemplares numerados, hasta el libro popular que se extiende por el mundo literario. No bien se anuncia algo nuevo en literatura o arte, ya está Muruais adquiriéndolo antes que nadie”.

La biblioteca acogió una renombrada tertulia “selecta y reducida”, aunque el mejor historiador de los Muruais, José Antonio Durán, aminoró su proyección en favor del taller literario surgido a su amparo y frecuentado por propios y extraños. “As famosas tertulias da Casa do Arco -recalcó- quizais non foron endexamais o que se conta delas… Tampoco os asistentes foron tantos… Foi más un lugar de traballo…”.

Según Prudencio Landín, “allí hizo lecturas copiosas Ramón del Valle Inclán durante su accidentada estancia en Pontevedra; allí recogió materiales preciosos para sus producciones Víctor Said Armesto; allí encontró sugestiones felices Torcuato Ulloa para sus crónicas de sociedad…

Fuera como fuese, Muruais no alentó en ningún caso una tertulia convencional al uso, como las surgidas entonces en cafés y reboticas.

Jesús falleció en 1903 y su viuda, Carmen Carrillo Falcón, vivió allí con sus tres hijos –Andrés, Jesús y Soledad, igual que la generación anterior– hasta su muerte en 1927. Pedro Martínez Casal murió en la casa de la magnolia un año antes, y su viuda lo sobrevivió en casi dos décadas hasta su fallecimiento en 1942. Ellos no tuvieron descendencia y por ese motivo, en buena medida, la propiedad de la Casa del Arco recayó en los Muruais.

Soledad Muruais Carrillo, heredera de un gran patrimonio inmobiliario, seguramente realizó en vida la última puesta a punto conocida de la Casa del Arco en 1943. A petición suya, el Ayuntamiento autorizó el pintado de sus balcones y la verja del jardín, así como la limpieza de sus muros encalados. Ella fue su postrera moradora de la saga de los Muruais.

Finalmente, la familia de los Quintáns vivió de alquiler en la vivienda ajardinada, que más tarde ocupó Televisión de Pontevedra, última inquilina conocida. El Centro de Estudios Méndez Núñez se instaló en 1987 al otro lado, cara a la concurrida plazoleta, y todavía sigue abierto hoy al amparo de la Asociación de Discapacitados Intelectuales Virgen de la O.

De Campo da Herva a Plaza das Galiñas

Campo da Herva, su identificación más antigua en el Libro Vello do Concello (1437-38); luego plaza del Méndez Núñez desde 1875 en honor al legendario vicealmirante; y también Plaza das Galiñas en su denominación popular, cuando cada plaza respondía a la nominación del producto que allí se vendía (plaza del Pescado, plaza del Pan o plaza de la Verdura). Estos fueron los nombres del lugar donde los Cruu levantaron la Casa del Arco en el siglo XV, cuando era un erial despoblado. Familia bien conocida por historiadores y estudiosos de grandes estirpes pontevedresas, los primeros Cruu vivieron en los Soportales de la Herrería cuando era la Rúa das Trabancas. La segunda generación fue quien puso en pie la “torre almenada, casa y eixido” que conformaron la Casa del Arco. A Juan Cruu, se atribuye el nacimiento del linaje tras su matrimonio con Inés Ares de Aldao y Sotomayor, de la Casa de Gondar, de Xeve. Él es quien está enterrado junto a Payo Gómez Charino en la capilla mayor de la iglesia de San Francisco bajo el epígrafe: “Aquí yace o gran cabaleiro Joan Cru”. La rica documentación del Marquesado de Santa María del Villar hablaba de “Juan Cru Montenegro y Figueroa, regidor perpetuo de la Villa de Pontevedra y señor en ella de la Torre de Montenegro y Casa Solar de Cru”, que no era otra que la Casa del Arco. Y sucesivamente perteneció luego a los Novoa, Sarmiento, Lanzós, Saavedra, Valladares, Montenegro y Ponte, según la relación establecida por Modesto Rodríguez Figueiredo. Cuando la Casa del Arco aún pertenecía a los marqueses de Valladares, allí vivían los Méndez Núñez a mediados del siglo XIX. José Antonio Durán aseguró que entonces alcanzó su máximo esplendor, tanto por la distinción de Soledad Méndez Núñez entre la mejor sociedad pontevedresa, como por la popularidad de su hermano, don Casto. “A Casa do Arco –escribió el historiador recientemente fallecido en su magnífica obra sobre los Muruais– non recuperó endexamais a prestancia e a presencia que tivera na cidade nos tempos dos Méndez Núñez”. El heroico vicealmirante llegó a Pontevedra malherido y allí falleció en verano de 1869 cuando solo contaba 45 años. Y en la década siguiente, su hermana adquirió el solar de la avenida de Santa María donde levantó un magnífico palacete proyectado por Alejandro R. Sesmero, luego bautizado popularmente como la Casa de las Mendoza, que ocuparon sus descendientes. Probablemente Joaquina Montenegro Ponte y Oca, marquesa de Valladares, fue quien vendió la Casa del Arco a Pedro Martínez Casal y Soledad Muruais Rodríguez tras su boda en 1884. Con ellos, la Casa del Arco saltó de la elegancia de los Méndez Núñez a la opulencia de los Martínez Casal. Los historiadores locales dataron en esos años la rehabilitación más importante de la Casa del Arco, ya totalmente desvirtuada de su estado original por el paso del tiempo, con la excepción del arco volado en la calle Don Gonzalo. Xosé Fortes asegura que la torre-fortaleza desapareció por completo. En cambio, Rafael Fontoira mantiene que el palacete se reconstruyó a su alrededor y asegura que el torreón original de los Cruu aún puede verse asomado en su parte superior junto al escudo familiar.

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