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El meollo

Santa Clara

El Meollo de la cuestión está en saber el motivo por el cual el Concello de Pontevedra ha tenido tanta prisa en anunciar a bombo y platillo la relación abierta con las monjitas de la Orden de las Clarisas para comprar el histórico convento que abandonaron hace tres años, y adivinar si esa revelación obedece a una calculada estratagema con alguna finalidad, de momento ininteligible.

La regla número uno para que una difícil negociación de cualquier signo -no solo político o económico- llegue a buen puerto, radica en su carácter discreto, por no decir que reservado o secreto. Al menos esta premisa resulta comúnmente aceptada, tanto por los unos como por los otros, es decir vendedores y compradores al unísono. Sin embargo, en esta ocasión se ha roto tal principio casi sagrado en dicho procedimiento

Igualmente parece chocante que el portador de la buena nueva en representación del equipo de gobierno del BNG no haya sido el alcalde Lores, su sucesora en potencia y portavoz habitual, Anabel Gulías, o el súper concejal Cesáreo Mosquera, que ahora incluso anuncia una tirolina festiva. El encargado de dar la noticia ha sido Xaquín Moreda, un concejal de segunda fila por mucho que tenga a su cargo las áreas de Urbanismo y Patrimonio, aunque con competencias bastante menguadas. Algún motivo tiene que haber para esta maniobra de despiste, porque nunca han dado puntada sin hilo.

Al anunciar la negociación, el concejal Moreda ha recalcado dos cosas: que la fundación Las Edades del Hombre, encargada de velar por los intereses de las clarisas, ha confirmado que solo el Concello y nadie más ha mostrado interés por dicha adquisición; y que los representantes de las monjas tienen la mejor disposición para alcanzar un acuerdo satisfactorio. Pues que así sea.

En cambio, el bisoño edil no ha dicho una sola palabra sobre el coste de la operación; únicamente ha anunciado una visita al convento de los técnicos municipales para comprobar su estado general y realizar una valoración económica. Cualquiera interpretaría, por tanto, que la propiedad todavía no ha puesto precio, ni el Concello ha barajado su contraoferta, que resulta el quid del asunto. Y de ambas cosas se concluiría que la cosa dista bastante de estar acordada, como para convertirse en un magnífico regalo de los Reyes Magos a los pontevedreses de buena voluntad, salvo que santa Clara eche el resto en los días que faltan.

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