Desde la pasada medianoche Sanxenxo pasa a tener las mismas restricciones que el resto de municipios colindantes, lo que implica, entre otras cosas, el cierre de la hostelería. Será, en principio, hasta el próximo 4 de diciembre y es una medida que no pilla desprevenidos a los empresarios. Algunos se sienten incluso aliviados ya que el volumen de clientela había disminuido mucho al no poder acceder a Sanxenxo vecinos del Grove, Poio o Pontevedra, entre otros.

“Ya casi lo deseábamos porque aquí no hacías casi nada, con todos los alrededores cerrados, esto ha sido peor que las semanas de invierno”, reconoce Berta Bragaña del Bar Albatros. “No hay nadie y tiene que haber dos personas porque tienes que estar desinfectando. Además tienes que tener la carta. Últimamente ya íbamos comprando a cuentagotas, más bien pensando en el fin de semana, pero tienes que tener producto. Entonces es más gasto y al final acabas tirando pescado y de todo”, cuenta esta hostelera.

"Ya casi lo deseábamos porque aquí no hacías casi nada. Esto ha sido peor que las semanas de invierno"

Berta Bragaña - Bar Albatros

Son varios los bares del municipio que estaban ya cerrados ayer, mientras otros tantos apuraban las últimas horas con los clientes más fieles. Muchos, como es el caso del Albatros tenían pensado cerrar aunque no lo dictaminara la Xunta de Galicia. “El lunes me levanté pensando en que iba a cerrar el martes, porque estaba perdiendo un dinero que no generaba y que tampoco se ha ganado en verano, como otros años. Finalmente no cerré, quise esperar más, pero estaba visto que nos iban a cerrar”, cuenta Berta. Esta empresaria explica que lleva 15 años con su bar y se alivia de que su arrendador entienda la situación especial que vive, aún así no sabe cómo serán las próximas semanas.

Entre la poca clientela que han regentado los bares los últimos días está la gente del municipio así como personas con segunda residencia que han decidido quedarse en Sanxenxo para pasar la segunda ola.

Además los hosteleros explican que estas semanas han sido “raras”. ”Tuvimos días en los que parecía casi que se acababa el mundo, fines de semana con muchísima gente, comparable a las tardes de nochevieja, la gente estaba intentando aprovechar porque parecía que nos iban a cerrar, fue una locura. A parte de eso todo ha sido subidas y bajadas”, explica Verónica Domínguez del bar Pepa a loba.

La mayoría de los hosteleros no se plantean seguir abiertos para servir a domicilio porque no lo ven rentable. Aún mantienen un ojo puesto en la campaña de Navidad, que dan casi por perdida, ya que no serán lo mismo, pero esperan poder salvar algo.

Entretanto repiten que ellos no son el problema “por cerrar la hostelería no se va a acabar el problema. Tenemos que ser coherentes, lo estamos haciendo mal todas las personas, no los negocios. Porque si un bar está cerrado, pero la gente continúa reuniéndose sin poder. En la primera ola sí pensé que aprenderíamos algo, pero ahora ya veo que no”, afirma Bragaña.

Leandra sirviendo a unas clientas. Gustavo Santos

“Tarde o temprano iban a llegar estas medidas a Sanxenxo”

“Nos imaginábamos que tarde o temprano iban a llegar estas medidas a Sanxenxo. Desde que cerraron O Grove, Poio y Pontevedra el movimiento habitual ha disminuido bastante y ha bajado la mitad de la clientela. Pero hay que seguir ganándose el dinero y con todo cerrado es complicado. Entendemos que se hace por prevención, pero esperamos que dure el menor tiempo posible”, comenta resignada Leandra Torres, del Bar O Súper.

Iván cerrando su hamburguesería, en Portonovo. Gustavo Santos

“Llevamos 26 años, el local es nuestro, así que intentaremos aguantar”

“Ya casi no había clientela, de hecho nosotros solo abrimos los fines de semana y buena parte de los bares de Portonovo hacen igual. La gente tiene miedo de ir a los bares”, lamenta Iván Rodiño, de la Hamburguesería Europa. “Hoy hemos venido a dejarlo todo cerrado, sin saber por cuánto tiempo. Tenemos mucha incertidumbre. Llevamos 26 años y el local es nuestro, así que intentaremos aguantar el tirón”, añade.

Verónica sirviendo bebidas. Gustavo Santos

“No podemos devolver los pedidos a proveedores”

“En los últimos días intentamos ir bajando las compras. Cuando la semana pasada parecía que íbamos a cerrar incluso devolvimos pedidos a los proveedores, pero ahora no lo podemos volver a hacer, no podemos jugar así con el trabajo. Ahora intentaremos envasar al vacío y congelar todo lo que se pueda para tirar lo menos posible”, relata Verónica Domínguez, del Bar Pepa a loba.

Valentín, en la terraza del Azor. Gustavo Santos

“Estamos valorando si hacer comida para llevar, es complicado”

“Preferiríamos estar abiertos porque el problema no está en la hostería, es una responsabilidad individual. Nos manteníamos con la clientela del pueblo, porque noviembre siempre es un mal mes, pero daba algo. Últimamente no sabíamos si coger mercancía o no y ahora perderemos al menos mil euros. Estamos valorando si hacer comida para llevar, pero es complicado”, confiesa Valentín Fontán, del Bar Azor.