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Rafael Quintía | Antropólogo

“Los primeros monumentos que los gallegos hemos dejado han sido a los muertos”

“Desde una perspectiva simbólica es el momento del año para las almas, los difuntos”

El antropólogo y escritor Rafael Quintía.   | // GUSTAVO SANTOS

El antropólogo y escritor Rafael Quintía. | // GUSTAVO SANTOS

La Sociedade Antropolóxica Galega (Saga) optó finalmente por la suspensión de las Xornadas de Antropoloxía, que cada año por estas fechas convocan en Pontevedra a especialistas en los rasgos que nos definen biológica y culturalmente. “Tomamos la decisión”, explica Rafael Quintía, “al no poder celebrarlas de modo presencial y dadas las limitaciones de movimiento, que afectaban a conferenciantes que venían de otras comunidades; gran parte de las Xornadas es el intercambio de ideas y proyectos con otros ponentes y especialistas, pero también con el público, y nos pareció que sería mejor esperar”.

–Se acerca el tiempo de Difuntos y Todos los Santos ¿qué representan antropológicamente estas fechas?

–En muchas culturas, no solo en la nuestra, Difuntos es un momento de conmemoración, de recuerdo a los familiares muertos, a los difuntos de cada comunidad, de cada familia, de cada grupo social. Es una forma de visibilizarlos y también de visibilizar el recuerdo de estos difuntos y una forma de ritualizar el recuerdo de aquellos que ya no están, pero forman parte de nuestra familia y marcan también nuestras raíces y nuestros orígenes. Es un momento de conmemoración, de recuerdo y, desde la perspectiva católica, del cristianismo, también es un momento de ayuda a las almas.

–Se ha citado que las primeras referencias están en Egipto…

–Sí, la cultura del Antiguo Egipto tenía muy presente la muerte, parte de su religión gira en torno a ella. Pero posiblemente, seguro, antes de Egipto los grupos humanos ya tenían algún tipo de celebración sobre el más allá, la muerte, los difuntos. Los ritos de enterramiento y las excavaciones prueban ritos funerarios ya en el Neandertal, no hablamos de Homo Sapiens sino del Neandertal, de modo que es algo que está con nosotros desde el comienzo. Otra cosa es la ritualización y la celebración, la conmemoración de los difuntos.

–También en Galicia los primeros rastros de estos ritos serán milenarios

–Efectivamente, de hecho en Galicia quizás la primera referencia de esa gran vinculación que tenemos con la muerte sea el mundo megalítico. Los primeros elementos patrimoniales, los primeros monumentos que los gallegos hemos dejado son precisamente a los muertos, tumbas, mámoas, los dólmenes que se hicieron para perdurar. Y ahí están 4.000 años después. Es lo primero y lo más antiguo que tenemos, algo que nos conecta con la muerte y el tránsito al más allá.

–¿Sabemos cuáles eran sus ritos?

–No tenemos fuentes escritas para saber qué ritos había asociados a la muerte o cómo se enfocaba en la Prehistoria, antes de la invención de la escritura que aquí llega de la mano de los romanos. Pero existían cultos porque el cristianismo también escoge estas fechas por algo, porque ya eran significativas para las culturas europeas. Y tiene su lógica porque comienza precisamente, por decirlo de algún modo, el invierno. Es el momento en el que arranque, en que la tierra está muerta, no hay trabajos agrarios, la gente se recoge en sus viviendas, casas y comunidades, es el momento de oscuridad. Y desde una perspectiva simbólica es el momento del año para las almas, el momento de la muerte, y para conmemorar, para tener presentes a esos difuntos.

–¿Qué nos dice nuestro patrimonio inmaterial sobre este ciclo del año?

–Según las creencias gallegas en este periodo de Todos los Santos y Difuntos nuestros difuntos vienen a visitarnos a casa. Así que la gente (y no digo dejaba porque hoy en día lo sigue haciendo) deja en muchos sitios la mesa sin recoger, para que las ánimas tengan algo para comer; hay otros sitios donde ponen un plato a esos familiares muertos; antiguamente cuando había lareira se dejaba encendido el fuego toda la noche para que se pudiesen calentar, la puerta entreabierta... Está perfectamente arraigada la creencia de que en esta noche se abre ese velo que separa el mundo de aquí con el más allá y las almas de nuestros difuntos pueden venir a visitarnos. Y continúan con nosotros en Nochebuena, cuando también es habitual dejar un plato para los difuntos,.

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