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“De todos los aplausos de marzo hemos pasado a un despendole en los bares”

“La sociedad parece haber recuperado el pasotismo”, se lamenta el divulgador científico

El físico y divulgador científico Jorge Mira.

El físico y divulgador científico Jorge Mira. USC

El catedrático de Física Aplicada de la USC y divulgador científico Jorge Mira participó ayer en una conferencia del I Ciclo Aída Fernández Ríos organizado por la Diputación de Pontevedra, en la que abordó, entre otras cuestiones, el cambio de hora, que tendrá lugar este fin de semana (en la madrugada del sábado al domingo, a las 3 a.m. serán las 2 a.m.). Mira también lidera el proyecto “Predico”, impulsado por el Instituto de Salud Carlos III, sobre la expansión de la Covid.

– ¿En qué punto está la investigación?

– El estudio sigue en marcha. Desde el principio pusimos en marcha varias aproximaciones al problema. La primera subida que hubo de la pandemia en marzo fue de libro. Uno de esos acercamientos fue por métodos clásicos; miembros de nuestro equipo consiguieron situar cuándo iba a ser el pico de la primera ola.

Otra aproximación fue en base a redes sociales. En base a ellas, vemos lo proclive o no que es la población a aceptar o no las cosas. Usamos ese test que hacemos puntual de la población para ir reconfigurando el moderado. Cuando analizamos la expansión de un virus tenemos en cuenta al virus en sí y al terreno que está quemando. Es como un incendio: el fuego se propaga menos en un monte limpio que en uno salvaje. La red social demostró que la sociedad en el punto más duro de la pandemia estaba en un punto de sensibilización bueno, pero ahora parece haber recuperado el pasotismo.

Una tercera aproximación es el modelado no paramétrico, que ante la dificultad de datos intenta reproducir las propias dinámicas de curvas tal cual vienen. Hay un problema enorme con los datos: la recogida está descentralizada y los datos son clave para entender la pandemia y guiar a la política. Pero si llegan de 17 fuentes distintas, es un auténtico caos, no es bueno.

– ¿Y ahora? ¿Cuál es la clave?

– En esta ola en que estamos ahora hay que tener en cuenta que toda Europa está ya con problemas. España también ha entrado ya en esta segunda ola, pero en la cresta, directamente. Es como si fuese una ola personal; tendemos a pensar que estamos en la misma situación que el resto de Europa, pero no es verdad.

– ¿Y aquí, en Galicia?

– Galicia es uno de los sitios privilegiados, pero tiene que tener mucho cuidado. Hay que controlarlo.

– ¿Les preocupa ahora la llegada de la gripe?

– Ya lo dije en abril, que con las medidas de prevención de la Covid, si se cumplen, la gripe no va a tener tanta incidencia. El factor de multiplicación de la gripe es mucho más pequeño que el del coronavirus. Si ese factor lo reduces, aplasta a la gripe. De hecho, pasó el invierno en el hemisferio sur y se ha demostrado. Ahora bien, si aquí nos desmadramos, la combinación de gripe y Covid puede multiplicar por cinco el riesgo de muerte. El uso de mascarilla, la distancia social, el lavado de manos… es una buena oportunidad para que la gripe desaparezca este invierno. Sin olvidar vacunar a los grupos de riesgo…

– Estas medidas preventivas, ¿deberíamos mantenerlas en el futuro, independientemente de que superemos esta pandemia?

– A corto plazo, por ejemplo, si vemos que en 2025 viene una ola de gripe fuerte, la gente aprenderá a ser más cuidadosa. Ahora ya no nos dará tanta vergüenza como antes, cuando veíamos a gente de otras culturas como la oriental, usar la mascarilla. Creo que todo esto va a ser una profunda impronta en nuestra manera de ser. A partir de ahora la gente ya no va a sentir esa vergüenza. Si hay algo bueno que va a quedar de todo esto, será eso.

– Mencionaba antes el pasotismo de la población… ¿cuál es el sentimiento desde el ámbito científico?

– Ha habido un desastre de coordinación entre las administraciones, pero también hay una parte grande de culpa de la sociedad. Es decepcionante la poca solidaridad que hay y el poco sentido comunitario que tenemos. De todos los aplausos que había en marzo hemos pasado a un despendole en los bares. No puede ser, porque está muriendo gente.

– ¿A qué se puede deber este gran cambio?

– Yo que creo que una buena parte de esto se debe a que los muertos no se ven. Estoy convencido. Están muriendo 200 personas al día. Si cayese un avión cada día, estaría en prensa una semana. Ahora mueren y no se ve nada. Estamos como tapando los cadáveres. Es como si la cosa no fuese con las familias a las que no les tocó. Es como si no pasara nada. Esto es como si fuese una guerra, como si no fuese con nosotros.

“El 98% de los gallegos nació con esta referencia horaria; si cambiamos el huso horario, se monta un desaguisado”

–Toca cambiar la hora y cada vez que esto ocurre hay polémica…

– El cambio de hora es un tema que le afecta a todo el mundo, quiera o no. Como ocurre con el fútbol, todo el mundo tiene una opinión, pero hay muy mala base para opinar sobre ello. Lo primero, es aclarar los fundamentos que regulan esta cuestión. Hay dos mitos importantes: el huso horario y el cambio estacional de hora. El primero de los mitos es que no hay ninguna raya en el globo terráqueo que sitúe a los países. Para medir las cosas usamos escalas. España no tiene ningún problema con su huso horario. Hay mitos, “fakes”, de que España come muy tarde, pero come a la hora que tiene que comer, lo hacemos con el sol colocado en la misma posición que un italiano, por ejemplo. La diferencia es que tienen distintas marcas horarias en sus relojes.

–Esto también desmontaría la propuesta de que los gallegos deberíamos tener la misma hora que Portugal…

–Es lo mismo. Los gallegos tenemos la misma referencia desde hace décadas. El 98 por ciento de la población nació con esta referencia horaria. Esos números de reloj a los que tiene que hacer las cosas son los que tiene, porque la sociedad las fue sintonizando al momento solar. Ahora la sociedad gallega aprendió en qué momento tiene que hacer las cosas. No podemos hacer un problema del nombre que le ponemos a las horas. Hay un consenso. Si tú ahora cambias el huso horario, se monta un desaguisado.

– En definitiva, que es necesario cambiar la hora...

– El cambio estacional de hora se hace porque el planeta tierra no está siempre igual orientado respecto al sol. En febrero del 2020 está igual que en febrero de 2021, pero en julio cambia 47 grados. Son 47 grados en seis meses. Esto quiere decir que durante tres meses el sol cae más a plomo en Madrid que en el centro de Kenia. Y durante tres meses de invierno cae menos en Madrid que en el borde de la Antártida. La situación es tan brutalmente diferente, que tenemos que cambiar y hacer un pequeño ajuste de una hora. Tú no puedes ir con bermudas todo el año, tienes que cambiarte de ropa en invierno y en verano. Hay que cambiar el esquema. No podemos pensar a corto plazo.

– Pero necesitamos unos días de adaptación...

– Es que ese es el único argumento que alegan los contrarios al cambio horario. Son unos días de fastidio. Los estudios que hay dicen que nos puede afectar como mucho un par de días o tres. La cuestión es que te sacrificas esos pocos días para después estar meses bien.

– ¿No se ha llegado a plantear mantener el horario de verano por las terrazas de hostelería?

– No tengo ninguna información sobre ello.



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