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Del Ideal Cinema al baile de "O Caixón"

El local de El Edén entre las calles San Nicolás y Maceda tuvo varios usos en la primera mitad del siglo XX, hasta su conversión en vivienda particular

El antiguo Ideal Cinema es hoy una espaciosa vivienda tras sufrir una cuidada rehabilitación.

El antiguo Ideal Cinema es hoy una espaciosa vivienda tras sufrir una cuidada rehabilitación. // Rafa Vázquez

El Edén de finales del siglo XIX mantuvo su actividad como salón de baile, aunque de forma esporádica, en los albores del siglo XX, hasta que sufrió una singular transformación y pasó a convertirse en sala de cine por cuenta de los Exploradores. Esta versión española de los boy scouts británicos logró una rápida implantación en Pontevedra gracias al apoyo que ofrecieron personalidades tan relevantes como el marqués de Riestra o el alcalde Javier Puig, pasando por Víctor F. Soler, su jefe natural.

Vista la acogida tan favorable entre sus asociados de algunas películas proyectadas en aquel local, los responsables de los Exploradores urdieron el montaje de un cinematógrafo orientado al público infantil. El propósito de tal iniciativa fue doble: por una parte, recaudar más fondos para potenciar la organización, y por otro lado, incrementar la afiliación con el mismo propósito.

Comercialmente bautizado como Ideal Cinema, celebró su sesión inaugural el domingo 26 de octubre de 1919. Con entrada por la calle San Nicolás, a un paso de la Plaza del Pescado, en su redecoración general primó un cierto toque oriental, según los cronistas locales. Sabino Torres recordaba con enorme cariño aquel local que tenía poco de cinema y menos de ideal, pero que era donde mejor volaba su prodigiosa imaginación infantil.

El 25 de abril de 1922, los herederos de José Mª Viaño firmaron la escritura de venta del local a Ramón González, opulento capitalista afincado en O Porriño tras hacer enorme fortuna en Argentina. Gran entusiasta de los Exploradores como institución formativa, González Fernández compró el Ideal Cinema para cederlo a la institución allí afincada, y donde continuó hasta principios de los años 30. Por ese motivo, siempre fue conocido popularmente como el Cine de los Exploradores.

Durante la primera parte de aquella década, siguió como cinematógrafo a trancas y barrancas, mientras el Teatro Principal protagonizó la irrupción en Pontevedra del cine sonoro por cuenta de gran empresario Isaac Fraga.

Incautado por Falange tras estallar la Guerra Civil, continuó dando funciones esporádicas de cine y teatro. Luego la jefatura provincial anunció su arriendo a finales de 1940 mediante un proceso singular según el cual la institución se reservaba "?el derecho de adjudicar el concurso a la empresa que más le convenga (a Falange), sin que pueda haber lugar a reclamación alguna". Lo advertía de antemano con dos narices.

Los comerciantes Pascual Alcalde y Aurelio Ferreiro, respectivamente propietarios de La Oriental y La Modernista, fueron los primeros en hacerse con el traspaso del Ideal Cinema, que después tuvo otros gestores.

El paso del tiempo dejó su huella en el histórico local. Sin embargo, su mal estado no impidió la celebración de baile y cine con desigual fortuna; incluso llegó a convertirse en cuadrilátero de boxeo. Por ejemplo, el 29 de enero de 1944, el Idea Cinema celebró el campeonato provincial del Frente de Juventudes, con el recinto abarrotado de un público bullanguero, a tres pesetas la butaca y una peseta general.

El mentado Sabino Torres organizó algún que otro combate más, según contó al rememorar sus años mozos. No obstante, mucho más disfrutó al recordar con pelos y señales la singular conversión del Ideal Cinema en el Baile de O Caixón.

Eso ocurrió a principios de los años 50, después de que el gobernador civil, José Solís Ruíz, autorizara por su cuenta y riesgo la recuperación del Carnaval en Pontevedra, bajo la singular denominación de Fiestas de Primavera. Aquel ambicioso, pero también simpático político andaluz, comenzó a ganarse entonces sin saberlo el sobrenombre de "la sonrisa del Régimen" que recibió luego como ministro de Franco.

Bajo la explotación comercial de José Tilve y Antonio Capelo, con el oportuno permiso gubernativo, O Caixón hizo época en la intrahistoria del Carnaval pontevedrés como baile de tranca, siempre alegre y divertido. A veces chabacano y escabroso, todo hay que decirlo en honor a la verdad.

Con esa denominación fue bautizado popularmente en base al formato, estructura y tamaño del local; quizá también porque nunca dejó de ser un cajón de sorpresas entre tantas mascaritas. En la buscada confusión de gentes, sexos y modales, radicó su éxito y sobre tales equívocos construyó su leyenda.

"Ademais das mozas de servicio como lles chamaban ás traballadoras do fogar, concorrían co anonimato da careta as prostitutas da Moureira, os homosexuais e canto descarriado había na contorna da cidade de Pontevedra?.sen outra preocupación que a de entregarse nas mans de Baco, a quen Eros facía cóxegas entre as pernas".

Sabino Torres aportó este testimonio sobre "aquela descomunal boite donde se rendía culto ao espíritu do Entroido", al tiempo que recordó la confesión de un gerente sorprendido por el desmesurado consumo de champán -la bebida preferida por señoritos y meretrices-, muy superior a cualquier otro lugar de la hostelería local.

Esto otro recordó Rafael Landín, a quien también le iba la marcha: "Si no estabas atento a la jugada, corrías el riesgo de marcarte unos pasos de tango con un travestí vestido de odalisca". El cronista de "Pontevedra de aquella" reconoció que "allí dimos nuestros primeros pasos de tango, estilo Rodolfo Valentino; luego el bailongo se fue poniendo golfo y arrabalero".

Landín Carrasco apuntó en aquel libro su intención de escribir algo más sobre el baile de O Caixón, "pero con dos rombos por delante". Quizá después lo pensó mejor y se curó en salud para no tener algún disgustillo.

Ya contamos aquí con detalle que en 1956 la prostitución dejó de ser legal en España y su actividad fue perseguida de forma implacable en Pontevedra. Aquella medida desterró a las honradas meretrices de A Moureira y, de forma indirecta, liquidó también el baile de O Caixón, cuya leyenda permaneció viva por mucho tiempo para regocijo general.

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