Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El Marítimo y el Náutico, como el perro y el gato

Los dos clubs que nacieron con la República mantuvieron una enconada rivalidad que bloqueó su anhelada unificación

en el apogeo del deporte náutico local. // J. Pintos

Cuando Pontevedra inició su expansión social como capital de provincia a finales del siglo XIX, navegando con fuerte viento de cara hacia un futuro mejor, surgieron al mismo tiempo dos clubs marítimos de carácter pionero y signo bien distinto: el Sport Náutico de Los Placeres al amparo de la Casa de Baños de Avelino Montero Ríos, para la gente más rica y distinguida; y el Club Náutico de Pontevedra formado por meros aficionados y devotos del río Lérez, a quienes inmortalizó Gerardo Álvarez Limeses con una gran foto en Galicia Moderna, la revista que capitaneaba junto con Enrique Labarta.

Los Karepas disfrutaron de muchas horas de esparcimiento y gloria en las décadas siguientes -que ya contamos en estas páginas- a bordo de La Reina, por mor de sus respetables miembros, de Sánchez Cantón a Bernardo López, sin despreciar a su presidente perpetuo Ignacio Gamallo.

También Los Exploradores dispusieron para sus incursiones marineras a finales de los años 20 de dos embarcaciones propias, Avante y San Jorge, entre marcha y marcha terrestre por toda Galicia, que era lo suyo propio.

Y el advenimiento de la República enmarcó una etapa particularmente fructífera de los deportes marítimos en esta ciudad, sobre todo el remo, la natación y el wáter polo. Eso ocurrió así, no porque tales actividades no fueran monárquicas, que sí lo fueron mucho los reales clubs de regatas bendecidos por Alfonso XIII durante todo su reinado.

Los clubs Náutico y Marítimo nacieron en plena efervescencia republicana, bajo el impulso de entusiastas pontevedreses; más modesto y peleón el primero, y el segundo más recreativo y pudiente.

Casi podría decirse que el Náutico siempre quería competir para ganar, mientras que el Marítimo solo optaba por disfrutar plácidamente. Como quiera que este ninguneó a aquel desde el principio, su desencuentro resultó inevitable. A ese odio africano más que sana rivalidad contribuyeron no poco varios cronistas deportivos, quienes no se cansaron de echar leña al fuego.

La chispa que prendió la mecha del fuego cruzado entre ambos clubs saltó en verano de 1933 tras una regata celebrada en Marín. Allí ganó el Náutico, en tanto que el Marítimo ocupó la última plaza, por detrás de la Asociación Deportiva de Marín. Sin embargo, poco después el Marítimo se sacó la espina en el campeonato provincial e infringió una derrota al Náutico que no encajó bien. Este lanzó un reto destemplado para dirimir de una vez por todas la valía de ambos, y aquel no se achicó, sino todo lo contrario.

De un rifirrafe público con notas cruzadas y tonos airados no salió nada en limpio, porque la regata del siglo nunca llegó a celebrarse; en cambio, se abrió una importante brecha entre ambos clubs.

En vista de la situación de uno y otro, con el histórico refrán por medio de "vale más honra sin barcos (el Náutico), que barcos sin honra (el Marítimo)", proliferaron los llamamientos públicos en pos una fusión beneficiosa, con la finalidad de lograr una sola entidad más potente y nutrida.

Al año siguiente llegó a darse por hecha aquella unión, e incluso se anticipó la construcción de un edificio social para la nueva entidad en As Corbaceiras, frente a la fábrica de motores de Pazó. Sin embargo, el proyecto nunca llegó a materializarse porque el acuerdo tampoco se produjo.

Al constituirse la Federación Gallega de Remo a principios de 1935, la revista deportiva Aire defendió con uñas y dientes la integración de ambos clubs y el enterramiento de una pugna casi fratricida.

"Dénse Náutico y Marítimo un abrazo fraternal -propuso- y junten sus sabias en un solo árbol fuerte y arraigado. Dejen a un lado las disputas personales y dedíquense a laborar unidos por una Pontevedra grande, que esté orgullosa de sus hijos".

La revista local también sugirió el nombre de Club Atlántico para la nueva entidad resultante. Todo fue inútil, porque la herida siguió abierta por el recelo de unos y la maledicencia de otros en un ambiente muy cargado.

Acabada la Guerra Civil, el Náutico y el Marítimo retomaron sus actividades, cada uno por su lado, fieles a sus esencias dispares: competitivo hasta decir basta el primero y plácido por gusto el segundo.

El Náutico se alzó aquel verano de 1939 con el campeonato provincial disputado en Vigo tras imponerse al Marítimo de aquella ciudad, el rival más habitual que tuvo siempre en el agua. Su triunfo resultó especialmente meritorio por tratarse de un equipo integrado por palistas debutantes, que asimilaron y cumplieron a la perfección las instrucciones de su entrenador Antonio Casal.

Por su parte, el Marítimo anunció a bombo y platillo la incorporación a su bien nutrida flotilla de otras tres nuevas embarcaciones para disfrute de todos sus asociados. De competir, nada de nada.

Al año siguiente, el Náutico demostró su gran poderío con otra victoria en una regata de traineras a ocho remos celebrada en la bahía de Vigo. El Marítimo de dicha ciudad y club anfitrión, quedó en segundo lugar, mientras que el Marítimo de Pontevedra cerró la clasificación con una actuación decepcionante.

Con Bernardo López Durán como presidente del Marítimo y con el capitán de Artillería Manuel Casal Castro al frente del Náutico, secundado por Alfredo Salgado Fuentes como secretario, ambos clubs afrontaron en serio por primera vez un intento de fusión en la primavera de 1940. Tras una década de incomprensiones y desencuentros, al fin el acuerdo pareció posible

El proyecto despertó una gran expectación entre los aficionados pontevedreses porque también contemplaba la integración de la Sociedad Gimnástica: El objetivo final no fue otro que conformar una vigorosa entidad deportiva en distintos ámbitos, del atletismo a la natación.

Todo parecía bien encarrilado hasta el punto de que el Náutico convocó una junta extraordinaria con esa única finalidad. Pero el asunto se fue al garete en el último momento sin ninguna explicación pública por vergüenza torera. Y cada una de las tres entidades reinició su camino en solitario a la espera de mejor ocasión, que aún tardó mucho.

Compartir el artículo

stats