Tras la primera medida del llamado "desconfinamiento", con la salida de los niños a la calle, se abre el debate sobre cómo llevar a cabo el de los mayores, el colectivo más vulnerable a nivel sanitario con el Covid-19. Sobre esta cuestión y cómo están viviendo la pandemia las personas de la tercera edad profundiza Pablo González Romero, que imparte esta semana a través de internet un curso de psicogeriatría en la UNED de Pontevedra y es profesor del "Máster en Gerontología y Salud" de la Universidad Miguel de Cervantes en colaboración con la escuela sanitaria EGS.

-¿Cuáles son las principales enfermedades psíquicas que afectan a las personas mayores y su incidencia?

-Son las mismas que afectan a personas jóvenes y adultos: depresión, ansiedad, trastornos de la personalidad, insomnio, esquizofrenia... Con la diferencia de que la prevalencia o incidencia de estas es mayor en personas mayores debido a varios factores: a la mayor presencia de enfermedades vasculares y físicas, a la presencia de trastornos neurocognitivos como, por ejemplo, las demencias, y a factores psicosociales como la soledad, el aislamiento, etc.

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-¿De qué modo se pueden agravar ahora con el confinamiento por el coronavirus?

-Todo va a depender de la propia persona y de su entorno, aunque en ese sentido y hablando de trastornos psíquicos en personas mayores, los síntomas pueden agravarse debido a que tienen mayor riesgo de sufrir alteraciones a nivel de salud mental. Los familiares o cuidadores de personas mayores deben estar muy pendientes de las somatizaciones, es decir, de las manifestaciones o molestias físicas como dolor de cabeza, dolor de estómago o dolor de espalda, así como alteraciones cognitivas como dificultad para concentrarse o problemas de memoria, ya que pueden tener un origen psicológico.

Además, una persona con, por ejemplo, ansiedad puede reaccionar de manera extrema ante lo desconocido, de modo que los bulos, una avalancha de noticias catastrofistas o noticias falsas pueden exacerbar los síntomas de la ansiedad, así como provocar la aparición de episodios de paranoia o ataques de pánico. Del mismo modo, pueden aparecer síntomas de agorafobia o temor a los espacios abiertos, así como de fobia o ansiedad social. Debo decir que la capacidad de afrontamiento a situaciones estresantes, las habilidades y herramientas psicológicas de cada persona y el apoyo social, entendido como el soporte que puedan recibir por parte de familiares o cuidadoras, van a influir mucho a la hora de que la sintomatología preexistente mejore o empeore.

-Los mayores son los grandes afectados por los efectos sanitarios de la enfermedad, ¿están viviendo con pánico toda esta situación?

-Aunque todos estamos viviendo la situación actual de manera desagradable, las personas mayores, sobre todo las que presentan algún grado de dependencia, lo están viviendo con una preocupación añadida. Su especial vulnerabilidad al Covid-19 unido al confinamiento extremo resulta en un mayor nivel de ansiedad y desasosiego.

-¿De qué modo se puede tranquilizar a alguien tan vulnerable sobre un virus para el que todavía no hay vacuna? (por ejemplo, en el caso de la gripe se sentían protegidos vacunándose)

-Es fundamental que la persona mayor se sienta protegida y querida por los suyos, que no se sienta sola y que sepa que sus seres queridos están con ella para lo que sea necesario. También he de decir que no es menos importante que la persona mayor tenga autonomía, que siga realizando, siempre que sea posible, las mismas actividades que realizaba antes del confinamiento y que se sienta útil.

-¿Y en las residencias de mayores, se agravan los problemas al no estar en un entorno familiar?

-Las residencias de mayores cuentan con profesionales de la salud mental formados y capacitados para abordar la problemática a nivel psíquico de los residentes. El papel terapéutico que pueda jugar la familia se ve compensado por la labor profesional de los trabajadores del ámbito residencial. En este sentido quiero transmitir un mensaje de tranquilidad a los familiares de personas mayores que están en residencias, que cuenten con la seguridad de que sus seres queridos están siendo perfectamente atendidos.

-¿Cómo se debe actuar en la familia durante el confinamiento para animar a los mayores? ¿qué actividades recomienda que realicen en casa?

-Soy consciente de que esto que voy a decir es complicado debido a la situación de confinamiento, a la restricción de movimientos que conlleva y a la situación particular de cada familia, pero mis consejos incluyen que la gente procure no cambiar en exceso los hábitos de vida saludables que tenía antes de la epidemia o modificar los malos hábitos preexistentes: que no consuma alcohol y que no consuma grasas y azúcares en exceso así como alimentos ultra procesados, que realice ejercicio físico de alguna manera y como le sea posible, que duerma bien y que lleve a cabo tareas que le permitan, de alguna manera y como se suele decir, desconectar: leer, jugar a las cartas o juegos de mesa, ver una película y no estar pendientes en exceso de las noticias y de las redes sociales. Hay que tener en cuenta que dependerá de si la persona mayor vive con alguien o sola, ya que en este último caso es de capital importancia que sus familiares, amigos y/o cuidadores ayuden a que se sientan queridos y protegidos..

-¿De qué forma se puede llevar a cabo el "desconfinamiento" con ellos?

-Es muy pronto para responder a esa pregunta. A medida que el desconfinamiento se vaya produciendo de manera gradual, se irá viendo cual es la mejor manera de ir llevándolo con las personas mayores. No debemos olvidar que se trata del grupo más vulnerable al coronavirus, con lo que se debe extremar la precaución a la hora de ir volviendo a la normalidad.