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Las agresiones a personal sanitario caen un 36% en el área de Pontevedra

La mayor presencia policial se confirma como un elemento disuasorio. "Se trata más de un problema de educación que delictivo", señala el interlocutor policial de la Comisaría

El inspector Manuel Barreira es el interlocutor sanitario de la Comisaría en Pontevedra y O Salnés. // R. V.

El inspector Manuel Barreira es el interlocutor sanitario de la Comisaría en Pontevedra y O Salnés. // R. V.

El incremento de las agresiones y amenazas que sufría el personal sanitario en el ejercicio de su profesión llevó al Ministerio del Interior, en el año 2017, a crear la figura del interlocutor sanitario con el objetivo de mejorar la coordinación entre los centros de salud y hospitales y las comisarías con el objetivo de poner freno a esta lacra que provocaba más de cuatro mil agresiones o incidentes al año en España.

En Pontevedra, por el momento, esta figura parece que ha servido para reducir las cifras de agresiones e incidentes que sufren los profesionales de la salud cuando desarrollan sus funciones. Así, según las cifras que maneja actualmente la Comisaría de Pontevedra, en el área norte de la provincia (Pontevedra y O Salnés) el número de incidentes se redujo de 19 a 15, es decir, un 36%.

Así lo destaca el actual interlocutor sanitario de la Comisaría de Pontevedra, el inspector Manuel Barreira Cardoso, quien lidera un equipo formado por tres personas que tiene como objetivo mantener estos niveles de cooperación y coordinación con las autoridades sanitarias y analizar la evolución de los incidentes con el personal médico para atajar cualquier tendencia preocupante que pueda surgir en el área sanitaria.

Tanto Barreira otro miembro de su equipo, el oficial Fernando González Villegas, concluyen que esta coordinación policial y una mayor presencia en el entorno de los centros de salud de efectivos policiales (en aquellos momentos en los que se solían producir más incidentes) han derivado en un descenso de los incidentes. Y es que para ellos la "prevención es lo fundamental". "Se trata de una problemática que tiene más que ver con un problema de educación que delictivo", dice Barreira Cardoso, en el que lo "fundamental sigue siendo evitar que haya una sensación de impunidad en el ciudadano que recurre a estos métodos intimidatorios o a la violencia para conseguir un propósito" frente al profesional sanitario.

"Lo fundamental es que los profesionales denuncien", insiste, pues de lo contrario "el ciudadano que tiene estas actitudes incívicas considerará que le han servido para salirse con la suya y no solo podría repetirlo él, sino que podría hacerlo también el que está a su lado esperando pacientemente y comportándose de forma cívica".

Más conflictos en urgencias

En Comisaría han estudiado los centros y unidades más conflictivos (constataron que, aquellos servicios con "un servicio permanente" como los PACs o las urgencias hospitalarias, son los más problemáticos) para incidir en ellos con mayor presencia policial disuasoria a determinadas horas o mejorando los cauces de comunicación con el personal para actuar ante cualquier incidencia y por el momento los resultados están siendo buenos. "Está constatado por nosotros y por el propio personal que, por ejemplo, las noches en las que tenemos que estar custodiando a un detenido o a un interno del centro penitenciario, tanto nosotros como los compañeros de la Guardia Civil en Urgencias, se detecta también otro tipo de comportamiento por parte de todos los usuarios", indica el oficial González Villegas.

Así, tanto la zona de Pontevedra, como Galicia en general, se mantiene como una de las zonas con menor incidencia de las agresiones sobre el personal sanitario, solo por encima a nivel estatal de País Vasco, Navarra y Aragón, con una agresión por cada mil profesionales. En el área de Pontevedra, solo se han registrado tres casos de agresión con lesiones (y dos de ellas fueron en el área de Psiquiatría, una especialidad que tiene su propia problemática).

Según destaca el inspector Manuel Barreira, el incidente más repetido (un 67%) son los insultos y las injurias, seguido de las amenazas (un 8%). En cualquier caso, Barreira insiste en que los profesionales no deben dejar de denunciar ningún incidente, por pequeño que sea, precisamente para evitar esa "sensación de impunidad en el infractor".

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