Los vendedores mostraron ayer cierta tanta preocupación como alivio por el futuro del mercadillo de antigüedades. Ahora que conocen las nuevas normas a seguir, confiesan que respiran "más tranquilos".

Emilio Ferreiro vende desde el año 1993. Es uno de los más antiguos. "Vendo postales, relojes...", explica.

Para él, los domingos del mercadillo de Pontevedra suponen un importante complemento a sus ingresos.

Del mismo modo, Juan Carlos Gabarre Jiménez, en el puesto de al lado, reconoce que "si nos quitan esto, morimos". "Que nos dejen comer, y salud", dice.

Un día de venta puede suponer entre 50 y 100 euros de beneficios para algunos de ellos, tal y como informa. Para otros es, incluso, mucho más.

"Chema" lleva cerca de 15 años vendiendo en este mercadillo. Su especialidad son los libros, los CD y otras antigüedades. Es de Arousa y para él estas ferias son "mi forma de vida". "Recientemente estuve en la fiera de O Carballiño", apunta.

"Lo que nos hace falta aquí es que todo el mundo cumpla con la legalidad y convivencia", resume.

Por su parte, Kai Gilliard, de Suiza, se muestra inquieto. Su puesto es uno de los que se sitúa justo ante la entrada de la plaza de abastos. Vende herramientas, porcelanas, mantelería, pequeños muebles, libros... Espera que con la nueva distribución pueda seguir con su actividad por muchos años más.