La joven activista LGTB (acrónimo de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales) Ada Otero es la primera trans en formar parte de una candidatura municipal en Galicia. Se presentará con el PSOE de Pontevedra, encabezado por Tino Fernández, en una lista que le reservará uno de los "puestos de salida", entre el número dos y el nueve. El candidato socialista recuerda que su partido defiende "feminismo, juventud y lucha por la igualdad social". Otero se presenta en candidatura independiente.

-¿Por qué decide entrar en el mundo de la política?

-Realmente todo esto tiene lugar porque comencé a hacer activismo LGTB y me hice muy visible. A través de una ponencia que di sobre la realidad trans en la UNED, el PSOE contactó conmigo para la celebración del Día del Orgullo.

-¿E ideológicamente?, ¿comparte las ideas de los socialistas?

-Yo voy con una candidatura independiente. Son necesarias personas o entidades que den voz al colectivo trans. En el PSOE me han dado esa voz. De hecho, recientemente han mantenido una reunión con la asociación Arelas, de padres y madres de niños trans.

-¿Qué cree que podría conseguir a través de la política local?

-Lo que creo que más se necesita para el colectivo trans es la visibilización. Simplemente el hecho de que cuenten conmigo y tenga voz propia ya hace mucho, porque parece que es una realidad desconocida y que somos personas que no existimos.

-También ocurre que las y los propios trans no se dejan ver... ¿es eso contradictorio?

-Dentro del colectivo LGTB, la T es la que más desinformación sufre. Hay mucho desconocimiento y muchos prejucios. El hecho de presentarte como trans ya genera un discurso que no suele ser muy agradable, por eso a mí me gustaría darle otra narrativa y desde una experiencia propia.

-Tiene ahora 29 años, ¿cuándo fue consciente de que quería ser mujer?

-Fue un proceso muy largo y muy grande. La consciencia me llegó con 27 años, pero de forma inconsciente lo sabía desde que era muy pequeñita. Yo, como creía en Dios, rezaba cada noche para levantarme al día siguiente como mujer. Como no era posible, simplemente me resigné. Hasta pasados los 20, que comencé a tener muchas crisis de identidad. Me daba cuenta de que algo fallaba. Entonces empecé a escuchar cosas relativas a lo trans, las hormonas y las alternativas para salir adelante y vivir como tú quieras.

-¿Y su familia?, ¿cómo reaccionó?

-Tuve bastante suerte, aunque fue un choque fuerte inicial. Me apoyaron porque se dieron cuenta de era la única manera de que yo fuese feliz. Hace falta un período de adaptación muy grande.

-¿Quién fue la primera persona a la que le expresó lo que sentía?

-Fue mi hermano. A él le dije mis dudas. Es mayor que yo y fue él quien me dijo que no debería intentar seguir agradando a gente que no me acepta tal y como soy. Cuando me dijo eso, me di cuenta de que tendría que vivir por mí, no por los demás. Mucha gente se quedó por el camino.

-¿Inició entonces el tratamiento hormonal?

-Lo inicié incluso antes de que lo supiera mi madre, porque me costó mucho contarlo. Ese día yo estaba temblando y con ganas de vomitar. A raíz de eso ella y yo comenzamos a estar más unidas. He tenido bastante suerte. Ha habido mucha voluntad en la familia, pero es muy difícil cambiar el chip de la gente.

-¿Se ha operado?, ¿quiere hacerlo?

-No todavía. Durante mucho tiempo, por presión social y por lo que te dicen que debe ser una mujer, acabas interiorizando ese rechazo por ciertos aspectos de tu cuerpo y demás. Con el tiempo te das cuenta de que no tiene nada que ver. Yo soy mujer con independencia de como sea mi cuerpo. Por otro lado, por lo que sé de las operaciones, a mí personalmente no me convencen mucho.

-¿Su identidad sexual le ha cerrado muchas puertas laboralmente?

-Ha sido muy complicado en el mundo laboral, porque durante los dos años que te estás hormonando la ley te impide cambiarte el nombre en el DNI. Esta es mi reivindicación número uno. Lo pude cambiar hace muy poquito. Ya no es que la gente te pueda rechazar, sino que yo ya no me atrevía. Fuera donde fuera tenía que dar explicaciones. La gente me trataba como mujer por mi aspecto, pero luego al ver mi DNI cambiaba el trato. De hecho, alguna formación que tenía la he perdido porque es imposible cambiarle el nombre a esos títulos.

-¿Pudo trabajar en alguna ocasión?

-Sí, tuve suerte. Trabajé en la UNED y en un supermercado. Tenía un jefe que me dejó boquiabierta. No le importó que no me hubiese llegado el DNI. "Tú eres una mujer y ya está; tú quieres trabajar aquí y tus aptitudes son lo que importan", me dijo. Me sorprendió muchísimo.

-¿En Pontevedra?

-Sí, eso ocurrió en Pontevedra. He tenido mucha suerte porque la gente que me he encontrado, aún con desinformación, tenía mucha voluntad de aprender. En el colectivo trans hay un paro del 85 por ciento, lo que llevaba en ocasiones a una prostitución forzada, porque no tienen papeles ni oportunidades. Las estadísticas de las mujeres trans son muy malas.

-¿Cómo vive el 8-M?

-Cuando se habla de machismo yo siento lo mismo que mis amigas, todas las mujeres tenemos las mismas sensaciones. El año pasado fui, pero fue algo frustrante porque eché en falta una alusión a las mujeres trans. En la lucha feminista me veo común a las mujeres. Las trans sufrimos doble discriminación, por ser trans y por ser mujeres.

-¿Cuál es su consejo de vida para una persona que esté en la fase de asumir su identidad?

-Que busque a personas informadas que viven su misma situación. Todas lo vivimos de forma distinta. Te sientes muy desamparada.