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Los franciscanos eran los capellanes desde hace 6 años

El padre Gonzalo. // Gustavo Santos

A los frailes de San Francisco en Pontevedra, una comunidad hermanada, al igual que en el resto de España, con las clarisas, la noticia del cierre del convento les pilló desprevenidos pero no les sorprendió. "Que iba a cerrar era algo seguro", asegura el padre Gonzalo, "lo que desconocíamos era el día exacto".

El religioso es consciente de que la situación por la que pasaba las clarisas se está dando en más comunidades religiosas debido a la falta de vocación, especialmente la de clausura.

No le sorprende el hecho de que las monjas se fuesen entre lágrimas, pero lo ve como algo natural. "Es como si una familia que ha vivido toda su vida en su casa tiene que abandonarla", dice con tristeza.

Sin embargo, recalca que las edades de sor Sagrario y sor Purificación, octogenarias, son demasiado elevadas como para que puedan vivir en un lugar de tal dimensión.

Los franciscanos de Pontevedra son los capellanes de la iglesia conventual desde hace unos seis años. El padre Gonzalo ejerció esta labor durante tres, que ahora contaba con el padre Abilio. Tras el cierre del convento, los franciscanos, que ofrecían misa todos los días a las 8.30 de la mañana y los domingos a las 10.30, cesarán en esta actividad hasta nuevo aviso.

"La iglesia se cierra y debe ser el arzobispo quien decida el futuro de este templo", asegura un fraile que lleva en la ciudad de Pontevedra desde hace diez años y medio y que lamenta la falta de vocación religiosa.

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