Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Xosé Álvarez Castro: "Hay archivos, como los militares, que no están abiertos del modo que queremos"

El investigador pontevedrés hablará hoy en la Casa da Luz sobre la Guardia Cívica

Xosé Álvarez Castro. // Gustavo Santos

La investigación sobre la represión franquista todavía no está completa desde el momento en que los historiadores no tienen acceso a todos los archivos de la época, testigos mudos de un terrible episodio de la Historia reciente. La Guardia Cívica fue uno de los elementos más destacados del régimen y contó en Pontevedra con unos 300 miembros. Sobre ello hablará hoy el investigador pontevedrés Xosé Álvarez Castro en la Casa da Luz (20 horas).

-¿Cuál era la función exacta de la Guardia Cívica?

-La Guardia Cívica estaba presente en casi todas las poblaciones. Eran unas organizaciones que tenían como misión guardar el orden y realizar servicios de vigilancia en puestos de tren, hospitales... y colaborar con las fuerzas del orden público, con la Guardia Civil. Lo que ocurre es que algunas de estas guardias cívicas se entregaron a la represión sangrienta, lo que llamamos "paseos". La Guardia Cívica pontevedresa fue de las más señaladas por cometer un elevado número de "paseos".

-¿No estaba presente en todos los lugares de España?

-Estaba, pero con otros nombres. Cuando se da el golpe militar se crea esta organización que en algunos lugares se denomina Acción Ciudadana, en otros Caballeros de la Coruña, Caballeros de Santiago, Guardia Cívica de Vigo...

-¿Qué relación tenían con la Guardia Civil?

-La Guardia Civil era la impulsora de las guardias cívicas. Por ejemplo, en Pontevedra, el comandante accidental de la Guardia Civil, Joaquín Velarde, es el creador de la Guardia Cívica. De hecho, estaban controladas por la Guardia Civil. En Pontevedra, además, compartían cuartel, en su emplazamiento en el Campo da Feira.

-¿Eran violentos?

-No queremos decir que todas las personas que estuvieron afiliadas a la Guardia Cívica participasen en ese tipo de acciones. Es algo que hay que dejar claro. Pero por lo que sabemos, hay un grupo dentro de la Guardia Cívica, adscrito al cuartel de la Guardia Civil, que estaba compuesto por determinados cívicos que acudían y participaron, acompañados de falangistas, en "paseos" de personas opuestas políticamente. Es algo que está documentado. Un caso es el del concelleiro Alberto Martínez Torres. Hay documentación en la que los propios represores de la Guardia Cívica declaran donde lo matan y donde hunden su cuerpo, en el puerto de Bueu. La Guardia Cívica pontevedresa no solo participa en los "paseos" de la capital, sino que actúa en otros puntos de la provincia de manera señalada con otras fuerzas de la zona de Redondela, O Porriño o Ponteareas.

-¿Podía formar parte de este cuerpo cualquier persona?

-Por lo general, era gente de cierta edad que no eran jóvenes para ir al frente, como sí ocurría con los falangistas. Eran de la derecha más tradicional, de Renovación Española, gente que había pertenecido a los Somatenes de Primo de Rivera, Unión Patriótica, Partido Agrario Español...

-¿De cuántas personas estamos hablando en el caso de Pontevedra?

-Yo tengo contabilizados, con nombres y apellidos, en función de los partes de guardia, sobre 300. Se iban turnando. Estaban divididos en escuadras. El grupo más especializado de la represión sangrienta estaba formado por unas diez o doce personas.

-¿Hay nombres conocidos de la sociedad pontevedresa?

-Sí, tanto los jefes como los oficiales se conocen con sus fotografías.

-¿Cuántas muertes se les atribuyen?

-La mayoría de las muertes por "paseo" son realizadas por este grupo de la Guardia Cívica. Por ejemplo, a Edelmiro Dios, de la fábrica Ferreiro de O Pino, lo tienen en el cuartel y allí lo torturan; después lo dejan muerto en Bora. Al músico pontevedrés Raimundo Rodríguez, la Guardia Cívica de Marín lo mata y lo deja en la Cruz de Maceira. Son muchos.

-¿Sigue habiendo víctimas mortales del franquismo sin localizar en Pontevedra?

-Sí. Sigue habiendo algún caso del que no sabemos dónde puede estar enterrado. No es la mayoría, porque este tipo de actuaciones también tenían una función. Si tú dejas un cadáver o varios, de líderes obreros o agrarios, de madrugada en las entradas de Pontevedra, Monte Porreiro o Lourizán, eso tiene un efecto multiplicador de infundir miedo sobre la población, que es lo que se pretende. La idea era paralizar a la población mediante el terror. Todas aquellas personas que llegaban por las mañanas con la fruta, la leche... veían aquello y se iba extendiendo entre la ciudadanía. Era un mensaje: "mira lo que le pasa a las personas que se significan contra nosotros".

-¿Todavía queda mucho por investigar de esta época de la Historia reciente?

-Sobre lo que se sabe mucho es sobre la mecánica de la represión. Pero nos falta saber sobre las segundas consecuencias de la represión, como la que se realizó a las mujeres, la represión económica, las extorsiones en las que estaban implicados los cívicos, temas del reclutamiento forzoso de soldados...

-Pero se están perdiendo muchas fuentes...

-Claro, sobre todo las fuentes orales. Hay que tratarlas con mucha cautela, porque la memoria es una cosa que cambia con el tiempo. Puede servir para dar indicios. La documentación escrita es la que nos puede corroborar esos indicios que apuntan los testimonios orales. Prácticamente se perdieron todos los testigos en lo referido a los años de 1936 al 1939-40. Además, hay documentación en archivos militares, etc, que no están abiertos del modo que nosotros queremos, como los archivos de alteraciones de orden pública, policiales, que nos podrían dar mucha más luz sobre determinados aspectos.

Compartir el artículo

stats