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María Jesús Abilleira: "La energía que te da la montaña no te la dan los gimnasios"

"En dos años nos gustaría poder dar un salto en la sección de montañismo"

María Jesús Abilleira. // Rafa Vázquez

María Jesús Abilleira. // Rafa Vázquez

Despacha los retos con normalidad casi insultante, ordenándolos y colocándolos en la agenda con calma de oficinista. Hace unos meses clavó su pica en la cumbre más alta del norte de África, pero eso ya está archivado y ahora toca mirar a cumbres más altas. Bolivia, Kirguistán y algún otro nombre de perfil puntiagudo y exótico le ocupan el tiempo del ocio. Recientemente elegida presidenta del club pontevedrés de montañeros Aromon, María Jesús Abilleira, Chus para sus socios, llegó a la montaña sin proponérselo. Ella pensaba en pasear por la playa y un día comenzó a avanzar en vertical.

-¿Qué actividades ofertan en el club?

-En el club tenemos tres secciones: escalada, montaña y orientación. Dentro de la de montaña hacemos media montaña y senderismo. Esta (la de mañana domingo por Tourón y Borela para disfrutar de los petroglifos y la naturaleza de Ponte Caldelas y Cerdedo-Cotobade) es una actividad de senderismo, sin apenas desnivel. Es fácil, lo más alto que hay es un desnivel de 536 metros.

-¿Cuándo empezaron y cuántos socios son hoy?

-Empezamos en 1990. Ya hemos cumplido 25 años, aunque yo llevo menos, desde el año 2000. Ahora mismo tenemos aproximadamente 300 socios, de los cuales 80 son federados de orientación y 120 de montaña; pero cuántas personas participan... depende de cada actividad. La orientación es lo que más tirón tiene ahora mismo, está de moda. Y en cuanto a las edades, tenemos un poco de todo en orientación, muchos niños. En senderismo la mayoría tienen más de 30 años, pero también hay actividades de senderismo en familia que permiten participar a los más pequeños.

-Hace unos meses, usted y otros compañeros del club escalaron el monte más alto del norte de África, el Toukbal (4.167 metros) ¿Qué tienen ahora en mente?

-Estamos pensando en ir dentro de dos años al pico Lenin (en la frontera entre Kirguistán y Tayikistán) y el año que viene al Montblanc y a algún otro monte de 4.000 metros. Esto es lo que tenemos en la cabeza, pero dependerá de cómo estemos físicamente y de la economía.

-¿Y qué tiene el montañismo para que tantos se dejen la vida, y antes de la vida los dedos, y a pesar de ello quieren seguir subiendo más y más alto sin remedio?

-No lo sé, no tengo ni idea. Yo no lo llevo tan al extremo, pero me gusta mucho. Yo creo que intentando superarte vas corriendo cada vez más riesgos... Yo voy a ir con algunos compañeros del club y con otros de fuera de él a Bolivia, a intentar subir el Sajama y el Potosí. Es ya algo a nivel personal, fuera del club, aunque nos gustaría dar un salto con él dentro de dos años.

-En plena expansión de los gimnasios low cost, ¿recomendaría más monte y menos cinta o cree que son compatibles?

-Bueno, yo también voy al gimnasio; creo que es complementario. Por ejemplo, si sales a correr, como yo, hay días de invierno que llueve o hace frío y puedes ir al gimnasio. Para fortalecer o para hacer ciertas cosas, el gimnasio está bien; pero la energía que te da la montaña no te la da el gimnasio. La montaña a veces despierta miedos y eso es algo que en el gimnasio, rodeado de gente, no notas; pero la naturaleza recarga muchísimo las pilas.

-Cada año forman parte del Ponteandar ¿Qué esperan para esta edición?

-Este año intentamos cambiarlo de fecha, porque coincidía con otros eventos, estaba también el tema de la sequía y los incendios... Así que lo hemos cambiado para el 23 de septiembre. El año pasado participaron sobre 160 personas y este año esperamos superar esta cifra. Nosotros vamos con ilusión.

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