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Xosé Fortes Bouzán: "Este libro es un ejercicio de memoria republicana y galeguista"

El historiador coordina la obra "1936/ O Estatuto esquecido", que analiza un periodo histórico clave para entender la Galicia actual

El historiador Xosé Fortes. // Rafa Vázquez

El historiador Xosé Fortes. // Rafa Vázquez

El historiador Xosé Fortes Bouzán coordina la obra "1936/ O Estatuto esquecido", en la que especialistas en distintos ámbitos (el papel político de Castelao, el golpe de Estado, la campaña por el Estatuto etc) analizan exhaustivamente un momento histórico clave para entender la Galicia contemporánea.

-¿Por qué era necesaria una obra sobre el Estatuto?

-Ante todo este libro es un ejercicio de memoria republicana y galeguista. Hay que recordar que la República modernizó este país, entre las novedades que trajo están el principio de igualdad entre mujeres y hombres, también el divorcio, todas las leyes sociales etc. Y todo ello supuso la modernización de Galicia pero como la República tenía que ser un desastre para justificar el golpe militar la propaganda franquista hizo de ella un lodazal.

-¿Todavía vivimos creyendo en ese lodazal?

-Todavía, todavía vivimos en ese lodo, pensando que la República era inviable, con eso de "Franco estuvo mal, pero la República era inviable". Pues no, era la modernización, el programa del Frente Popular que aquí se dice que era tan espantoso era menos avanzado que el francés, que incluía las primeras vacaciones pagadas, León Blum es elegido presidente de la República francesa con ese programa y la iglesia y el ejército nunca dijeron, porque nunca decían, ni esta boca es mía, pero aquí teníamos una iglesia acostumbrada a dar el placet a todas las leyes que se publicaban y un ejército acostumbrado a los pronunciamientos y ellos fueron los verdugos de la República.

-Recuerda que la iglesia incluso dijo que la guerra era una cruzada

-Es que conviene no olvidarlo: la iglesia dijo que aquella guerra incivil era una cruzada. Y no hay que cansarse de reivindicar la República, no se trata de atacar la monarquía ni nada sino de recordar que en aquel momento la República significaba la modernidad y el golpe militar nos llevó a la prehistoria, tanto fue así que se generaron miles de muertos, millones de momentos de sufrimiento y 40 años de dictadura para volver al mismo sitio, es decir a un sistema civilizado de convivencia política, a la democracia. ¿Así que todos los muertos, el sufrimiento y la miseria para qué? La gente lo olvida e incluso piensa que estuvo mal el franquismo pero era inevitable.

-¿Era viable la República?

-Perfectamente, hay incluso un artículo de Lourenzo Fernández Prieto que está muy bien y que nos recuerda que llevábamos 30 años de modernización en Galicia, es la época de la Misión Biológica, de las Misiones Agrarias y granjas modelo de A Coruña etc, y Galicia estaba en plena modernidad, la República llegó en la madurez de ese proceso, de hecho las sociedades agrarias crean escuelas nocturnas para aprender a leer y escribir y todo eso, porque la iglesia siempre nos quiso en el analfabetismo. Siempre, todos los sindicatos (y le pongo el ejemplo de mi abuelo, que aprendió a leer en Bilbao en la UGT), todos los sindicatos lo único que hacían en las reuniones era montar una escuela para aprender a leer, porque creían que el obrero que sabe leer es una persona inexplotable. Y la derecha perseguía esos centros de lectura.

-Repasando sus libros lo que se ve en ese periodo son maestros de la República luchando contra el analfabetismo o una sociedad que arrastraba siglos de miseria, pero nada del caos al que señalaban los franquistas para justificar el golpe

- En absoluto había ese escenario de caos, cuando hice "Pontevedra. Burgo, villa, capital" estudié a fondo la República, leí con detenimiento la prensa, lo que queda del 31 al 36, lo que se ve es la modernidad, lo que sucede es que la iglesia está asustada. En Cotobade en toda la República, y hablamos de un rural donde la iglesia tenía mucho poder, de 54 matrimonios solo 4 fueron por la iglesia, es decir, la sociedad se hizo laica por sí misma, yo soy hijo de un matrimonio civil. Hablamos también de la creación de sociedades, viajes culturales, representaciones teatrales en parroquias rurales, casas del pueblo, que algunas se hicieron nuevas y otras eran de sociedades agrarias; yo se que la República tuvo muchos problemas en Cataluña, Madrid etc, pero problemas solucionables, y en Galicia concretamente no que no había latifundios. Porque habría que recordar que la República llegó al poder en la crisis del 29, los últimos estudios indican que la derecha sacó de los bancos el 15% de todos los depósitos, 1.000 millones de pesetas de la época, que eran mucho más de 20.000 millones de euros hoy, mucho más que el presupuesto del Gobierno, con lo que la liquidez para la reforma agraria era mínima, Azaña solo pudo hacer una mini reforma porque no había crédito, fue terrible, los propietarios decían que no cosechaban el trigo y así no podrían trabajar los obreros sindicados, preferían tener terreno erial, la derecha funcionó como una máquina contra todo y eso hay que decirlo de una vez. La República tomó medidas contra eso, hizo lo que pudo y estábamos en marcha para seguir haciendo cosas.

-¿En ese escenario qué supuso el Estatuto?

-En todos esos años previos es cuando se gesta el galleguismo y hay un acontecimiento al que yo le doy mucha importancia que es que las sociedades agrarias tienen entre sus objetivos centrales la redención de los foros y Primo de Rivera finalmente 1926 hizo el decreto de redención, es decir por decreto ley se redimen. Con dinero de los emigrados, pobrecillos, en la mayor parte de los casos, Galicia quedó libre de foros. La libertad en el sentido de que las tierras son mías y no tengo amo, tuvo su traducción política en el Estatuto, porque ellos veían que era la libertad política. La autonomía, lo decía Álvaro de las Casas, nos permitirá construir la Galicia que queremos, el Estado tendrá sus presupuestos, pero los gastos sociales y de desarrollo los tenemos que administrar nosotros, que sabemos qué es lo que necesita Galicia.

-¿Esa era la perspectiva mayoritaria?

-Si, incluso un hombre tan poco galeguista como Portela Valladares se lanzó a tumba abierta con su periódico, El Pueblo Gallego, a hacer campaña por el Estatuto, lo consideraban el fin de la oscuridad y el inicio de la luz. Por eso digo que queremos hacer memoria de la República y del galeguismo, que se esforzó especialmente en convencer mediante alianzas con los republicanos y comunistas, porque el Estatuto tenía que lograr dos tercios del censo, y en ese país rural, alejado y poco acostumbrado a votar lograr ese resultado fue muy difícil. Ese entusiasmo por el Estatuto era tan desbordante que ni la CEDA, ni Falange o Renovación Española dijeron ni una palabra contra él, tampoco a favor, pero la derecha no se atrevió a ir contra el Estatuto porque sabían que supondría su muerte política. Y es porque aquí la ilusión por el Estatuto era enorme, a mi me parece a veces excesiva, les parecía un santo grial.

-¿Qué piensa cuando ve en televisión series que presentan al franquismo casi como glamuroso?

-Pienso, y por eso también este libro, que la derecha siempre gestionó mejor la memoria (porque sabe de la importancia sociológica que tiene) que la izquierda, a la que habría que tirar de las orejas por no hacer valer su visión de la historia, porque llevamos 40 años de postfranquismo y aún estamos en los lodos de la República, aún se dice que los militares se sublevaron porque Azaña decía que España había dejado de ser católica y eso no se podía decir en la católica España. Pues no, lo que dijo es que las decisiones políticas ya no necesitaban el placet del Vaticano, y eso no es motivo de ninguna sublevación. Eso en Francia a la iglesia ni se le ocurría, defender el levantamiento del Ejército es defender una república bananera. Tardamos hasta el año 1956 en alcanzar el nivel de vida de la República ¿Para eso 40 años de hambre y racionamiento? Y hasta 1976 para alcanzar la democracia, que era el punto de partida ¿Para eso cientos de miles de muertos? ¿Glamuroso? Lo que hay que decir es que 200.000 muertos llevan la firma de Franco.

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