Pontevedra amaneció el segundo día del nuevo año entristecida por el hallazgo, de madrugada, del cuerpo sin vida de Marcos García Santiago, "Marquitos", quien se ganaba la vida como aparcacoches en la plaza de Galicia. Desde hacía años dormía a la intemperie en esta misma plaza, con los soportales de los edificios como único refugio contra el frío. Últimamente su salud se había deteriorado en extremo y las bajas temperaturas no ayudaron para que pudiera mantenerse con vida durmiendo en la calle tras su último ingreso hospitalario. Su cadáver se encontró de madrugada en el mismo lugar en el que solía dormir. Tenía solo 35 años y siempre rechazó todos los ofrecimientos que desde 2008 le realizaron los servicios sociales municipales para lograr que abandonase la calle o, cuando menos, pudiera dormir a cubierto en los días de más frío.

El caso de Marcos es la constatación de la dificultades con las que se encuentran con los servicios sociales municipales para lograr que los indigentes abandonen la vida en la calle o cuando menos accedan a participar en los programas que tienen como objetivo mejorar sus condiciones de vida. Hay quien señala que por abandono, por falta de esperanzas, muchos se resisten a dejar la calle y se obstinan en continuar en ella incluso hasta su fallecimiento. En Pontevedra, las adicciones a las drogas y sobre todo al alcohol es un elemento que está detrás "del 99%" de las historias vitales de estas personas, según indicó ayer la concejala de Servizos Sociais, Carmen Fouces. Sea como fuere, Fouces constatan que son muchos los que rechazan estas ayudas.

En la actualidad, y tras el fallecimiento de Marcos García, el Concello contabiliza un total de 16 personas "sin techo" que pernoctan en la calle en la ciudad. Servicios Sociales y la Policía Local están pendientes de ellos, sobre todo los días de mayor frío. No obstante, Fouces insiste en lo "difícil" de mejorar su situación en la mayoría de los casos por su rechazo a recibir la ayuda municipal. "No se trata de un problema de capacidad económica, un concello que gestiona un presupuesto de 73 millones de euros se puede permitir acoger a 16 personas para que tengan una vida decente", explica Fouces. "No obstante, no es tan fácil, dado que hay personas que tienen su propio camino vital y toman sus propias decisiones", recuerda. "A veces es un proceso frustrante", reconoce, "que hay que saber gestionar".

Con todo, Fouces insiste en que el Concello ha puesto en marcha un programa de educación social y de calle, un programa de "observación" para intentar reinsertar y rescatar a estos 16 indigentes pontevedreses. El objetivo es "impulsarlos" a dar esos "primeros paso" para lograr su ingteración, "ser una red salvavidas que esté ahí si alguno de ellos quiere saltar".