Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Ver el universo sin los ojos

La ONCE organiza un taller de astronomía dirigido a jóvenes con discapacidad visual

Varias mujeres tocan unas piezas de la muestra. // Rafa Vázquez

Varias mujeres tocan unas piezas de la muestra. // Rafa Vázquez

La luna entre las manos parecería una declaración ambiciosa. Comprender el universo, en su infinita expansión y sus indescifrables secretos, es, si cabe, una intención igualmente atrevida. Cuando uno carece del sentido de la vista todo reto parece complicarse todavía más, salvo que el guía sea Enrique Pérez Montero y las galaxias el objetivo. Es el tercer año consecutivo que este astrofísico afincado en Granada sale de gira por España con su proyecto de divulgación científica. La ONCE le recibió ayer en Pontevedra para acercar a un grupo de jóvenes "el todo" porque, señala Enrique, "en la astronomía cabe casi toda la ciencia".

El primero en acercarse, antes de que la exposición comience, es José. "Hola, José, yo tampoco veo", se presenta Enrique, "observo las estrellas". José tiene 6 años y le ha preguntado al experto a qué se dedica. No se inquieta José por esa aparente contradicción, al contrario parece entenderla con naturalidad y su gesto cuando pasa sus manos por una de las bóvedas celestes preparadas para la ocasión lo atestigua. Junto a las bóvedas una pequeña Luna que pasa de mano en mano y unas láminas que recogen detalles del Sol o la distancia entre la Tierra y la Luna. "La astronomía consiste en entender el universo. Cada vez se depende menos del sentido de la vista, no se trata de ver, sino de interpretar", explica Enrique.

Una charla sobre historia

La charla a los pequeños comienza definiendo dónde están los mayores instrumentos de observación de los cielos en nuestro país. Enrique les lanza una pregunta al respecto y les advierte de que no levanten la mano para responder, porque no los verá. Las respuestas se cruzan y aciertan. "Elegimos Sierra Nevada, en Granada, y el Teide, en Canarias, porque es donde el cielo está más despejado", puntualiza.

La historia ha dado célebres astrónomos que perdieron la vista a lo largo de su vida. Galileo Galilei se quedó ciego cuando era un septuagenario, tal y como explica el profesor de la Universidad de Iowa, Thomas A. Hockey, en un artículo traducido por el propio Pérez Montero y el inventor del telescopio gregoriano, James Gregory, se quedó invidente durante una huelga. Aunque nada tuvo que ver su pérdida de la visión con el trabajo científico. "Hay conceptos que se entienden mejor a través de las manos y de nuestras explicaciones. A veces se utilizan imágenes para explicar cosas que no tienen nada que ver con lo que se cuenta y, entonces, la vista entorpece," insiste el científico titular del Centro Superior de Investigaciones Científicas. Su próxima parada será el País Vasco, después de haber visitado ya más de una decena de ciudades, como Valencia, Badajoz o Córdoba. Allí, en tierras vascas, se encontrarán todos los astrónomos de España en su reunión anual y Enrique continuará con sus talleres para compartir sus conocimientos acerca del universo en las tres capitales de provincia.

Su tiempo lo ocupa, entretanto, su proyecto de investigación: los estallidos, fogonazos de luz momentáneos que permiten que durante un tiempo una galaxia sea visible para aquellos que buscan nuevos datos más allá del firmamento. Se producen cuando una multitud de estrellas surgen y se concentran en un mismo punto generando luz y energía. Cuando no está observando los fogonazos de galaxias lejanas Enrique ejerce como tal para enseñar a los que no pueden ver que los secretos del universo no necesitan de ojos para ser comprendidos, que la verdad de los misterios está en realidad al alcance de las manos.

Compartir el artículo

stats