El Ministerio de Fomento, que mantiene la intención de licitar este mismo año las obras de la autovía A-57 que corresponden a la circunvalación de Pontevedra, ha introducido seis modificaciones en el trazado original, entre Vilaboa y Marcón, con el objetivo de minimizar los efectos negativos sobre núcleos habitados y elementos patrimoniales, pero que obligan a elevar las expropiaciones previstas hasta alcanzar los 965.794 metros cuadrados, casi 15.000 metros más que en el diseño inicial. Así se pone de manifiesto en la declaración de impacto ambiental de esta carretera, que acaba de aprobar el Ministerio de Medio Ambiente, con su visto bueno a la ejecución de las obras.

La circunvalación se ha diseñado un vial de alta capacidad entre A Ermida, en Marcón, y Vilaboa, con una longitud de 6,5 kilómetros y un presupuesto de casi 85 millones de euros, que cuenta con el beneplácito del Concello de Pontevedra y la Xunta, pero no de Vilaboa y la plataforma vecinal contra la A-57. El documento describe la A-47 como una "vía de alta capacidad y libre de peaje para facilitar la comunicación entre la N-550 y la N-541, dotando de mayor accesibilidad a la zona Este de la ciudad, así como al polígono industrial de O Campiño y a la plataforma logística de A Reigosa".

El informe de Medio Ambiente detalla los seis pequeños desvíos del trazado inicial. Así, en los primeros 1.600 metros, partiendo desde Marcón, se establece un desplazamiento hacia el Este "para evitar las afecciones a las edificaciones del núcleo de Pintos y a la cantera Faro. En los dos kilómetros siguientes el trazado se desvía hacia el Sur unos 180 metros, "con lo que la traza discurre por zonas más altas, mejorando la visibilidad, evitando la disposición del viaducto de Pumariño y reduciendo el exceso de tierras". Este anulado puente se reemplaza por un relleno de tierras y es una de las razones del aumento de las expropiaciones.

En los 700 metros siguientes la autovía se desplaza al Este entre 5 y 20 metros "para alejarla del núcleo de Bértola y para minimizar la afección al conjunto catalogado de los Molinos Rego do Barco, según la petición del Concello de Vilaboa", mientras que en el tramo posterior se mantiene un desplazamiento de 30 metros hacia el Este "para situar la traza en terrenos más altos y más alejados del núcleo de Outeiro". Asimismo, ya en el tramo final el cambio es de 150 metros hacia el Norte "para evitar las afecciones a los elementos patrimoniales Castro Farexa y petroglifo Mámoa de San Román-O Cruceiro". Por último, se disponen muros en la zona del enlace de Vilaboa para separar la circunvalación del Camiño de Santiago y se incluyen "ajustes" a la altura del río Pintos para mejorar la visibilidad.

Según Fomento, con todos estos cambios "mejora notablemente la calidad del trazado en cuanto a visibilidad y comodidad", al margen de aspectos técnicos y ambientales, como "menor afección acústica y menos superficie de suelo rural en los núcleos de Valadades y Pumariño, pese a que se elimina el viaducto de este último punto, por lo que el número de puentes se reduce a tres, sobre los ríos Pintos, Pobo y Rego do Barco.

En todo caso, el estudio admite que la obra supondrá un gran impacto en toda la zona y detalla al respecto la necesidad de desbrozar más de 850.000 metros cuadrados de formaciones vegetales, que incluye cultivos, eriales, zonas urbanas y repoblaciones de eucaliptos, pero también más de cinco hectáreas de robles. En este último apartado se detalla que aquellas formaciones "es estado óptimo de conservación" o de "especies singulares" serán "trasplantadas a las zonas que se determinen como emplazamiento definitivo". Por el momento se pretende realizar esta operación con 71 ejemplares.