"Cuando se llega a mi edad no se sabe mentir: ¿A quién no le gustaría ser hijo predilecto del sitio donde nació?". Eduardo Fajardo (Mosteiro-Meis, 1924), uno de los actores más prolíficos del cine español, visitó ayer Pontevedra para hablar con sinceridad de su vida: "Siempre quise ser galán de cine pero nunca lo conseguí", reconoció, "siempre me clasificaron de villano".

Ha rodado unos 200 filmes, el 90% de los cuales en el papel de malo que en realidad tiene poco que ver con su vida de esfuerzos: con 4 años escasos su familia emigra desde Meis y su madre conservó para él "el gallego, la comida, el lacón, los grelos, recuerdo las filloas y a ella que me enseñó a leer a Rosalía, Galicia siempre estuvo dentro de mi".

Su carrera despegó en México, donde residió casi 20 años y en la emigración aprendió "a reconocer los valores de España".

Cuando se jubiló pensó en volver a Galicia, pero prefirió el clima cálido de Almería, en donde un encuentro con personas discapacitadas daría un giro a su vida: "siempre he pensado que la parálisis cerebral paraliza el cerebro, he dicho con mi buena fe que el día que les faltasen los padres sería más humano una inyección y a morir... Cuando los médicos me explicaron que tienen nuestra misma mente y emociones sólo que no pueden hablar sentí vergüenza de mi mismo por mi ignorancia". Fundó "Teatro sin barreras", formado por 20 personas con diversas discapacidades en los que ha encontrado el calor de una familia. Y hoy es hijo predilecto de su pueblo, al que vuelve porque piensa que "habiendo conocido tantas tierras yo no se que tiene mi Galicia que todo es más agradable".