En caso de ser culpable de algo, soy culpable de realizar mi trabajo, no de otra cosa". Así de contundente se mostró ayer Roberto I.G.M., un masajista acusado de un delito de abuso sexual por haberse propasado con una cliente mientras hacía un servicio en un hotel de la provincia, durante el juicio celebrado en la Audiencia de Pontevedra para esclarecer los hechos. Por los hechos relatados, el fiscal solicita para el acusado, de 26 años, una pena de cuatro años de prisión y la acusación particular la eleva a ocho mientras la defensa solicita la libre absolución.

El acusado defendió su inocencia y negó la secuencia de los hechos relatados por la supuesta víctima, que asegura que en agosto de 2005, mientras se encontraba en una cabina de masaje para recibir un servicio completo que había contratado, el joven le bajó la ropa interior, le tocó la zona púbica y introdujo dos de sus dedos en la vagina.

Roberto explicó al tribunal de la Sección Segunda que antes de trabajar en este hotel lo había hecho durante cuatro años en otro establecimiento y en los cuatro mil masajes que dio en su vida nunca tuvo ningún problema similar con ningún cliente. Además, reconoció en la sala que tras los hechos relatados fue despedido del establecimiento, a lo que el director del centro hotelero explicó que en realidad no fue despedido sino que se dio por no superado el período de pruebas al que estaba siendo sometido.

"Los genitales no se los toqué, el resto del cuerpo todo", indicó en su declaración, tras asegurar que si le hubiese hecho algo inapropiado ella se habría quejado y no lo hizo. Además, explicó a la sala que las cabinas están pegadas y el hilo musical bajo, de forma que los ocupantes de las salas contiguas se habrían enterado de existir tales quejas.

En cuanto a la supuesta víctima, que declaró a puerta cerrada en la sala de la Audiencia con el fin de preservar su intimidad, aseguró que se había quejado porque se acercaba a su zona púbica, a lo que el masajista pidió perdón, pero siguió e introdujo dos dedos en su vagina.

En su informe final, el ministerio fiscal mantuvo su acusación en base a la credibilidad que aporta la declaración de la supuesta víctima pero mostró sus dudas acerca de si llegó a existir penetración de un miembro corporal en la vagina y reconoció que no existe nada que indique que el acusado esté mintiendo.

Por su parte, la acusación particular mantiene que sí existió tal penetración y que Roberto I.G.M. debe ser condenado por ello e indemnizar con 60.000 euros a la supuesta víctima, que requirió atención psiquiátrica para recuperarse del daño producido, estuvo de baja laboral algún tiempo y llegó a perder el trabajo.

La defensa señala, por su parte, que hay que preservar la presunción de inocencia y no hay pruebas que imputen al acusado.