Un devastador incendio calcinó 70 hectáreas de monte en los límites de los municipios de Pontevedra y Campo Lameiro. La parroquia pontevedresa de Xeve y de Gargallóns, en el concello limítrofe, fueron las más afectadas. El fuerte viento avivó las llamas que llegaron a escasos metros de las viviendas de varias aldeas, como ocurrió en el lugar de Maonzo, donde los propios vecinos tuvieron que apagar el fuego al quedar el camión de bomberos de Pontevedra atrapado en Fontáns. A última hora de ayer el fuego permanecía activo.

La tensión era tan grande que los vecinos se enfrentaron verbal y físicamente a las cuadrillas antiincendios de la Xunta, cuando éstos llegaron al lugar casi una hora más tarde. Un vecino y un operario resultaron heridos al caer ambos desde lo alto de un camión tras mantener una pelea que se inició por discrepancias sobre la forma de actuar contra el fuego.

La magnitud del incendio que se declaró sobre las once de la mañana en el lugar de Fraga, en Campo Lameiro, requirió de numerosos medios aéreos: un helicóptero de coordinación, un hidroavión, cinco helicópteros de extinción, cinco agentes forestales, además de siete cuadrillas y otras tantas motobombas. Asimismo, acudieron los bomberos de Pontevedra y Protección Civil de Caldas de Reis. El conselleiro de Medio Rural, Alfredo Suárez Canal, se desplazó al lugar para supervisar los trabajos de extinción.

El fuego tenía un amplio perímetro por lo que resultó complejo de sofocar. El cielo de la ría de Pontevedra quedó cubierto por la humareda durante toda la tarde y un intenso olor a humo se hizo sentir en los municipios de la comarca, incluso en Cangas.

Gran parte del incendio afectó a la parroquia de Xeve. Este fue el incendio más importante de la comarca durante este año, junto con el de Chancelas hace unos meses. Afectó a las parroquias de Santa María y San Andrés de Xeve, y a lugares del municipio de Campo Lameiro, llegando hasta los límites de los municipios de Moraña y Cotobade.

El fuego era tan devastador que varias cuadrillas y el camión de los bomberos de Pontevedra quedaron atrapados en el lugar de Fontáns sin poder atender a las llamadas de los vecinos de Maonzo, que estaban desesperados al ver como el fuego llegaba a sus casas y nadie acudía a socorrerles. Las llamas llegaron a estar a escasos diez metros de las viviendas, sólo un estrecho camino evitaba la tragedia.

Los propios lugareños intentaban sofocar las llamas con los escasos medios de que disponían, cubos de agua, ramas y otros objetos, como palas, que tenían a mano.

Peleas y heridos

La tensión era tan grande entre los vecinos que cuando llegaron los efectivos de bomberos y las cuadrillas contraincendios, una hora más tarde, se enfrentaron a ellos verbalmente y diciéndoles que ahora ya no hacían falta.

Conforme avanzaba la tarde los nervios de unos y otros iban en aumento llegando los propietarios de las viviendas a exigir más medios para sofocar el fuego. Una discusión sobre lo que había que hacer para apagar unas llamas provocó que un vecino se subiera a un camión de estas brigadas y comenzara a pelear con un operario cayendo ambos al suelo y resultando heridos, el vecino con un fuerte golpe en la cabeza y el integrante de la cuadrilla con contusiones en la espalda. Minutos más tarde fueron trasladados en ambulancia a un centro sanitario.

Esto no hizo más que aumentar la tensión entre ambos bandos, los vecinos porque no entendían que el fuego alcanzaba una amplia superficie de los montes de la comarca, todavía sin cuantificar y los integrantes de las cuadrillas de la Xunta porque no acababan de controlar un fuego que el viento hacía cambiar de dirección.

Los daños económicos para la población han sido muy importantes, ya que además de la devastación en el monte, se quemó una gran superficie de viñedos y de fincas, con la repercusión que ello supone para estas familias del rural que dentro de un mes iban a iniciar la recogida de la uva.