Lucha contra los incendios
Ourense, un año después del fuego: más prevención para una amenaza diferente
Tras la ola de incendios de 2025, los técnicos constatan un cambio en la percepción vecinal, más dispuesta a señalar a quienes provocan incendios porque «han visto que el riesgo no es solo forestal»

El equipo del Servicio de Prevención y Defensa contra los Incendios Forestales de Ourense. / Iñaki Osorio
Hay una fecha grabada de manera indeleble en la memoria de la provincia: agosto de 2025. Fue entonces cuando una sucesión de incendios de dimensiones extraordinarias calcinó miles de hectáreas de forma simultánea, obligando a los ourensanos a vivir un hito histórico sin registros previos: una Situación 2 generalizada en todos los concellos, aldeas destruidas, carreteras cortadas, vidas en riesgo y la amenaza constante de las llamas poniendo en vilo a una provincia que no quiere repetir la emergencia, pero tampoco olvidar lo aprendido. Un año después, para hacer comprensible la dimensión de aquella crisis, Sandra Martínez, jefa del servicio provincial de incendios, resume todo en una imagen: «Hubo 900 kilómetros de perímetros activos; estamos hablando de que sería la distancia entre Ourense y Almería en línea recta».
Semejante escenario obligó a cambiar las prioridades. La extinción puramente forestal pasó a un segundo plano para concentrar todos los esfuerzos en la protección civil, protegiendo viviendas y confinando aldeas enteras, con un objetivo claro y prioritario «evitar una pérdida humana». Es así como lo vivieron y como lo recuerdan desde el servicio, desde donde ahora echan la vista atrás y se quedan con las enseñanzas extraídas: desde la concienciación vecinal en el rural, hasta la implantación de medidas físicas en urbanizaciones periurbanas, la provincia asienta las bases de una nueva cultura de convivencia con el fuego.
La percepción social
Entre las lecciones que dejó aquella ola de incendios hay una que el servicio de prevención percibe especialmente en el rural. «En 2025, el 70% de los 420 incendios registrados en la provincia fueron intencionados», apunta Martínez, que un año después asegura que algo ha empezado a cambiar en la respuesta de los vecinos ante quienes ponen el fuego. «La gente puso fin a la impunidad social que había hacia el que planta fuego, ahora son conscientes del peligro de las llamas», explica la jefa del servicio provincial de incendios y corrobora parte de su equipo, Antonio López, Toño Rivas y Roi Iglesias. Ellos, técnicos del servicio, también formaron parte de un dispositivo que ve que «la gente aprendió que el fuego ya no es un riesgo solo forestal, ahora saben que es una amenaza». Lo han comprobado, dicen, en conversaciones y denuncias que antes no eran habituales. «Este año ya he observado en varias ocasiones a personas denunciando públicamente conductas de riesgo o dispuestas a decir de forma clara: “En esta aldea sabemos quién fue, sabemos quién nos está poniendo en riesgo”», sostiene Sandra.
La explicación está en que «el fuego ya no se percibe como algo que ocurre lejos de las casas. Las llamas han puesto en riesgo viviendas y han obligado a los vecinos a prestar atención a aquello que ocurre en su propio entorno», argumenta Antonio. Esa preocupación se refleja también en las consultas que llegan a las oficinas de distrito sobre las llamadas fajas de biomasa, los 50 metros de seguridad que deben rodear legalmente a las viviendas. «Hace años la gente protestaba por tener que limpiar su parcela; hoy la situación es la contraria: se quejan porque la del vecino está sucia y exigen que se limpie ya para proteger su vivienda».
La lluvia, falsa aliada
La experiencia del último año también ha obligado a prestar aún más atención a cómo llega el verano. Los técnicos del servicio explican que un invierno y una primavera lluviosos no significan necesariamente menos riesgo cuando llega la época de calor.
En el último año, diversas comarcas ourensanas volvieron a superar los cien días consecutivos sin registrar precipitaciones significativas. A esa situación, ya tensa, se suma otro cambio preocupante: tradicionalmente, la caída del sol suponía un descenso de las temperaturas y un aumento de la humedad relativa, pero las noches tropicales han venido para quedarse y para reducir ese margen.
«El año pasado registramos humedades relativas nocturnas de apenas el 20% en zonas de Valdeorras, acompañadas de temperaturas que no bajaban de los 25 grados a altas horas de la madrugada. Sin esa tregua nocturna, el incendio mantiene su capacidad de propagación durante las 24 horas», expone Toño, alertando que fuegos que históricamente podían resolverse en un solo turno se convierten ahora en emergencias activas durante días.
Un ojo en las periferias
Ese comportamiento del fuego obliga también a mirar qué hay a su alrededor cuando avanza y es ahí cuando aparece otro de los cambios que preocupa a los técnicos: la amenaza ya no se concentra en las aldeas rurales. Antonio señala especialmente la interfaz urbano-forestal del cinturón residencial de Ourense. «En los núcleos rurales históricos existía un cinturón de protección natural formado por cultivos de patatas, prados y huertas familiares que frenaba el fuego al llegar a las casas. Ese mosaico agrícola se ha perdido por el abandono agrario y es uno de los factores más claros de los incendios forestales», pero, añade, en las zonas periurbanas, «las urbanizaciones residenciales son las que se han ido adentrando directamente en la masa forestal».
La prevención empieza así en el propio entorno de las viviendas. Los técnicos recomiendan evitar especies como tuyas o cipreses, que pueden favorecer la propagación de las llamas y, sobre todo, mantener los tejados y los canalones limpios, «muchos chalés no se queman por el impacto de un frente directo de llamas, sino por pavesas incandescentes que vuelan a cientos de metros, caen sobre canalones sucios e inician la combustión de la casa desde el tejado», advierte Antonio.
El factor humano
Más allá de los aprendizajes técnicos, el servicio pone en valor las lecciones que, ahora, comparten entre ellos. «Teniendo en cuenta todo lo que pudo pasar y no pasó, podemos decir que salió bien, que actuamos bien y que somos capaces de afrontar una situación así, eso da mucha confianza», resume el jefe de área, Roi Iglesias. A su aseveración se suma Toño Rivas, «si días antes nos dicen a todo lo que nos íbamos a enfrentar simplemente no lo creeríamos y lo primero que diríamos sería que es imposible y que es imposible superarlo y sin embargo...»
Es él el que es claro, «estaba todo el mundo jodidísimo. Quince días seguidos son muchos días, y estar las veinticuatro horas atendiendo te machaca el cerebro por completo». En medio de aquella presión, Sandra Martínez conserva una imagen concreta , «a mí no se me olvidará Maricarmen, una de nuestras emisoristas, de pie frente a los monitores intentando por horas ir al baño sin poder porque era totalmente incapaz de soltar los auriculares y los teléfonos no paraban de sonar. Fue intenso y duro».
Pero no lo pasaron solos, se activó el Centro de Coordinación Operativa Integrado y bajo los protocolos del Pladiga se integraron «miembros de la Unidad Militar de Emergencias, la Guardia Civil, Protección Civil, los cuerpos de emergencias locales, técnicos de ADIF... Aprendimos a coordinarnos, a delegar y a escuchar lo importante entre el ruido. Llegábamos a la guardia y preguntábamos de inmediato por el estado de la provincia: ‘¿No hay ningún fallecido? Venga, vamos, vamos a salir de ella un día más’. Íbamos ganando días de esa manera, codo con codo» , cuenta la jefa del servicio de prevención, quien ensalza que «todos estábamos convencidos de que saldríamos de aquello y eso fue lo que nos ayudó día a día, sería imposible sin un equipo humano espectacular». Un año después, la guardia sigue activa.
Suscríbete para seguir leyendo
- Detenidos tres hombres y otro investigado por una agresión sexual grupal en un local de ocio nocturno de Ourense
- Un veinteañero se enfrenta a tres años de cárcel por un homicidio imprudente en Ourense
- Muere un hombre en Ourense por grave falta de oxígeno mientras elaboraba vino en un lagar
- La policía busca a un sexagenario como supuesto cuarto implicado en una agresión sexual grupal a una joven en Ourense
- Un vacío legal deja sin ayudas para vivienda rural a jóvenes gallegos que compraron entre octubre y diciembre de 2025
- Jorge Anta: «Tras 45 años vendiendo lotería al fondo de una galería, la suerte va a cambiar de puerta en Ourense»
- Jácome contra Teletaxi: el caso del micro abierto y la teleoperadora que elucubró sobre un alcalde en calzoncillos
- Un pleno «cutre de cojones»: la sesión plenaria de Ourense se convierte en un circo electoral entre insultos y acusaciones