Bienestar humano y animal
Odie, el perro que acompaña a 111 mayores en una residencia de O Carballiño: «É un máis da casa»
El golden retriever, criado desde cachorro entre los residentes de la Hermanos Prieto, se ha convertido en parte de la rutina diaria de los usuarios, a los que acompaña, estimula y ayuda a mantener activos y seguros, porque también avisa en caso de caídas

Iñaki Osorio
En la Residencia Hermanos Prieto de O Carballiño, la vida de un centenar de usuarios transcurre entre el bullicio de los talleres, las partidas de bingo y el aroma de la comida casera de un comedor que ha recibido un premio por su sostenibilidad. En el censo oficial son 111 los residentes que disfrutan de esa alimentación, pero la realidad es que el edificio alberga uno más: Odie, el miembro número 112. Él es el más mimado, el más querido por todos y el más peludo, porque se trata de un golden retriever que ofrece apoyo terapéutico, ayuda y, sobre todo entretenimiento.
El centro organiza a sus mayores en tres departamentos según sus necesidades físicas e interacción cognitiva: el área de aquellos con total independencia, conocida como «Xuntos»; el departamento de dependientes moderados, llamado «Amoriños» y el de grandes dependientes, denominado «Anduriñas». En medio de toda esta estructura de cuidados en la que trabajan alrededor de 70 profesionales, Odie se mueve con total libertad, aportando una dosis incalculable de terapia emocional diaria.
Al haber sido criado rodeado de más de cien personas desde que era un cachorro, el animal ha desarrollado un apego extraordinario por los humanos, «no soporta quedarse solo en ningún momento y, si lo dejamos fuera, protesta de inmediato reclamando su lugar en el interior», resume la educadora social, Belén Fernández, por la que el animal siente devoción porque en su despacho se encuentra su cobijo habitual. Para él, la residencia es su hogar y todos sus usuarios son parte de su manada. Como bien dicen con cariño en el centro: «É da familia».
El ejemplo de la afirmación lo pone Andrés, un residente que llegó al centro hace tres años, tan solo doce meses después de que lo hiciese Odie. Desde entonces, se ha fraguado entre ellos un vínculo inquebrantable. Andrea Fernández, trabajadora social de la residencia desde hace algo más de dos años, lo define de una manera muy gráfica, «Andrés é o xefe do can e o can do Andrés».
El hombre no lo niega, «doulle de comer, doulle de beber, está tanto conmigo como se fose meu na miña casa», relata con orgullo sobre una rutina diaria en la que incluyen «moitos paseos pola finca, sobre todo cando fai bo, que podemos saír tres ou catro veces ó día». Con todo, Odie tiene tan solo cuatro años y le gusta jugar, «un día caeume de lombo no patio e levoume por diante, pero non nos enfadamos, porque non tiña intención», resume, Andrés que echa la culpa al interés del can por «intentar atrapar paxaros».
Más que mimos
Aunque el papel principal de Odie es dar compañía, su instinto protector lo ha convertido también en un valioso miembro activo de la seguridad del centro. El perro no solo recibe mimos, sino que literalmente «trabaja» vigilando a los suyos.
Las trabajadoras explican con asombro cómo Odie ha reaccionado ante situaciones de emergencia. En más de una ocasión, si algún residente ha sufrido una caída el can ha acudido de inmediato al rescate: se queda plantado al lado de la persona herida y «comeza a ladrar con insistencia sen separarse dela nin un só momento, coma unha alarma», cuenta Andrea.
El impacto del golden es notable no solo en el bienestar físico de los mayores, también en el psicológico, especialmente en aquellos que sufren un mayor deterioro cognitivo. Las cuidadoras relatan emocionadas el caso de una residente que a menudo se encuentra «triste y enfurruñada» y desorientada, llegando a confundir en las videollamadas a su propio hijo con su padre. «E aí é incrible o que fai Odie, dicimoslle ‘a ver quen vén, é o perrito’ e ela empeza: ¡Perrito, que guapo, que guapo! O ánimo cámbialle no mesmo instante e logo bota de bo humor moito máis tempo», expone Belén.
Diversión en el exterior
Su presencia en las actividades físicas también estimula a los mayores a moverse, estirarse para acariciarlo y a participar con más entusiasmo, mientras aseguran que está «moi guapiño», un piropo al que contesta pidiendo su segunda cosa favorita: más caricias. La primera es «algunha chuchería que lle dan medio a escondidas porque todos saben que non poden, eles que non poden darlle cousas e el que non pode comelas, pero...».
Algún que otro «premio» acaba en el exterior de la residencia. En la extensa huerta—en la que cultivan productos que se suman a la lista de ingredientes de kilómetro 0 del comedor—el perro disfruta como el que más, porque mientras los residentes se encargan de los tomates, lechugas y calabacines el aprovecha para saltar más como oveja, que como perro, aunque para los residentes ni una cosa ni la otra, «é un máis da casa».
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