Ourense lidera la compraventa de viviendas rurales en Galicia ante la creciente demanda
Familias de Madrid, Andalucía y Mallorca lideran la compra de viviendas rurales en Ourense, buscando escapar de la masificación y encontrar un refugio en Galicia

Una casa rural en venta en Seixalbo. / Brevebretema
El rural está de moda, o al menos, eso muestran las redes sociales. Cada día, nuestros móviles se llenan de publicaciones de familias que dejan atrás el bullicio de las grandes ciudades para ir a disfrutar de una vida en el campo, entre huertas y pequeñas aldeas. Más allá del debate de si lo idílico que se muestra en las pantallas corresponde en la realidad, lo cierto es que el efecto llamada ha provocado todo un boom en el sector inmobiliario gallego, con la demanda de viviendas en zonas rurales al alza. Y si las casas de pueblo son una baza ganadora en la compraventa, la provincia termal es la reina de la baraja.
Ourense lidera la venta de casas rurales
"Aun teniendo la sede en Pontevedra, el 80% de lo que vendo es en Ourense", afirma Agustín Pachecho, gestor de la inmobiliaria Sip4. Especializada en ofrecer viviendas rurales de toda Galicia, su servicio es la referencia a la hora de buscar empezar una nueva vida en el campo con propiedades a precios irrisorios si se comparan con los de las ciudades, un nicho que coge cada vez más fuerza, especialmente a través de grupos de Facebook. Pacheco relata que las zonas con más éxito de venta son principalmente A Baixa Limia, con Bande o Lobios como principales atractivos, aunque también ha despachado "muchísimas" propiedades en Sandiás, Allariz o Boborás, ya en la comarca de O Carballiño. El norte de la provincia, con la Ribeira Sacra como principal reclamo, también se está beneficiando de este "subidón". Silvia Méndez, de Gespromar, asegura que vende "todo" del catálogo de viviendas rurales con el que cuenta, distribuido entre concellos como Castro Caldelas, San Xoán de Río, Montederramo o A Teixeira.
Pero, ¿quiénes son los apasionados por comprar las viviendas rurales que hace no muchos años permanecían en el fondo del abanico de ofertas? Según cuentan las agencias, el perfil de cliente es muy claro: familias españolas provenientes de grandes ciudades o de aquellas con un mercado tensionado. Pacheco relata que "el 90%" de sus compradores proceden de Mallorca, Andalucía y Madrid, con especial presencia de la isla balear, mientras que Méndez añade también a la lista a Barcelona y varios clientes extranjeros de países de Europa. Sus motivaciones son comunes en prácticamente todos los casos: "Allí los precios están disparatados, quieren escapar de la masificación y del calor buscando refugio en Galicia", cuentan desde Sip4. La mayoría buscan una vivienda en la que pasar sus vacaciones o una futura jubilación, aunque también hay una parte que busca una mudanza definitiva, principalmente en casos de familias que ganan sus ingresos con teletrabajo. Este efecto llamada no ha comenzado este verano. José Antonio Francisco, de la inmobiliaria ourensana Galven, detecta que el fenómeno tuvo sus inicios "a partir del COVID", cuando más gente empezó a valorar tener espacio exterior, naturaleza y una forma de vida distinta a la de la ciudad. El testimonio que ofrecen desde la agencia Arenhouse, situada en O Carballiño, concuerda con esta teoría: las ventas en el rural han bajado mínimamente respecto a 2025, pero en el conjunto de los últimos tres años la demanda ha aumentado alrededor de un 30%.
Casas de piedra, finca y precios asumibles
El modelo de vivienda por el que estos "repobladores del rural" apuestan suele ser el intermedio entre un inmueble impecable y una propiedad en ruinas. Predominan las casas de piedra que cuenten con una pequeña finca y unas condiciones mínimas de habitabilidad, es decir, un nuevo hogar en el que, aunque haya que mejorar la cocina, reformar el baño o pasar una mano de pintura, se pueda "ir entrando a vivir", resume Méndez. Coinciden también en este estereotipo en Sip4, desde donde Pacheco asegura que cuando la casa tiene una buena estructura y un tejado resistente "se meten de cabeza". Bajo esta fórmula ha cerrado este año una gran cantidad de operaciones por un promedio de 50.000 euros por propiedad, mientras que en el caso de Gespromar, solo dos de sus ofertas en los portales inmobiliarios superan por poco los 100.000 —ambas listas para vivir en las zonas más urbanizadas de Castro Caldelas y A Pobra de Trives—. En Arenhouse, por su parte, llama la atención el catálogo para reformar: su página web cuenta con hasta siete propiedades para restauración por debajo de los 10.000 euros.
El poder adquirir las viviendas únicamente con sus ahorros hace que gran parte de las compras se hagan directamente al contado, pero esta no es la única característica de los compradores del rural, pues la alta demanda hace que al publicar una oferta con las condiciones ideales, el anuncio se esfume en cuestión de segundos: "Me las compran sin verlas, me dan una señal de 2.000 euros de reserva y en diez días viajan para conocerla", cuenta Pacheco. Lo mismo pasa en Gespromar, donde hay viviendas que Méndez no llega a poner en oferta, ya que las reserva a encargos que ya le habían hecho con antelación.
Herencias, registros y viviendas no hipotecables
El tirón de la demanda también ha animado a más propietarios a sacar sus casas al mercado, en muchos casos inmuebles heredados que llevan años sin utilizarse. Pacheco asegura que “casi todo lo que se vende es herencia” y relata incluso un efecto dominó en las aldeas: cuando una vivienda encuentra comprador, otros vecinos se interesan por poner también la suya a la venta. Pero el enorme parque de casas vacías de la provincia no se traduce automáticamente en oferta disponible. Desde Galven apuntan a un problema especialmente habitual: muchas propiedades nunca llegaron a inscribirse en el Registro, algo frecuente en familias que construyeron o reformaron durante décadas con sus propios ahorros y sin necesidad de pedir una hipoteca. El inconveniente aparece ahora, cuando el nuevo comprador sí necesita financiación y el banco exige que la vivienda esté registrada. “Hay mucha vivienda para vender, pero con el hándicap de que no es hipotecable”, resume José Antonio Francisco, que señala que poner al día los papeles puede llevar desde unos meses hasta más de un año en los casos más complejos.
Sobre cuánto puede durar este auge, las previsiones combinan optimismo y cautela. En Gespromar creen que la demanda seguirá apretando hasta el punto de que “dentro de poco va a haber más clientes que viviendas en venta”, mientras que Arenhouse espera que el mercado mantenga el pulso este año y el próximo, aunque después podría comenzar a bajar. En Galven, Francisco introduce además una advertencia a través de lo que denomina el “efecto Allariz”: recuerda cómo, antes de la crisis de 2008, numerosas familias se trasladaron a viviendas unifamiliares de la villa atraídas por otra forma de vida y, años después, algunas descubrieron el peso de depender continuamente del coche. No descarta que algo parecido pueda suceder ahora con una parte de quienes idealizan la mudanza al rural. Es una cautela que también aparece, aunque de otra forma, entre el resto de agentes: Pacheco explica que los compradores preguntan cada vez más por la distancia a supermercados, farmacias, hospitales o aeropuertos y, sobre todo, por disponer de una buena conexión a internet. La fiebre por el campo continúa, pero las propias inmobiliarias advierten de que cambiar la ciudad por una aldea exige algo más que enamorarse de una casa de piedra.
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