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Trabajadores y hostelería de Ourense agradecen la bajada de temperaturas tras días de intenso calor

Los operarios de construcción agradecen la bajada de temperaturas tras jornadas bajo un sol abrasador, mientras la hostelería prevé un fin de semana concurrido

Un camarero limpia una mesa en el centro histórico de Ourense con el cielo encapotado.

Un camarero limpia una mesa en el centro histórico de Ourense con el cielo encapotado. / Brevebretema / FDV

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Ourense

«El que venga al norte en la segunda quincena de agosto va a tener una experiencia plus», afirmaba a estas horas un conocido influencer asturiano. Y es que, más allá de bromas, la tónica de las temperaturas que se marca ya desde este jueves poco o nada va a tener que ver con lo que se lleva aguantando en lo que va de agosto. Así es, por lo menos, en Ourense, donde, después de varias jornadas de ola de calor que dejaron en el termómetro máximas incluso a nivel estatal, ha amanecido esta última jornada con el cielo encapotado, varios episodios de lluvia ligera y una considerable bajada de temperaturas que se ha agradecido en todos los rincones de la provincia termal. Tanto es así que la ciudad de As Burgas ha pasado, en tan solo dos días, de alcanzar los 42,5 grados en su hora pico a no llegar ni a los 25 en toda la jornada del jueves. De hecho, la temperatura máxima del día —23,4 grados— llegó a las 00.12 horas, es decir, aún con los resquicios de calor del día anterior.

Los trabajadores a pie de calle respiran tras la ola de calor

El punto de mira, en lo que se puede llamar la «primera jornada del poscalor», se ha puesto sobre los trabajadores a pie de calle, seguramente los que más han agradecido la bajada de temperaturas tras largas jornadas bajo un sol abrasador. «Hombre, ya me dirás tú», contaba entre risas uno de los operarios de construcción que se encontraba realizando obras a la altura del parque de San Lázaro. «Sigue siendo duro porque es duro de por sí, pero la diferencia es muy grande. No asarte mientras te agachas, quieras que no, algo cambia», satiriza uno de sus compañeros, que remarca también que han reducido su consumo de agua, ya que ya no precisan reservar algunas de sus botellas para restregárselas por el cuerpo con el fin de refrescarse.

La hostelería es otro de los sectores más beneficiados por este clima más agradable, principalmente por el auge de las terrazas llenas a rebosar entre las que los camareros driblan cada vez más horas. En el mítico bar Trampitán, que vigila la Praza Maior, valoran como nadie este cambio de temperatura. «Esto es una maravilla», sentencia su gerente, que no puede calificar sino como «horrible» el calor que han pasado tanto él como sus empleados atendiendo mesas durante los últimos días. Las previsiones hablan de que este fin de semana será idóneo para el sector, tanto respecto al clima —se espera un panorama muy similar al de este jueves, con posibilidad de lluvia únicamente durante la noche— como a la facturación, pues esperan bastante movimiento de visitantes y locales que incentive el consumo.

Las largas colas de viajeros en la estación de tren de Ourense.

Las largas colas de viajeros en la estación de tren de Ourense. / Brevebretema

La estación de tren deja de ser un horno

Del otro lado del Miño las frases cambian solo de boca, no de parecer. Principalmente en la explanada de la estación de tren, que se convierte en los días de calor extremo en el antónimo de un refugio climático. Por una parte, para los viajeros, pues se ha convertido ya en estampa habitual que el recibidor de la terminal se quede diminuto ante las concentraciones para acceder al tren, lo que deja como resultado o un hall masificado o largas colas a la intemperie. Pero quienes también glorifican este nuevo clima son los taxistas: «Home, isto así como está é marabilloso. Xa de normal a nós póñennos en lugares nos que nos dea a temperatura», cuenta uno de los conductores habituales del lugar, al que durante el martes su vehículo le llegó a marcar que se encontraban a 44 grados.

Tras cuatro años de protestas por parte del sector para buscar una solución al problema, Adif anunció a mediados de julio la construcción de una marquesina de 32,4 metros de largo que protegerá tanto del frío como del calor, y que prevé tener construida antes del final del verano. Las primeras señales de las obras ya están a la vista —varias cuadrículas valladas en donde se prevé que se alcen los pilares de la lona, con algunas losas del suelo original retiradas—, pero los trabajadores mantienen sus reticencias: «Algo de sinais hai, pero eu levo 33 anos traballando disto, e heino crer só o día que estea posta», señala un taxista veterano.

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