Solidaridad
Cruz Roja se llena en verano de voluntariado juvenil en Ourense: «Aparecieron muchísimas chicas de 16-17 años, fue una pasada»
La organización cuenta con 1.861 voluntarios en la provincia, de los cuales el 68.4% son mujeres

Brevebretema
El verano no da tregua a organizaciones como Cruz Roja, que no ponen el cartel de «cerrado por vacaciones» y se mantienen al pie del cañón. En la provincia de Ourense cuentan con un equipo de 1.861 voluntarios, y la gente joven que se ha unido recientemente ha sido un apoyo necesario para el periodo estival.
«Aparecieron muchísimas chicas de 16-17 años para hacer voluntariado, fue una pasada», explica Isis Sanmartín, referente de voluntariado y coordinadora de la red provincial, «hicimos una publicación en Instagram y se apuntó mucha gente. Fue súper chulo porque llegaban una detrás de otra». En lo que va de año, se incorporaron alrededor de 110 personas nuevas, y «se prevé que haya al menos 50 más» antes de que acabe este 2026. Actualmente, en Ourense hay 43 que se sitúen en la franja de los 16 y 30 años.
En cuanto al perfil de voluntario en la provincia, «estaríamos hablando de una mujer, porque ahora mismo son el 68,4%, y la edad está rondando los 45. Las asambleas comarcales a veces tienen personas más mayores, pero ahora empieza a entrar gente joven también en los territorios más pequeños». Normalmente, invierten cerca de 30 horas en lo que va de año, con lo que «da bastante tiempo de su vida personal», y participan mayormente con lo colectivos «de personas mayores y de infancia».
Se puede incorporar cualquier persona a partir de los 12 años, aunque debe ir siempre acompañado de un adulto, que puede ser otro voluntario o un técnico. También existe la opción de «voluntariado familiar: que pueda venir un hijo siendo menor con una mamá o un hermano mayor de edad». Aquellos que estén interesados, pasan por un proceso de incorporación: «recibir a la persona, enseñarles lo que hacemos... y hacemos una pequeña entrevista de sus intereses, cuánto tiempo puede dar... Al final el voluntariado es algo súper personal», añade Sanmartín, «nosotros lo que hacemos es poner a disposición de las personas la oportunidad de participar en la sociedad de forma organizada a través de una entidad».
Experiencia juvenil
Carla Trasar lleva siendo voluntaria desde los 16: «me apetecía hacer voluntariado con niños y empecé en un campamento», al que sigue acudiendo ahora, con 21 años. Durante su último año de instituto, estuvo también en «el apoyo escolar que hacen durante el año», pero luego se fue a estudiar la carrera a otra ciudad y ahora vuelve cada verano a la organización. Encuentra la experiencia muy gratificante: «aprendes a gestionarte y también vas ganando confianza en manejarte con los niños. Además, te da satisfacción cuando ves que te hacen caso», declara, «estos últimos años ya vengo a pasármelo bien al campamento y a ver a los niños que llevo viendo crecer desde hace tiempo».
Cree que muchas personas no se atreven a apuntarse «no porque no quieran ayudar, sino porque les da cosa empezar; les da vergüenza, miedo... no se animan», aunque en su caso «estoy muy contenta, por eso vuelvo siempre».
Por su parte, Lois González tiene 19 años y empezó el año pasado: «mi madre me dijo que había un campamento en verano y me metí sin saber nada y sin conocer a nadie, pero acabé con una experiencia muy chula». Este año «entró mucha gente nueva, de los cuales muchos son menores, y en el grupo de los mayores quedamos bastante poquitos», aunque no le resulta un problema porque «soy el más joven de los mayores, y quieras o no, al final acaban entendiéndote mejor los niños que a lo mejor un voluntario de 40 años. Acabas conectando mejor y te hacen más caso».
Desde febrero acude al programa PINEO los sábados, ahora en verano los viernes, durante 2-3 horas: «es básicamente pasar el tiempo con los chicos y hacer actividades con ellos», y aclara que para este programa concreto «es recomendable ser mayor de edad, porque hay niños que llegan de 16 y 17 años y es un poco raro que el voluntario sea más joven».
Sanmartín cuenta que este programa «está muy vinculado a esa necesidad de que los chavales jóvenes se junten, decidan qué quieren hacer, que participen en algo un poco más democrático, que tomen decisiones, que convivan... entonces es un proyecto chulísimo». Ya existía hace años, pero estuvo un tiempo parado y «veíamos que era muy necesario, así ellos decidían qué querían hacer con su tiempo». Además, «muchas de las personas que son participantes en este proyecto, se han sumado como voluntarias durante el campamento» y «es una manera de no solo recibir y ver qué puedo aportar también yo».
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