Los vecinos de Vilamoure, en Punxín, denuncian seis días sin agua y exigen soluciones ante la sequía
El sistema de abastecimiento compartido entre varios municipios sufre la falta de caudal, dejando a Vilamoure sin agua durante días

Imagen: Iñaki Osorio / Edición: Eli Regueira
El interior vive estas semanas de verano un calvario con el aumento de las sequías. Las altas temperaturas, las semanas sin lluvias y el aumento de la población han llevado a múltiples aldeas a pedir a sus vecinos un consumo responsable del agua o, en algunos casos, a tener que surtir sus depósitos con camiones cisterna. Pero ningún contexto se equipara con el que están viviendo en Vilamoure: los habitantes de esta parroquia del concello de Punxín acumulan en lo que va de mes de agosto seis días sin que corra una gota de agua.
«Esto es terrorífico», asegura Silvia Álvarez Lamas, la vecina que, ante la falta de soluciones, ha decidido alzar la voz. Desde la madrugada del domingo 16, su casa ha vuelto relativamente a la normalidad, pero durante el jueves, viernes y sábado el agua se les cortó por completo y sin previo aviso. Es ya la segunda vez que se ven en esta encrucijada en menos de dos semanas, pues los días 4, 5 y 8 de este mismo mes también se les cortó el abastecimiento. Y todo ello mientras el resto de jornadas no mejoran, pues es habitual que el suministro llegue «con muy poco caudal y presión mínima».
Las consecuencias van mucho más allá de tener que comprar agua embotellada para hidratarse —la posibilidad por la que, afirman, les dijeron desde el 112 que su situación no era una emergencia— o llevar la ropa a la lavandería, ya que la falta de suministro condiciona la totalidad de su día a día. Principalmente para asearse, pues muchos vecinos han tenido que recurrir a casas de conocidos o incluso a áreas recreativas. «Unas personas que vienen de Madrid han tenido que ir a ducharse a las piscinas públicas de Maside», lamenta Álvarez.
Mantener la casa limpia también se convierte en un problema, pues para fregar o limpiar los baños deben acudir a por agua a un lavadero cercano en Freás, también afectado por la sequía: una señal de la Xunta de Galicia advierte de que el agua que allí corre no cuenta con garantía sanitaria, y el caudal de la fuente es tan lento que se llega a tardar «más de 20 minutos en llenar tres garrafas», cuenta Silvia.
La residencia de mayores también sufrió el corte
Otro de los obstáculos llega a la hora de alimentarse, ya que, al no tener agua con la que limpiar la vajilla, los vecinos deben recurrir a platos preparados o directamente comer en restaurantes cuando los cortes les llegan por sorpresa. «El domingo, como tuvimos agua, ya hice comida para el lunes, el martes y el miércoles», informa Silvia. La situación preocupa aún más al saber que en la parroquia se sitúa una residencia de mayores con capacidad para 38 usuarios, a la que el corte también afectó entre las 20.00 horas del jueves y las 15.00 horas del viernes. Las trabajadoras del centro cuentan a FARO que intentaron lidiar con el problema «como pudimos», recurriendo principalmente a garrafas del supermercado.
El origen del problema está en el sistema de abastecimiento, que combina distintas administraciones. En Punxín, es el propio Concello el responsable de la red municipal, que se nutre de un bombeo compartido situado en Razamonde que capta el agua en el río Miño. Desde allí se abastecen también los municipios de Cenlle y San Amaro, pero la sequía en época estival es un problema recurrente. Para paliar los problemas de escasez, en 2015 Augas de Galicia adjudicó por 2,7 millones una gran obra de mejora de este sistema, que incluyó nuevos depósitos y más de 30 kilómetros de tuberías y bombeos para alcanzar los núcleos más elevados. Sin embargo, la actuación tuvo que seguir adaptándose en los años posteriores: en 2017, el proyecto se amplió con otros 168.000 euros para llevar la captación al resto de Punxín y, en 2018, el Concello recibió otros 18.500 euros para reformar su sistema municipal de abastecimiento, pero los episodios de sequía siguen siendo una tónica.
El punto más alejado del depósito
Una constante en la que la más damnificada es la parroquia de Vilamoure, pues, al ser la más distanciada del depósito, cuando baja el caudal son los primeros en quedarse sin suministro y los últimos en recuperarlo: «Cuando se va la luz, podemos pasar hasta tres días sin agua. Yo entiendo que haya falta de suministro, pero no podemos estar sin agua siempre los mismos pueblos», expresa Álvarez.
El Concello, por su parte, defiende el trabajo hecho hasta el momento y achaca los cortes principalmente al elevado consumo registrado durante los días de más calor. Manuel Gómez, alcalde de Punxín, explica que las dos bombas que impulsan el agua desde el Miño trabajan «continuamente las 24 horas», pero que en determinados momentos no fueron capaces de enviar suficiente caudal hasta el depósito común, al haber más consumo que agua bombeada. Según el regidor, el aumento de la demanda se produce especialmente al caer la tarde, cuando los vecinos comienzan a regar, llenar piscinas o almacenar agua ante el temor a quedarse sin suministro, lo que provoca que un depósito «que ya no es muy grande» se vacíe rápidamente. Para prevenir este tipo de problemas, el Concello había emitido bandos municipales pidiendo reducir el consumo.
Los vecinos piden cortes programados y cisternas
Los vecinos de Vilamoure confirman haber leído el bando y comprenden los motivos de la sequía, pero su queja es por la falta de soluciones para una parroquia que siempre acaba como perjudicada y, principalmente, por la falta de avisos ante los cortes de agua: «En ningún momento se nos mandó ninguna notificación de que no íbamos a tener suministro, para poder coger agua antes o saber que, al llegar del trabajo por la noche, no te vas a poder duchar».
Es por eso que, junto al resto de vecinos, han presentado un escrito ante la Deputación de Ourense, la Xunta, la Valedora do Pobo y el Concello, en el que piden que se realicen cortes programados, se refuerce el suministro con camiones cisterna o se dé prioridad absoluta al abastecimiento de la residencia de mayores, entre otras solicitudes destinadas a poder prevenir estas sequías. «Yo entiendo que falte agua, pero no que no se tomen medidas», sentencia la vecina de Punxín.
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