Agentes de cuatro patas
Los compañeros fieles de la Guardia Civil que descubren con su fino olfato lo que está oculto
Su capacidad de aprendizaje y alta efectividad los convierten en aliados clave: en Ourense hay dos perras especializadas en la detección de drogas y dos cachorros en formación para hallar armas
Entre el guía y el perro se forma un vínculo afectivo especial: «Mis éxitos en las actuaciones son gracias a ellos; los quiero infinito»

Vídeo: J. Fraiz / Edición: Eli Regueira

«Cuando marcan un lugar y aparece la droga, me alegro yo más que ellos. Supone un orgullo, porque hay muchas horas, días y meses de trabajo detrás», confiesa Laura Martín (Ávila, 1980), una guardia civil especializada en la instrucción y en la intervención con perros adiestrados. Un fino olfato, una gran fidelidad y su capacidad de aprendizaje convierten a estos animales en aliados extraordinarios en la lucha contra el delito. Pueden detectar estupefaciente en los lugares que los traficantes creían invulnerables. «Hemos encontrado en el marco de la puerta, en el aplique de una bombilla, detrás de un azulejo...», describe Laura. El hallazgo «más difícil» tuvo lugar en un establo de caballos. La pastora belga malinois Kira llevaba solo tres meses de servicio. La perra empezó a dar vueltas en círculos y marcó la localización de un escondite de drogas, debajo de un remolque, en una fosa subterránea. «Ahí, enterrados en el suelo, había 150 kilos de hachís».
En la Comandancia de Ourense de la Guardia Civil se ubica la base en Galicia de los canes especializados en la búsqueda de personas desaparecidas. Además, el instituto armado tiene en la provincia un grupo —del que Laura forma parte junto a su compañero Alejandro Mourelos— con dos perros expertos en detección de drogas (uno a cargo de cada agente). En breve, dos nuevos compañeros de cuatro patas que por ahora son cachorros en formación —tienen 4 y 13 meses de edad— contribuirán a la persecución del tráfico ilegal de armas. Es una materia relevante en una provincia que comparte más de 200 kilómetros de frontera con Portugal, un país cuya normativa para adquirir armas de fuego es más laxa que en España. Los controles con apoyo del servicio cinológico permitirán encontrar pistolas ocultas, escopetas o munición.
Kira, la perra a cargo de Laura, es una pastora belga malinois de 5 años que se dedica con la Guardia Civil de Ourense a la detección de drogas. Es una tarea que también tiene encomendada Sisa, pastora alemán de 4 años. Nico, un belga malinois de 13 meses, y Kaiser, un springer spaniel de 4, son los dos cachorros que se encuentran en fase de aprendizaje para afinar su olfato para la detección de armas.
Laura llegó a la Guardia Civil tras una primera etapa en el Ejército. Entró en las fuerzas armadas con 18 años, en 1999, e ingresó en el instituto armado en 2004. Después de ejercer en el área de seguridad ciudadana, Martín fue motorista en la especialidad de Tráfico durante diez años. «Quería ser guía de perros desde que era pequeñita», recuerda. Cuando tuvo la oportunidad de optar a plazas del servicio cinológico dio el paso. Logró cumplir su sueño en 2019. Tras un semestre en el curso de especialización en El Pardo (Madrid), la escuela central de adiestramiento para los instructores y perros, tuvo su primera experiencia profesional en el aeropuerto de Barajas, un punto clave de vigilancia para evitar la introducción de drogas en territorio europeo. Su primer destino como guía de perros ha sido Ourense. Llegó a la Comandancia 15 días antes del confinamiento por la pandemia.
«Su efectividad es del 99%»
El grupo cinológico de Ourense presta apoyo operativo a unidades de la Guardia Civil, como por ejemplo a la Policía Judicial durante una entrada y registro en la fase culminante de una investigación.
«Tenemos días de adiestramiento en los que dedicamos el servicio a salir a correr con los perros, para que tengan una buena condición física, así como a hacer entrenamiento y a corregir errores. Aparte de esa dedicación, apoyamos a Seguridad Ciudadana en controles, inspecciones de locales, en aglomeraciones o en cualquier otros servicio que nos requieran», explica la guía Martín.
Una de las solicitudes que recibe el servicio cinológico procede de las prisiones, para evitar las posibles introducciones de droga en las visitas y en la paquetería dirigida a los reclusos. Aunque Instituciones Penitenciarias cuenta con perros adiestrados —uno en A Lama y otro en Teixeiro—, son frecuentes las intervenciones de la unidad canina de la Guardia Civil de Ourense a requerimiento de la prisión provincial, la de O Pereiro de Aguiar, así como también de la de Monterroso (Lugo).
Para los perros, el trabajo es en realidad un juego, un proceso que tiene como meta la satisfacción propia y la que aportan a sus guías, sus personas de referencia. En los entrenamientos con los animales se lleva a cabo «un adiestramiento en positivo». Es decir, su mente aprende y asimila que «si te dicen dónde está la sustancia, aparecerá su juguete favorito y jugarán contigo». Ese gran aliciente para un animal tan fiel tiene como resultado una elevada efectividad en su labor. «Se pueden equivocar o tener un mal día, porque no se encuentren bien o haya por ejemplo un exceso de calor, pero yo diría que su efectividad es del 99%».
No hay ninguna maquinaria que consiga igualar el olfato del perro. Ellos tienen entre 200 y 300 millones de receptores olfativos, mientras que los humanos tenemos entre 5 y 6 millones
El kong es un juguete masticable para perros que se convierte en una herramienta clave en el proceso de adiestramiento. El juego con este objeto refuerza el mecanismo cerebral del premio y la recompensa, de manera que el can entiende que lo que está haciendo está bien. Con otro elemento de adiestramiento, el clicker, se valida con la comida como premio el acierto a la hora de detectar sustancia estupefaciente a través del olor. Con estas técnicas de formación en positivo se preparan los perros expertos de la Guardia Civil.
Cuando detectan la droga, los perros se manifiestan «congelándose», la postura quieta que aprenden en el adiestramiento. «Si tú llevas droga oculta en la zapatilla, el perro se va a quedar quieto, con la nariz en la zapatilla. Actúan como los perros de caza marcando la perdiz. Se quedan quietos, con la nariz pegada, y hasta que no reciban el premio no se apartan».
«Lo habitual es que al perro le digan ‘ay, bonito, si no es culpa tuya, es porque te obligan’»
Su agudo sentido del olfato los convierte en compañeros «fundamentales» en el trabajo operativo de la Guardia Civil, asegura Laura Martín. «No hay ninguna maquinaria que consiga igualar el olfato del perro. Ellos tienen entre 200 y 300 millones de receptores olfativos, mientras que los humanos tenemos entre 5 y 6 millones. Ellos son capaces de crear y destruir los receptores olfativos dependiendo de la relevancia. Por ejemplo, para Kira el olor del hachís o la cocaína supone que yo me voy a poner contenta, va a aparecer su juguete, la voy a felicitar y vamos a jugar», describe la guía canina. «Cuando marcó los 150 kilos de hachís y salió el primer bolsón enterrado, y empecé a ver paquetes, creo que nunca la premié como aquel día. Le monté una fiesta tremenda», bromea la agente especializada.
La habilidad olfativa de los canes consigue que delincuentes acaben entre rejas. «Es muy gracioso, porque aunque hay gente que de primeras empieza a protestar, y dice que si el perro va a ensuciar o si lo va a arañar, la mayoría normalmente no se enfada con el perro, sino que me miran mal a mí. Lo habitual es que al perro le digan ‘ay, bonito, si no es culpa tuya, es porque te obligan’», comparte Laura como anécdota.
El tiempo compartido en el trabajo y también en casa, donde conviven con los perros, forja lazos afectivos muy sólidos, más todavía en personas con la sensibilidad de Laura, amante de los animales desde siempre. «Pasamos con ellos 24 horas al día», afirma la agente.
Para cuando los animales tienen que permanecer en la sede de la Guardia Civil, la Comandancia de Ourense dispone de instalaciones nuevas, una perrera que permite el alojamiento de los canes.
Los perros especializados del instituto armado se retiran a los 8 años de vida, excepto que problemas de salud obliguen antes a una salida. Desde el pasado mes de octubre, el pastor alemán Ford está jubilado. Vive en la casa de Laura, ya sólo como animal doméstico, después de años de servicio público a la seguridad ciudadana.
Laura corrobora que con estos agentes de cuatro patas se genera un vínculo especial, son más que compañeros del servicio. «Si el trabajo sale bien es gracias a ellos, mis éxitos en las actuaciones se deben a que ellos lo han hecho bien. El vínculo es mucho más bestia. Yo los quiero infinito», expresa la agente Martín. La medida de su amor por los animales queda patente en su relación con Kira, que se desvive, que la mira con cariño. Y la agente lleva en el alma —y también en la piel, tatuado— el recuerdo de su perro Neo. «Fue mi bulldog francés. Estuvo 13 años conmigo. Llegó aquí, conoció Galicia y falleció hace 3 años», relata con emoción la agente.
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