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Ourense se tiñe de marrón oscuro durante el histórico eclipse total de Sol

Cientos de personas se congregaron en el Parque Botánico de Montealegre y otros puntos de la ciudad para presenciar el fenómeno astronómico

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Ourense

La banda sonora que rodea estas semanas a la ciudad de As Burgas no dejaba adivinar, a primera hora de la mañana, que el de ayer era un día especial. Mismos taladros y pitidos de aquellos a los que les toca trabajar en esta época del año, mismos chapoteos en Oira y en los parques de agua para escapar del calor, y mismos chinchines de copas de turistas por la zona de vinos a la hora de comer. Lo único que permitía distinguir esa jornada de otra cualquiera eran las informaciones con las que los medios llevaban meses poniendo sobre aviso a la población de que, mucho antes de lo que esperaría un no enterado, el cielo se fundiría a negro.

Para descubrir los primeros indicios había que acercarse hasta el Auditorio Municipal, donde a las 18.00 horas el ambiente era de excursión total, tanto para niños como para adultos, que se acercaban hasta los autobuses lanzadera que el Concello había habilitado para subir al Parque Botánico de Montealegre, el mejor sitio en la capital para poder ver el histórico eclipse total de Sol. El Ayuntamiento había repartido un número limitado de entradas para poder acceder a dicho recinto, pues su icónico banco con el nombre de la ciudad y su mirador lo convertían en el recuncho más codiciado. Y, aun no pudiendo coger entrada, muchos se subieron al servicio especial para poder contemplarlo desde la periferia.

Faltaban aún más de 60 minutos para que diera inicio el eclipse según las previsiones, pero el ambiente ya se hacía notar por los altos jardines. A las mareas de familias que no quitaban ojo a las gafas homologadas de los más pequeños se le unían varios aficionados a la astronomía, que llevaban allí desde la mañana preparando su telescopio con la máxima ilusión: «Si todo sale bien, el ambiente va a quedar como si se hubiese parado el tiempo», contaba José Antonio Álvarez, uno de los entusiastas que ya había documentado en 2005 el eclipse anular que había atravesado Ourense. De él recuerda cómo el tiempo cambió durante la oscuridad, pues, aunque sucedió en un octubre caluroso, tuvieron que echar mano de chaquetas.

El calor acompaña la espera

Eso sí, aunque todo el mundo esperaba a que la Luna tapase el Sol, nada pudo impedir que, en los momentos previos, este fuese el mismo protagonista que es todos los días: 39,7 grados se llegaron a alcanzar en Ourense, que solo bajaron a los 32 durante la contemplación del eclipse. Tuvo su parte buena, pues mientras por sus móviles los ourensanos veían cómo varias partes de Galicia quedaban nubladas, aquí parecía incluso que los cúmulos tenían miedo a salir.

Y entre calor y calor comenzó el momento esperado: cientos de lentes especiales se dirigían al cielo —junto a otras decenas de miradas que hicieron caso omiso a las advertencias y dejaron su vista al descubierto— para ver cómo esa primera rayita de negro en la esfera roja se iba transformando poco a poco en un cielo no fundido a negro, pero sí a un marrón muy oscuro, que traía consigo un refresco en el ambiente. Tener que recurrir a chaquetas habría sido tachado de milagro, pero sí llegaba una brisa que se habría agradecido durante el resto de la jornada. El aviso de José Antonio de que se había entrado en la fase máxima trajo consigo su meritorio aplauso, y ese pensamiento de que el día había comenzado como cualquier otro, pero remataba como no podrían volver a vivir en sus vidas.

Las cubiertas de la Catedral de Ourense, observatorio privilegiado del eclipse solar

Iñaki Osorio

La Catedral y el Miño también miran al cielo

Aunque sí era el recinto en el que la alineación coincidía lo máximo posible con la fase total, el Parque Botánico no fue el único sitio desde el que se vivió el eclipse en la ciudad de As Burgas. Uno de los planes más singulares lo ofreció la Catedral de Ourense, pues unos pocos afortunados pudieron presenciar el fenómeno desde las cubiertas del templo. Antes, disfrutaron de un recorrido para adentrarse en el peso de la luz en el arte románico y gótico que rodea al edificio.

Otro de los puntos de más afluencia fue el río Miño, a donde cientos de ourensanos acudieron para contemplar el eclipse desde la Ponte Romana. Dirigidos al oeste, pudieron observar cómo el Sol se alineaba con el Puente del Milenio para desaparecer entre los valles.

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