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El encargo más dulce

De Ourense a cientos de cumpleaños: las piñatas artesanales que nacen en el taller de Aspanas y llenan de color las fiestas infantiles

El taller ocupacional de la Asociación de Familiares de Personas con Discapacidad Intelectual elabora desde Velle 220 piñatas personalizadas al año, que llegan a familias, tiendas y espacios de ocio

Cada pieza, con un precio que ronda los 15 euros, nace de un proceso artesanal que fomenta el aprendizaje y el trabajo en equipo

Tres de los resultados finales que lucirán en las fiestas infantiles de este verano.

Iñaki Osorio

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Sobre una mesa de un taller de la parroquia de Velle, en el concello de Ourense, conviven un Pokémon, el escudo de la Escuela de Fútbol Femenino Rosalía, un logotipo de Superman, un balón de fútbol y una estrella del pop coreano. Ninguna de las figuras ha salido de una fábrica ni de una cadena de montaje, todas son producto de decenas de manos que han recortado cartón, perfilado siluetas con hilo y pegado, una a una, cientos de pequeñas bolas de papel crepé. Así dan forma los usuarios de la Asociación de Familias de Personas con Discapacidad Intelectual de Ourense, Aspanas, a sus piñatas, un elemento decorativo del que venden «cientos y más si pudiésemos hacer más y más rápido».

Lo que a primera vista parece un taller de manualidades es, en realidad, un espacio donde el producto final importa, pero nunca tanto como el camino recorrido para conseguirlo. Aquí trabajan 26 usuarios con distintos grados de autonomía y diferentes regímenes de estancia —internos durante toda la semana, residentes de lunes a viernes o asistentes en horario diurno— que persiguen un mismo objetivo, «pasarlo bien» mientras hacen «algo muy bonito».

Es el resumen que hace Antonio, uno de los trabajadores, sobre un proceso en el que cada piñata comienza con una fotografía enviada por el cliente. «A veces es un personaje de dibujos animados; otras, el escudo de un equipo de fútbol, un coche de carreras o el último fenómeno musical entre los más pequeños», cuenta la monitora Sara Feijóo .

Una vez recibida la petición, el encargo pasa entonces a convertirse en un trabajo compartido en el que cada usuario aporta, «hay quien disfruta recortando las siluetas. Otros prefieren preparar las interminables bolas de papel crepé que darán textura y volumen a la figura. Algunos colocan con paciencia el hilo de lana que perfila los contornos y otros se sienten más cómodos pintando las bases antes de que empiece el montaje», cuenta Gabriel Alcalde, quien, como Sara, se encarga de que todo marche según lo previsto porque cada pieza requiere «horas de dedicación» y decenas de pequeños gestos repetidos con paciencia hasta completar el resultado final.

El boca a boca que llena la agenda

La parte menos visible del proceso recae sobre Gabriel y Sara. Son elllos, los monitores, quienes preparan la estructura con cartón reciclado, cortan los laterales y ensamblan las bases sobre las que después trabajará el resto del grupo para dar forma a los deseos de una lista de clientes que crece cada mes.

Los encargos llegaron primero de la mano de familiares y personas cercanas a la asociación, pero pronto el boca a boca fue su mejor marketing y en la actualidad el taller ocupacional de Aspanas elabora «alrededor de 220 piñatas al año» una cifra que podría aumentar si «cogiésemos todos los pedidos, pero nosotros tenemos que tener en cuenta nuestro ritmo y que esto no es un negocio ni una cadena de producción, es un oficio con sentido para ellos, una ocupación útil y satisfactoria en la que también trabajan su autonomía», defiende Alcalde.

Aún teniendo en cuenta esos límites, el taller elabora piñatas para particulares— cuyo precio oscila alrededor de los 15 euros— y recibe pedidos periódicos de tiendas de chucherías, además de colaborar con espacios infantiles en el área metropolitana. Todos tienen el mismo requisito, tienen que dar tiempo para que los trabajadores puedan hacer su labor sin pausa pero sin prisa: «pedimos que nos avisen con un mínimo de quince días de antelación para completar cada encargo». Aunque, ahora, en el mes de agosto el ritmo baja inevitablemente: ocho de los 26 usuarios disfrutan de sus vacaciones «y el taller adapta su producción a la vida del centro, nunca al revés».

Entre una piñata y la siguiente también se construyen otras cosas que no se pueden envolver para un cumpleaños. Mientras trabajan, los usuarios conversan sobre fútbol, música o acontecimientos recientes, aprenden a esperar, a respetar el trabajo del compañero, a concentrarse y a convivir, «hay días mejores y peores, como en cualquier lugar de trabajo, pero el ambiente suele estar marcado por la colaboración y la ayuda mutua, es satisfactorio para ellos y para nosotros, porque no todo es el trabajo», ensalzan los monitores.

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