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Música tradicional

Ana Belén Rodríguez, profesora de pandereta y canto popular en Ourense: «Cantar te da la vida, es alegría»

La docente es la homenajeada de agosto por el programa «8m, mes a mes» de la Diputación

«Aprender con tu abuela, con tu madre... es una satisfacción enorme»

Ana Belén Rodríguez, profesora de pandereta y canto popular

Iñaki Osorio

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Ourense

Ana Belén Rodríguez nació en Ourense en 1979 y es profesora de pandereta y canto popular en la Escola Provincial de Gaitas desde el año 2000. Este agosto ha sido la homenajeada del programa «8m, mes a mes» de la Diputación bajo el lema «Mulleres que fan soar a nosa tradición», por su papel esencial en la conservación y transmisión del patrimonio musical de Galicia.

¿Cómo fueron tus inicios en la música?

Mi hermana tenía bastante dificultad para tocar las canciones en el cole con la flauta, así que me las cantaba, yo con la flauta se las tocaba y ella aprendía por mis dedos. Entonces mi madre dijo: para gaita. Yo quería baile, me metí en gaita, pero ya después no quise saber nada más del baile.

¿Dónde fueron tus primeras clases?

Pues aquí, en la Escuela de Gaitas. Empecé en el 88 y en febrero del 89 ya me fui a tocar a Barcelona con la banda, y desde ahí hasta hoy.

Desde que te uniste a la Real Banda de Gaitas de la Deputación de Ourense, ¿cuál es el momento más especial que recuerdas de estar tocando ahí?

El concierto en el Vaticano: con el papa Juan Pablo II en su casa privada en Castel Gandolfo. Se me ponen los pelos de punta aún hoy; y fue en el 96, en agosto del 96.

¿Sigues todavía en la banda, verdad? ¿Vas menos que antes, lo mismo...?

Sí, sigo en activo. Normalmente vamos a todas las actuaciones, pero bueno, ahora por cuestiones de salud, que tuve ahí unos problemillas, pues no. Pero estar, estamos en activo igual.

Ana Belén Rodríguez con su pandereta en la Escola Provincial de Gaitas.

Ana Belén Rodríguez con su pandereta en la Escola Provincial de Gaitas. / Iñaki Osorio

Ahora eres profesora de pandereta y de canto popular, ¿cómo ocurrió ese cambio?

Pues debido a esa actuación que cantamos para el Papa, se me metió algo en el cuerpo y yo dije: «esto es lo mío». Y a partir de ahí empecé a estudiar más lo que es el tema de la pandereta, a ir a más clases, a cursos, a aprender en talleres, incluso a hacer las panderetas y demás. Y así hasta hoy; ahora ya doy yo los cursos.

¿Hay una carrera o ciclo específico para prepararte?

No, no hay nada determinado. A ver, en un conservatorio tú haces percusión y tiene una parte pequeña dedicada a pandereta, pero no tiene nada que ver con la tradicional. Realmente la pandereta tradicional no es un estudio que esté homologado, ni mucho menos, porque es lo que aprendes de lo que hacían las señoras antiguamente. Muchas veces vas a los sitios, ves cómo tocan la lata, las sartenes... y tú vas cogiendo lo que ellas hacen, canciones que tienen que a lo mejor no tienen con pandereta, y nosotros le montamos el ritmo con la melodía que ellas nos dan. Muchas veces una canción de las que cogemos de las señoras, finalmente solo se parece lo que es la melodía, porque realmente hacemos virguerías entre voces, panderetas e instrumentos de percusión.

¿En la banda tocas la pandereta o sigues con la gaita?

En la Real solo se toca la gaita. O sea, la pandereta no está como unificada dentro del grupo, solo para algunas canciones determinadas que sí que llevarían, pero eso lo toca percusión. Yo toco la gaita y dirijo la sección de cantareiras, que van a todos los sitios.

¿Y estás en alguna banda donde toque habitualmente la pandereta?

Dentro de mi contrato tengo delegaciones, entonces estoy en la Asociación de Loureiro, en Castrelo de Miño... y ahí sí que son agrupaciones de pandereta y canto. Ahora mismo estoy en cinco asociaciones.

¿Qué es lo que más te gusta de ser profesora?

La integración que hay: en los grupos que tengo da igual 70, que 15, que 8. En la escuela sí que están separados el curso de niños y el de los mayores por cuestión de horarios, porque tienen unos determinados. Pero en las asociaciones solo tienen una hora y van todos juntos, entonces claro, aprender con tu abuela, con tu madre... eso es una satisfacción enorme.

¿Y cuál es la parte más dura?

Cuando no puedes tocar ni cantar. Yo todos los días canto algo, aunque sea poco. De hecho, a mis hijas cuando eran pequeñas, cuando es lo típico que las duermes o que las bañas, siempre lo hacía cantando, tarareando. Y por un problema en la garganta hace poco, tuve que estar un mes sin hablar, básicamente, porque me tuvieron que operar. Y eso es insufrible: no poder cantar, porque realmente te da la vida, es alegría.

También hay una parte muy ligada a la cultura gallega, ¿cómo le inculcas ese valor a los niños y niñas?

Hasta ahora se decía de dónde eran las recogidas. Algunas pocas preguntan: «¿Y esta canción?», pues «la cantó una señora con una lata». Les explicas cómo eran las tradiciones, que no se lo creen, claro. Porque ahora es «me voy a la discoteca», pero antes era «nos vamos a la casa de alguien y tocamos, cantamos, bailamos...». Eso ellas no lo ven porque no van al pueblo. Entonces tú tienes que explicarles, dentro de lo que es la clase, para que tengan un poco de la imagen de lo que era eso antes, no ahora. Y la verdad es que a muchas les encanta.

¿Cómo te hace sentir el homenaje que te dedica la Diputación bajo el lema «Mulleres que fan soar a nosa tradición»?

La verdad es que no me esperé nunca ningún tipo de homenaje, porque cuando tú haces un trabajo que te encanta, no te hace falta de nada. Cuando me dijeron que me lo iban a dar, fue una experiencia muy gratificante, porque aunque el año pasado dedicaron las Letras Gallegas a las cantareiras, solo se dio visibilidad a determinadas cantareiras. Pero aquí, en la provincia de Ourense, tenemos cientos y cientos de señoras; mi jefe hizo varios libros por la zona de Viana do Bolo, de O Barco de Valdeorras... toda esa zona está llena de gente que realmente tiene tesoros y no lo sabemos, porque si no vas hasta ahí no lo sabes.

La zona de Avión es una mina de canciones. Yo doy clases allí y tengo versiones que no tienen nada que ver con la otra punta de la provincia. Eso es el boca a boca, que era lo que había antes, se iba degenerando la canción en otro ritmo, en otra melodía, pero con la misma letra.

Tienes una relación muy personal con la música en el ámbito familiar (tu marido y tus hijas), ¿cómo es ese vínculo?

Conocí a mi marido en la escuela y mis hijas, lógicamente nacieron aquí y siguieron aprendiendo. Primero pandereta, que es lo que primero que aprenden de pequeñitas. La mayor solo hizo pandereta y gaita, y la pequeña también tambor. Vamos siempre diversificando, porque una vez que estás aquí tienes más opciones y vas aprendiendo un poco de todo. Es un enriquecimiento personal muy grande.

¿Le has dado clases a tus hijas?

De pandereta sí, porque soy la única profe que hay. Pero en clase era profe, no había «mamás».

¿Qué esperas de tu carrera en un futuro próximo?

Por lo menos seguir como ha estado, porque yo, gracias a Dios, siempre tuve muchísimos alumnos. Partimos de la base de que aquí en la escuela hay siempre entre 50 y 70, pero fuera te juntas a lo mejor un total de alumnado de entre 200 y 300, que parece que no, pero es volumen. Y saberte todos esos nombres... (risas).

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