Comercio de proximidad
El relevo caribeño salva del cierre la histórica tienda de A Barreira, en el casco viejo de Ourense: «Trabajo desde los 16 años y ya nos toca descansar»
María José y Emilio cuelgan el delantal por jubilación y Gerling Viera, de Venezuela, y el dominicano Carlos Eduardo toman el testigo para mantener vivos los productos locales y el alma del barrio histórico

Iñaki Osorio
En pleno casco histórico de Ourense y en la misma calle que da nombre al negocio está la panadería y frutería A Barreira, una de las últimas tiendas de barrio y punto de encuentro, desde hace lustros, para quienes buscan productos hortícolas, chacinería o pan con el sabor de la tierra. Productos de proximidad. Es ya uno de esos antiguos negocios en los que se conoce a cada cliente por su nombre, y en los que ir a por el pan puede convertirse en una íntima conversación de amigos y el mostrador en un confesionario.
Pero el tiempo es inexorable y a María José y Emilio, que cogieron hace casi tres lustros esta tienda de barrio que ya habían regentado otros familiares, les ha tocado el tiempo de la jubilación. «Tengo más de 42 años cotizados, he trabajado desde que era casi una niña, así que nos toca disfrutar, pero no siento pena porque ya tenemos relevo para mantener abierto el negocio», afirma María José.
La historia podría haber tenido el triste e inevitable final de tantos pequeños comercios de proximidad que terminan bajando la persiana para siempre al jubilarse su gestor, algo habitual en el casco histórico, con un altísimo porcentaje de bajos cerrados.
El relevo que mantendrá abierta esta tienda tradicional viene del otro lado del océano. Una vez más son dos jóvenes inmigrantes, Gerling Viera, una venezolana de 30 años, y Carlos Eduardo Sánchez, dominicano de 29, los que se convierten en el relevo generacional que mantiene abierta la histórica tienda A Barreira.

María José y Gerling, su relevo venezolano, al frente de la tienda tradicional A Barreira, en Ourense. / Iñaki Osorio
Una clientela «chévere»
«Nos comentaron que doña Mari se estaba jubilando. Pasamos a hablar con ella, nos gustó el negocio, nos adentramos y trabajamos con ella», explica Gerling. Tras una prueba de tres o cuatro meses codo con codo en la tienda, disiparon cualquier duda. «Vienen muchos al estar al lado del Ayuntamiento. Nos gustó mucho el trato de la gente, es muy chévere, muy amable», añade la nueva 'jefa' de A Barreira.
Gerling lleva dos años en España y es madre de una niña; Carlos vive en Ourense desde hace siete años y tiene dos hijos. En sus países de origen y en sus años en Ourense han cultivado diversos oficios —él ejercía como cocinero en República Dominicana y hasta ahora trabajaba como repartidor—, pero el deseo de construir un proyecto propio y familiar los condujo hasta este rinconcito del casco histórico.
Les paso mis proveedores con sus números de teléfono para que sí mantengan exactamente lo mismo
La responsabilidad que asumen no es pequeña. El horario de la tienda abarca desde las 9:00 hasta las 15:00 horas por la mañana, y de 17:00 a 21:30 por la tarde. Un ritmo exigente que no los asusta. Carlos asumirá la dura tarea de cargar los bultos pesados, algo que hasta ahora realizaba Emilio, mientras que Gerling será «la verdadera responsable de la tienda; yo ya trabajo en el reparto», apunta.
María José explica que, si algo ha caracterizado a A Barreira, ha sido su compromiso con el producto local de cercanía: productos de huertas privadas de la provincia, verdura fresca según las cuatro estaciones del año, pan artesano y unos cotizados chorizos de Allariz por los que acude gente de todos los rincones de Ourense. María José se ha encargado minuciosamente de traspasar toda esa valiosa red a los jóvenes emprendedores: «Les paso mis proveedores con sus números de teléfono para que sí mantengan exactamente lo mismo».
Gerling lo tiene claro: «Hay que dejar todo como lo llevaba ella; lo que funciona, ¿para qué cambiarlo?». No obstante, reconoce que sí van a incluir algún producto de sus países de origen «porque en esta zona hay muchas personas latinas».
«Ya me toca descansar; trabajo desde los 16 años»
María José y Emilio son el ejemplo de una generación que ha trabajado desde muy joven. En el interior de la tienda, entre sacos, cajas de productos frescos y el ir y venir de vecinos, María José Rey hace balance con la serenidad de quien sabe que ha cumplido con su deber. «Empecé a los 16 años y no paré de trabajar. Solo paré dos meses cuando tuve a la niña y cuando me rompí el brazo hace tres o cuatro años. Salía de un trabajo y ya tenía otro buscado», rememora. Panaderías desde la adolescencia —donde acumuló ocho años no cotizados, «lo que pasaba antes»—, trabajó en una farmacia en Taboadela, quince años en una peluquería en la avenida de Zamora, en otra tienda previa en Seixalbo y, finalmente, A Barreira. Un currículum que define a una mujer incansable.
Pero ser tendera en un barrio no consiste solo en pesar fruta y cobrar. Exige una vocación casi terapéutica. Durante más de una década ha escuchado secretos, consolado penas y sonreído a un público de lo más diverso: «Aquí viene de todo, desde un técnico estirado hasta la persona más humilde».
A su lado, su marido Emilio Vázquez ha sido el pilar indispensable, encargándose de la logística más dura y del peso diario. Sin embargo, el esfuerzo físico ha pasado factura y actualmente aguarda una operación de cadera.

María José, en la entrada de la tienda. / Iñaki Osorio
Objetivo: viajar «y conocer Andalucía»
Cuando Emilio se opere de una dolencia en la cadera que ha adquirido de cargar pesos en la tienda y se recupere, tienen claro el objetivo. «Por ahora en eso de ir en grupo con el Imserso no pensamos. Nos gusta más viajar por libre, ver otras ciudades, aprender y conocer su gastronomía», explican.
Tienen una asignatura pendiente. La atada vida de la tienda les dejaba solo una quincena libre de vacaciones cada año, y en agosto, y «en esa época nunca pudimos conocer Andalucía por el calor». Ese podría ser su primer regalo.
Gerling se encargará ahora de levantar esa persiana cada día y atender a unos clientes fieles a esta tienda de proximidad. En Ourense, el comercio de barrio no muere; solo ha aprendido a hablar con acento caribeño.
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