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Ourense celebra el Gran Magal de Touba, la fiesta religiosa más importante de Senegal

Alrededor de 500 emigrados senegaleses celebran en la ciudad de As Burgas la fiesta religiosa más importante de su país, el Gran Magal de Touba

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Ourense

El Campo da Feira de Ourense cambiaba este domingo de aromas y aspecto, pero no de ambiente. El olor a brasas y pulpo hirviendo tornó en el de pimientos y guisos con un profundo sabor; las boinas y chalecos de los domingos mudaban por los boubous, las coloridas túnicas tradicionales de la costa oeste africana; y los cantos de taberna, por infinidad de rezos colectivos, con rituales de movimiento más que llamativos. Todo diferente, pero al mismo tiempo con la misma esencia: la de celebrar el colectivo, la libertad y, de paso, también el buen comer.

Hablamos de la celebración del Gran Magal de Touba, la cita religiosa más importante de Senegal, que tuvo su réplica en la ciudad de As Burgas gracias a la considerable comunidad de emigrados senegaleses que ahora reside en tierras ourensanas. Alrededor de 500 personas se reunieron a la orilla del Miño durante más de diez horas en lo que fue una muestra más de la multiculturalidad de la región termal.

Aunque esta fiesta está hoy llena de alegría, su origen es más bien todo lo contrario. Hay que remontarse a los tiempos de Senegal como colonia francesa, a finales del siglo XIX, y conocer a Ahmadou Bamba, líder espiritual del sufismo, una rama del islam basada en la devoción, el trabajo y el servicio a la comunidad, dejando fuera el egoísmo. El líder espiritual se ganó las voluntades de los pueblos africanos con su ideología, lo que preocupó a los colonos, quienes lo arrestaron y deportaron a Gabón, a más de 3.000 kilómetros de distancia. Ahí comenzó una vida de represión para Bamba —exiliado a Mauritania, desplazado a otras ciudades de Senegal y vigilado hasta su muerte— y para sus seguidores, los murid, que fueron torturados o desaparecidos. «Uno de mis abuelos se fue a Mauritania por orden del líder, y a día de hoy no sabemos dónde está su tumba», cuenta Tala, uno de los organizadores de la fiesta en Ourense.

Una celebración de perdón, libertad y comunidad

Sin embargo, según explica este ourensano-senegalés, Bamba quiso tras su regreso perdonar a todos los militares y gobernantes que le hicieron daño, y que se recordase el día de su marcha a Gabón no como uno de tristeza, sino como el día en que tuvo «todo lo que necesitaba, los galardones de Dios». Es por ello que cada año los senegaleses peregrinan hasta Touba, su ciudad natal, para celebrar este Magal —«homenaje» en idioma wolof—. Durante estos días, esta villa sagrada duplica su población, mientras que incluso la capital, Dakar, se queda con las calles vacías. En el resto del mundo, los emigrados senegaleses hacen su fiesta con sus particulares dimensiones, pero el mismo espíritu: «Es un día para saber perdonar y ser libre a través de Dios. Por eso nadie debe pagar nada, se invita a todo el mundo a comer y a beber», explica Tala.

De esta idea nacen las grandes cacerolas de thieboudienne —el guiso de pescado e infinidad de verduras acompañado con arroz— que llenaban el Campo da Feira, así como otras carnes, bebidas o postres tradicionales del país africano. Una fiesta a la que asistieron tanto senegaleses de toda la provincia como otros invitados de fuera de la comunidad: «Varios clientes de mi tienda han venido, hay quien invita a compañeros de trabajo, cualquiera puede venir», cuenta.

La comunidad senegalesa se consolida en Ourense

Tala ha vivido en primera persona cómo ha cambiado el panorama de la inmigración en Ourense. Con 18 años, fue forzado a salir de su país en busca de un futuro mejor, y llegó a As Burgas en 1996, cuando apenas encontró compatriotas: «Habría como mucho 20 personas, y solo una mujer». Ahora, la comunidad senegalesa está más que consolidada en Ourense —el IGE contabilizó en 2025 a 471 senegaleses repartidos por la provincia—, y Tala disfruta del Gran Magal con su pequeño, que comparte las raíces ourensanas con los valores de la comunidad murid.

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