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Agentes

Policías a caballo, los vigilantes silenciosos del monte que evitan incendios

La Unidad de Caballería colabora en la prevención y la detección temprana del fuego, y su presencia ahuyenta a posibles incendiarios: «El efecto disuasorio funciona»

La Unidad de Caballería de la Policía colabora en la prevención y la detección temprana de incendios forestales

Brevebretema

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Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

En la época de riesgo elevado de incendios forestales, la labor policial de prevención y disuasión resulta de gran importancia para la detección temprana de fuegos y para llevar registro de los movimientos de personas y vehículos sospechosos. Además, la mera presencia de agentes uniformados ahuyenta a quienes acuden al entorno natural para prender fuego de manera deliberada. El delito de incendio forestal está castigado en España con penas de cárcel. La Operación Lumes moviliza a especialistas de la Policía Nacional en la protección del medio ambiente y las propiedades en zonas de especial peligro. En Ourense, la provincia más castigada de Galicia —casi nueve de cada diez hectáreas calcinadas en 2025 en la comunidad pertenecían a territorio ourensano—, la Unidad de Caballería colabora con la comisaría, vigilando con frecuencia los montes de la periferia de la ciudad. La unidad también participa en operativos con la Policía Autonómica en otras áreas de la provincia.

Emilio Rodríguez, un ourensano de Xinzo de Limia, lleva en la Policía 20 de sus 42 años de vida. El agente cumple doce ejercicios en la Unidad de Caballería. La labor de patrullaje, vigilancia y observación del entorno natural a lomos de un caballo aporta «mucha efectividad», destaca este policía. «Nos movemos en camión, aparcamos en zonas de población, lo que hace visible el vehículo, de manera que el posible pirómano sabe que estamos aquí», incide. «Con el caballo somos capaces de movernos por caminos y somos silenciosos, a diferencia de un vehículo a motor. Además, vamos en una posición más elevada y tenemos una mayor visión del terreno. El efecto disuasorio funciona», considera este funcionario.

No todo el mundo que viene lo hace con la intención de prender fuego pero, cuando estás patrullando, hay personas y coches que, según te ven, se dan la vuelta o pasan de largo

Emilio Rodríguez

— Policía ourensano

Este lunes, los policías a caballo vigilaban el monte en el área de Mende, Canibelos y Santomé, en uno de los montes que rodean la ciudad cargados de vegetación, tanto arbustos de envergadura como superficie arbolada, sobre todo de pinos, una de las especies que, cuando existe una gran continuidad de ejemplares, favorece la propagación de las llamas.

«Durante los meses de julio y agosto de campaña, cada día que venimos nos indican un área de influencia en la que actuamos», explica Rodríguez. «No todo el mundo que viene lo hace con la intención de prender fuego pero, cuando estás patrullando, hay personas y coches que, según te ven, se dan la vuelta o pasan de largo».

Como agente y ourensano, conocedor de la magnitud y de la amenaza que suponen los incendios forestales, Rodríguez considera que la operación policial de prevención a caballo es «muy necesaria». «Estamos muy concienciados con este problema», afirma este agente, que confirma el factor «vocacional» de este trabajo.

Policías de la Unidad de Caballería en mitad de un patrullaje.

Policías de la Unidad de Caballería en mitad de un patrullaje. / Brevebretema

Lazos entre los agentes y su caballo

Los policías y jinetes no están solos; crean un vínculo «muy especial» con los caballos, sus compañeros de servicio. «A mi yegua, que se llama Legua, la cogí cuando era una potra», recuerda Emilio, que con anterioridad se dedicaba en la unidad a la doma de los equinos desde edades tempranas. «Llevo con ella todos estos años y nos conocemos ya perfectamente. Cuando yo no tengo un buen día, ella me mira. Y cuando ella está más nerviosa, yo lo noto claramente, sólo por sus movimientos», describe el policía.

La presencia de la Unidad de Caballería en Galicia permite contar con su apoyo en distintos servicios de seguridad ciudadana en los que la presencia de estos especialistas resulta de ayuda. Por ejemplo, en la búsqueda de personas desaparecidas. El acceso en caballo por lugares más inaccesibles genera una ventaja en el rastreo en el medio rural.

Dentro de dos semanas reforzarán los dispositivos de las fuerzas de seguridad del Estado con motivo del eclipse solar del 12 de agosto. Además, prestan también apoyo en la prevención de delitos y el control de la seguridad de los peregrinos en el Camino de Santiago. «Somos un policía más», efectivos que suman.

Ruth Fernández lleva dieciséis años en la Policía, catorce de ellos en la Unidad de Caballería, con sede en Madrid y viajes frecuentes por otras partes de España para desarrollar servicios. Desde pequeña Ruth ha sido amante de los animales. «Todos los niños suelen pedir un caballo, y al final mi padre por pesada, me compró uno. Lo tenía suelto, comía todo el verde que quería, lo acariciaba. Ese fue mi primer contacto con los caballos», rememora. «Entré en la Policía, un trabajo que para mí es precioso, y más aún en caballería», completa esta agente, una gallega de 42 años, natural de Chapela.

El caballo es como un vehículo que permite moverse de forma más fácil por los montes

Ruth Fernández

— Policía

Durante la Operación Lumes, este equipo especializado de la Policía cuenta con dos bases en Galicia, una en Santiago y otra en Pontevedra, con seis caballos en cada uno de los destacamentos, y nueve agentes en Compostela y once en la base pontevedresa. El objetivo fundamental de su despliegue es prevenir.

«Nos resulta más fácil visualizar el humo, intentamos estar en zonas altas para divisar y, si es necesario, avisar lo más rápido posible», indica esta policía. «Como gallega, cada vez que veo arder el monte lo vivo con dolor», afirma Ruth. Durante los servicios se apoyan en la información sobre el terreno que aportan profesionales de los equipos de prevención y de extinción de la Xunta, tanto brigadas como agentes forestales. «Siempre intentamos preguntar por los puntos más conflictivos, que suelen arder. Nos interesamos por esos lugares para hacer el mejor trabajo posible».

La presencia en el medio ahuyenta a los delincuentes. «Lo notamos», corrobora Fernández. «No suele darse el caso de que prenda en los montes en los que estamos patrullando», observa Ruth.

El grupo desplegado en Ourense estos días, junto al camión policial en el que transportan los caballos.

El grupo desplegado en Ourense estos días, junto al camión policial en el que transportan los caballos. / Brevebretema

Entre la vegetación tupida, en las laderas con desnivel, «el caballo es como un vehículo que permite moverse de forma más fácil por los montes», corrobora la agente. A lomos de los equinos, en una posición con mayor altura con respecto a lo que es posible divisar a pie, en un coche o en una moto, se amplía el horizonte de observación y, por tanto, el trabajo preventivo se convierte en más eficiente. «Controlamos vehículos de los que podamos sospechar, o si vemos alguna persona por el monte cuya presencia nos resulte extraña. Identificamos vehículos y personas, de manera que tengamos esa información como base si luego hay un problema por esa zona», indica esta policía.

El caballo no es como un perro, pero te conoce y confía en quien lo monta. Tú también confías en él

En un servicio diario los caballos son capaces de recorrer veinte e incluso más kilómetros de distancia. El tránsito por zonas de monte con fuentes y ríos ofrece a los animales refugios contra el calor y lugares para reposar, abrevar y refrescarse.

El trabajo para los animales se vuelve más exigente en las jornadas de calor extremo, cada vez más habituales en el verano de Ourense. «Siempre les llevamos agua, intentamos refugiarlos entre la arboleda, hacemos descansos, los alimentamos, y además en Galicia hay gente muy amable que nos ofrece agua e incluso lugares para soltarlos y que puedan descansar y estar a la sombra. Cada animal está a cargo de cada jinete y nos preocupamos por su bienestar», describe Fernández.

El agente ourensano Emilio Rodríguez desciende del camión policial con uno de los equinos de la unidad.

El agente ourensano Emilio Rodríguez desciende del camión policial con uno de los equinos de la unidad. / Brevebretema

La mayoría de los equinos de la unidad pertenece a la pura raza española, que destaca por su carácter tranquilo. Son animales cedidos a la Policía por el Ejército; provienen de la cría caballar militar. Este lunes, con la ciudad de Ourense al fondo, recorrían los montes entre la ciudad y O Pereiro de Aguiar Legua, Ureña, Hereje y Solana (esta última, una yegua de raza frisona).

«El caballo no es como un perro, pero te conoce y confía en quien lo monta. Tú también confías en él. En estos años he tenido dos caballos y les coges cariño; le das paz y tranquilidad, para prepararlos para momentos de más estrés en el trabajo».

En operativos de control de masas en partidos de fútbol, con la presencia en ocasiones de aficiones ultra de algunos equipos, el nivel de tensión aumenta, «pero ellos se dejan guiar. Están acostumbrados porque nosotros entrenamos mucho esas situaciones. Saben que es un momento de estrés pero que no va a pasar nada», observa la especialista.

Son animales habituados al ámbito urbano, lo que produce en ocasiones situaciones curiosas, cuando cambian de escenario. Algunos se comportan más extrañados en el entorno natural. «Depende del animal. Hay algunos que ven un autobús pasando a su lado y no se asustan, porque están habituados a la ciudad. Y, de repente, ven algo del campo y les sorprende», dice Fernández.

Al final de la entrevista, cuando termina también la parte matinal de la jornada policial, una vecina de Santomé abre la puerta de su casa y ofrece cubos con agua a los animales. Los agentes de cuatro patas agradecen ese momento y mitigan el calor ourensano. Más tarde retoman su labor, clave en la prevención del fuego, la amenaza de cada verano.

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