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Gira por 'Lugares Máxicos'

Carlos Núñez: «Galicia es un lugar que hace soñar; está tocada por una varita mágica»

«Los gaiteiros han sufrido una especie de bullying social, han sido muy criticados; quizá eso nos ha hecho más fuertes»

«Es un privilegio reencontrarnos en estos conciertos con gente que viene de Argentina, Venezuela o México; formamos una gran irmandade»

«Echo de menos las giras internacionales; el año que viene volveremos a Nueva Zelanda, Australia y América»

Concierto de Carlos Núñez en 2025 en Oseira. Regresa al monasterio de Cea con un concierto el 26 de julio.

Concierto de Carlos Núñez en 2025 en Oseira. Regresa al monasterio de Cea con un concierto el 26 de julio. / Iñaki Osorio

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Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

Carlos Núñez Muñoz (Vigo, 1971) es un artista que ha cumplido 55 años y acumula cuatro décadas de trayectoria en la música. Uno de los gallegos más conocidos en el mundo sigue siendo aquel niño de 12 años que fue invitado a tocar como solista con la Orquesta Sinfónica de Lorient; el mismo que a los 18 grabó por primera vez con The Chieftains, la banda que le cambió la vida. La fascinación con la música del principio todavía habita en él. «Cada vez que subo al escenario tengo ilusión, y la sensación de ser como un adolescente. Seguramente porque fue muy difícil lograr este sueño», confiesa. «Esta música genera un punch de energía, es un gran misterio guardado por Galicia y los países celtas». Este miércoles toca con su banda en el Parador de Baiona, en la primera parada en Galicia de la gira ‘Lugares Máxicos’. Son enclaves emblemáticos que, por su historia y paisajes monumentales, ofrecen un escenario incomparable para la música del gaitero y flautista vigués. En la provincia de Ourense, los monasterios de Oseira (26 de julio) y Celanova (3 de agosto) acogen dos directos de esta ruta de verano. Entradas a la venta en ataquilla.com.

¿Qué factor diferencial aporta tocar en los escenarios de esta gira, repletos de historia y mística?

Durante una gira por California celebramos un concierto en unas bodegas y vimos cómo los americanos disfrutaban del concepto de un concierto bajo las viñas, haciendo de la puesta del sol parte del espectáculo. Aprendimos esa lección. En lugares como Ourense, con historia y una gente maravillosa y con mucha sabiduría, este concepto es un éxito. Recuerdo que desde muy joven escuchaba hablar del monasterio de Oseira, un lugar mítico que podemos sentir nuestra casa un día al año. Lo mismo sucede en Celanova, a la que llamo la Viena de Galicia, por su gran tradición de las bandas de música.

Con Celanova te une una historia personal: la partida de tu bisabuelo José María a Brasil, en 1901.

Totalmente. En mi familia paterna, de A Mezquita, fueron pioneros con las bandas de música. Combinaban ser agricultores y andar con las vacas con leer partituras de toda Europa. Irse de Celanova a Brasil, como mi bisabuelo, era en aquella época poco menos que irse a vivir a la Luna.

Oseira es un escenario para vivir una experiencia en la que estás flotando y soñando. Es un regalo tocar allí, haciendo un recorrido por músicas históricas. Hacemos de Oseira un lugar onírico en el que el sonido nos envuelve en 360 grados

Estos conciertos cierran el círculo, sentimentalmente hablando, para emigrantes retornados que, entre el público, pueden disfrutar de la vuelta a Galicia con tu música, en un regreso a casa, a la raíz.

Es un privilegio, es como sentir que de pronto nos reencontramos una gran familia, con gente que viene de Argentina, de Venezuela, de México o Madrid. Nos juntamos para formar una gran irmandade, todos somos felices. Es especial.

La iglesia de Oseira y el claustro barroco de Celanova se convierten en cajas de resonancia . ¿Qué ofrecen estos escenarios en sonoridad?

Cada lugar marca la atmósfera de un concierto. No es lo mismo tocar en el Musikverein de Viena, un teatro con una rever natural, con los asientos flotantes, donde todo vibra y que está pensado para una orquesta sinfónica, que en el García Barbón de Vigo, un teatro perfecto para ser amplificado. Y no es lo mismo tocar en una catedral que en el claustro de Celanova. Es un lugar que nos permite hacer un viaje musical entre la parte sacra del lugar y la fiesta del concierto, en el que la gente acaba subiendo al escenario. Celanova nos permite un amplio abanico de emociones. Oseira es un escenario para vivir una experiencia en la que estás flotando y soñando. Es un regalo tocar allí, haciendo un recorrido por músicas históricas. Hacemos de Oseira un lugar onírico en el que el sonido nos envuelve en 360 grados. Además, vamos a tener unos aliados de excepción: la Banda de Gaitas de Cea.

Me da pena ver que en Galicia continuamente se está haciendo el esfuerzo de crear marcas nuevas tras un cambio político, me parece una pérdida de energía. Es importante ser fieles a nosotros mismos

Tras una larga carrera, ¿qué nuevos horizontes te planteas?

Después de los años de constricción por la pandemia, en la que hasta los conciertos eran por streaming, creo que hay mayor necesidad de sentir experiencias orgánicas. humanas. Lo que más me apetece es compartir con la gente más joven esa experiencia vital que suponen los conciertos, así como retomar las giras internacionales, que echo mucho de menos. El año que viene volveremos a Nueva Zelanda, Australia, América Latina, y creo que también a Estados Unidos y Canadá.

Antes, este mismo verano, volverás a Lorient para ofrecer dos conciertos en un mismo día.

Para los músicos celtas, Lorient es como La Scala de Milán para un tenor de ópera. Es la capital de todos los celtas del mundo, un festival que ha apostado por la calidad y la excelencia. Recibe un millón de espectadores de toda Francia y de otros países. Lorient es un ejemplo de una ciudad fiel a su marca; lo echo de menos en Galicia. Me da pena ver que aquí continuamente se está haciendo el esfuerzo de crear marcas nuevas tras un cambio político, me parece una pérdida de energía. Es importante ser fieles a nosotros mismos.

Carlos Núñez, en una imagen promocional.

Carlos Núñez, en una imagen promocional. / Kiko de Castro

No hay que tener miedo de hacer cosas a lo grande

Hay canciones de gaita con el poder de resonar en estadios.

Me costó años aprender a construir ese tipo de himnos y sonoridades. El productor de Coldplay y U2, Brian Eno, me contó que en el pop se inventaron los stadium sounds, uno de cuyos pioneros fueron los Dire Straits. Eso llegó a la música celta a finales de los noventa. Recuerdo que al principio nos costaba, no nos salía tan fácil. Dediqué muchos años a aprender, con personas como Dan Ar Braz, y con la herencia del pop y el rock en las músicas celtas, como Paul McCartney en la canción ‘Mull of Kintyre’. Mark Knopfler también apreciaba muchos elementos celtas en el rock y el pop. Ha sido un camino de ida y vuelta. Y ese sonido de los grandes himnos me parece una conquista maravillosa. No hay que tener miedo de hacer cosas a lo grande.

¿Cómo ves la situación actual de la música creada en Galicia?

Galicia está tocada por una varita mágica, es un lugar que hace soñar. En los noventa hubo un gran bum de la gaita y recientemente se pusieron más de moda las pandereteiras. Me alegro mucho de que llegase un momento de popularidad para la pandereta. En cambio, me da pena que los gaiteiros hayan sufrido una especie de bullying social. Han sido muy criticados sobre cómo tienen que ser la morfología y el repertorio de la gaita: ‘Ojo con cómo pones la ronquilla; ojo si los bordones van hacia arriba o de lado’. Ha habido críticas implacables incluso a chavales muy jóvenes que, con toda la ilusión, continúan una tradición de más de mil años. Quizás eso nos ha hecho fuertes. A veces, cuando las cosas se critican mucho es porque importan mucho.

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