Entrevista | Rubén González Estudiante en la UNED de Ourense
«Perdí la vista hace seis años, pero no dejé que la ceguera frenara mi vida y estudio en la UNED de Ourense mi tercer grado universitario»
Este ourensano de 51 años que tuvo que dejar su profesión de docente a causa de una dolencia visual congénita, estudia Turismo en la Universidad a Distancia gracias a un software que convierte textos en archivos de voz
«No se debe de perder el tiempo. La vida te reparte unas cartas determinadas y tu obligación es jugarlas lo mejor posible en lugar de lamentarte porque no te tocaron los ases», aconseja

Rubén González, en la Praza do Ferro de Ourense / Iñaki Osorio
Tras una vida dedicada a la docencia en universidad y FP y con dos titulaciones universitarias a sus espaldas, Administración de Empresas en la USC y Económicas, en 2020 la Administración lo jubiló de oficio al perder prácticamente la totalidad de su visión por una retinosis pigmentaria. Lejos de arrojarse al sofá, y con el apoyo de la ONCE y el empuje de su esposa Irene, hoy cursa Grado en Turismo por la UNED en Ourense —su tercera carrera— demostrando que aquel diagnóstico «no ha podido frenar mi vida ni mis ganas de seguir aprendiendo» . La complicidad única con su mujer Irene, –ambos consideran al otro su verdadero bastón emocional y físico – así como el de familia y amigos hacen del ourensano Rubén González, a sus 51 años, un hombre pleno con un incesante afán de saber.
Hasta hace unos pocos años era docente en activo. ¿En qué momento se produce el corte definitivo con su profesión?
Fue en el año 2020. La Administración me jubiló de oficio porque ya había perdido prácticamente el 100% de la visión. Yo tenía entonces 45 años. Realmente me queda una visión residual muy pequeña, entre un 5 y un 10%, pero va por días. Hoy, por ejemplo, no te veo la cara; percibo si hay luz o penumbra, pero no tengo definición de formas.
¿Cómo fue el proceso de diagnosticar y convivir con una enfermedad tan progresiva?
Lo mío es una retinosis pigmentaria, una condición genética en la que las neuronas de la retina van muriendo gradualmente. A mí me lo diagnosticaron en la adolescencia. Ante un diagnóstico así tienes dos opciones: o planificas tu vida pensando que es el fin o sigues viviendo hasta que pase. Yo opté por lo segundo. Tuve la suerte de que la pérdida fue lenta, aunque tuve contratiempos graves. A los 20 años sufrí un desprendimiento de retina severo del que me operaron en Santiago de Compostela los doctores Lorente y Landaluce, que me la dejaron fantástica. Más tarde, hacia los treinta años, vinieron operaciones de cataratas prematuras. Mis ojos han dado bastante trabajo, pero no permití que frenaran mi vida.
Sorprende ver cómo encajó el golpe desde joven e incluso con 18 años decide sacar el carné de conducir aunque luego tomara, como en todo, una reacción muy consciente
(Ríe) Sí, fue una decisión un poco aberrante al principio, le di el «palo» a mis padres para pagarlo. Pero duré tres meses al volante. Me di cuenta de que sufría un decalaje muy peligroso en la visión nocturna y al acomodar la vista en los túneles. Por responsabilidad hacia los demás y por mí mismo, dejé de conducir inmediatamente.
Su currículum académico antes de la pérdida total ya era impecable: Empresariales en Ourense, Licenciatura en ADE en Santiago, oposiciones aprobadas en Madrid y luego la Licenciatura en Economía por la UNED, idiomas...
Cuando aprobé la oposición me destinaron a la Comunidad de Madrid a dar clases de Administración de Empresas en FP Superior. Como Irene y yo nos conocíamos desde 1998 y viajaba casi todos los fines de semana en tren para verla, aprovechaba los trayectos. Me cogía los libros de la UNED y me los leía en el vagón. Así saqué Economía. Luego vinieron un Máster en Dirección de Empresas y otro en Asesoramiento Financiero. Siempre he sido un hombre inquieto y con mucha curiosidad.
En 2020 tras esa jubilación forzosa, decide matricularse en Turismo. ¿Cómo nace esa decisión?
La chispa la encendió Irene. Me dijo: «No te puedes quedar en el sofá, tienes que hacer cosas». Ya había tenido un conato de estudiar Turismo e Italiano tiempo atrás pero lo tuve que parar por las cataratas. Así que en el curso 2022-2023 retomé el Grado en Turismo en la UNED. Ahora voy a mi ritmo, por asignaturas, sin la presión de colgar títulos ni de certificar para trabajar. Estudio simplemente por el placer de aprender y por pura curiosidad.
¿Cómo es el proceso técnico para estudiar una carrera universitaria sin capacidad visual?
El braille a cierta edad es una maratón compleja. Yo me apoyo en la tecnología y en la ONCE, que hace una labor impresionante de adaptación y acompañamiento. Utilizo una tablet iPad de formato grande y un Mac con software de síntesis de voz que convierte los textos en audio. Además, me apoyo mucho en herramientas de Inteligencia Artificial como NotebookLM. Le cargo los archivos del temario y la aplicación me genera clases sintetizadas en voz, cuestionarios de autoevaluación y resúmenes.
¿Y a la hora de hacer los exámenes?
La mente es tremendamente plástica. Igual que de niño aprendes a conectar la mano con el cerebro haciendo esquemas visuales, de adulto tienes que entrenar a tu cerebro para captar y seleccionar la información a través del oído. En los exámenes de la UNED utilizo mi ordenador: el sistema me lee las preguntas por auriculares y yo voy escribiendo las respuestas en el teclado. La propia síntesis de voz me va dictando carácter por carácter lo que redacto para asegurarme de que no hay errores.
Menciona mucho a su entorno. En su historia el factor humano parece haber sido decisivo.
Absolutamente. Yo no creo en las historias de héroes solitarios. Para salir adelante necesitas apoyos. En mi vida hay tres pilares fundamentales: mi familia, mis amigos —que han estado siempre ahí adaptándose a todo— y, de manera especial, Irene. Llevamos 28 años juntos (20 de ellos intentando convencernos de casarnos hasta que lo hicimos en Roma en 2018). Tenemos una simbiosis perfecta. Es la única persona en cuya compañía no preciso utilizar el bastón.
Para alguien que ha perdido la vista ya de adulto, ¿cómo se adapta uno tras el «fundido a negro» para seguir viendo el mundo con otros sentidos ?
Eso de que al quedarte ciego desarrollas superpoderes o un oído místico es un mito de ficción. Simplemente prestas más atención. Al perder la vista gradualmente, hay un día en que te sientas en una terraza con tus amigos y ya no les ves la cara. Pero no pasa nada, porque los tienes guardados en tu memoria. ¡Lo bueno es que para mí mis amigos no envejecen, los tengo a todos congelados con la cara que tenían a los 40 años! (ríe).
¿Qué mensaje le daría a una sociedad en la que, a menudo, nos hundimos ante nimiedades?
Que no desperdicien el tiempo. Desgraciadamente, cuando te das cuenta del valor que tiene el tiempo a veces ya es tarde. La vida te reparte unas cartas determinadas y tu obligación es jugarlas lo mejor posible. En lugar de lamentarte porque no te tocaron los ases; saca el máximo partido a la mano que tienes.
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