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Campamentos de verano

Regresa el campamento de verano de la parroquia Pío X después de siete años

Tras un parón a causa de la pandemia en el año 2019, la parroquia de MariñamansaSan Pío X ha podido recuperar su campamento de verano en San Vicente do Grove, en el que participan una veintena de jóvenes

Una oportunidad que para algunos participantes supuso ver el mar por primera vez.

Una oportunidad que para algunos participantes supuso ver el mar por primera vez. / FdV

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Antía Gallega

Antía Gallega

La parroquia de San Pío X en Mariñamansa (Avenida de Zamora, 98) por fin pudo recuperar su campamento de verano tras siete años. Una situación que vino dada por la pandemia, y que su párroco, Luis Rodríguez, admite que era una «espinita» ya que es una de las actividades que más se acusa para muchas de las familias que se acercan a la parroquia. «Llevábamos 18 años realizando este campamento y bueno, este año nos hemos decidido y nos hemos lanzado», comenta Rodríguez.

Así, se alegran de poder presentar de nuevo su campamento en una casa situada muy cerca de la playa, en San Vicente do Grove, que llega a su término en esta jornada domingo en una versión reducida con una veintena de jóvenes con edades comprendidas entre los 9 y 13 años, acompañados por cinco monitores voluntarios.El campamento, además, invitó tanto el primer como el último día a las familias de los participantes para que «puedan ver la casa, las actividades, que vean que los niños están bien y tengan la oportunidad de disfrutar todos en familia», explica el párroco, ya que se encuentran en un entorno que ofrece «unas condiciones ideales para la convivencia». De hecho, algunos de los participantes vieron el mar por primera vez durante estos días, una experiencia que considera «especialmente emocionante».

Varios de los participantes en San Vicente do Grove.

Varios de los participantes en San Vicente do Grove. / FdV

Se trata de una de las muchas propuestas de trabajo social que ofrece la parroquia de San Pío X en el barrio de Mariñamansa. Una zona, recuerda el sacerdote, de tradición obrera en la que conviven familias de diversa índole económica y que cuenta también con un núcleo importante de población migrante, por lo que considera que una de las principales responsabilidades de la comunidad cristiana es acompañar y apoyar a las personas de esta comunidad a través de estas iniciativas, especialmente, para quienes estén en situación de vulnerabilidad.

De esta manera y mediante el apoyo de trabajadoras sociales de la Cáritas Diocesana, aseguran que todo el mundo pueda optar a este tipo de iniciativas, independientemente de su recursos económicos. Además, Rodríguez recuerda que abarcan todas las edades de modo que nadie se quede fuera. Ofreciendo, por ejemplo, desde un taller semanal de ayuda a la memoria y acompañamiento para mayores (que reúne a más de una treintena de participantes), un servicio de apoyo escolar, un ropero solidario, viajes al extranjero autofinanciados o el reparto mensual de alimentos y los distintos servicios de acogida y orientación que presta Cáritas.

El párroco subraya que todas estas iniciativas responden a una misma idea: que la parroquia sea una institución abierta al barrio, implicada en su vida cotidiana y al servicio de sus vecinos, colaborando con asociaciones y ofreciendo sus espacios siempre que sea necesario.

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