Emigrante retornada
De México a Beariz para quedarse a vivir: el viaje de vuelta «al lugar feliz» de Vanessa Lorenzo, un pueblo de 90 habitantes
La joven llegó desde el país azteca con una beca académica a sus 25 años y terminó echando raíces en la aldea de sus abuelos, Muradás, donde hoy, a sus 31, combina su carrera con la vida en el rural

Vanessa Lorenzo, a la derecha, junto a sus abuelos, María del Pilar Ogando y Julio Lorenzo, ante la iglesia de Muradás. / Cedida
Para muchos, el verano gallego es un paréntesis de verbenas, reencuentros y noches que se alargan hasta el alba. Para Vanessa Lorenzo, nacida en España pero criada en México, Beariz era exactamente eso: el refugio estival donde exprimía cada segundo antes de regresar a su realidad al otro lado del océano Atlántico.
Sin embargo, la vida, a veces, tiene planes que no caben en una maleta de vacaciones. «Yo estaba pensando venir a vivir una temporada a Galicia, quería saber cómo era esto todo el año, no solo en los meses de verano. Mis amigos lo sabían y en el año 2020 uno de ellos me comentó la existencia de las Becas Excelencia Mocidade Exterior, un programa de la Xunta de Galicia por el que podías conseguir una beca para estudiar un máster aquí», cuenta Lorenzo.
Ella fue una de las beneficiadas, pero con los billetes de avión bajo el brazo estalló la pandemia del covid-19. «En mi mente tenía la esperanza de vivir un Erasmus y lo que viví fue un Erasmus, pero cutre», resume más de un lustro después y tras una experiencia que aún con restricciones, mascarillas, aislamiento y poca gente, germinó una idea nueva: que la estancia no fuese solo por un año.
En ese azaroso viaje, Vanessa regresó a Beariz acompañada de las personas que componen sus raíces gallegas: sus abuelos. Julio Lorenzo y María del Pilar Ogando querían acompañarla en su aventura española porque «soy hija única y nieta única», resume ella.
Al lado de sus abuelos y en su casa de la parroquia de Muradás, la idea de regresar a México en 365 días se fue diluyendo y lo que iba a ser una estancia académica se acabó convirtiendo en un cambio de vida radical y en tres nuevos vecinos censados en el concello de Beariz, en una parroquia que alcanza los 90 habitantes.
Pero el destino intervino y lo hizo en forma de diagnóstico médico. Mientras ella, graduada en Ingeniería en Tecnologías Interactivas y Animación Digital en México, ampliaba sus estudios con el máster de Dirección de Arte para Publicidad de la Universidad de Vigo, a su abuela le diagnosticaban un cáncer que operaron «de emergencia».
«Si había algún tipo de duda ahí ya no la hubo. Me obligué a quedarme, adopté un poco la tarea de cuidadora de mis abuelos, que también cuidaron de mí», explica a sus 31 años, asentada en el concello y ya con la madurez que contrasta con la imagen de la joven que veía en tierras gallegas un «mítico verano de fiesta».
Hoy en su treintena, Vanessa es una excepción demográfica en un pueblo que en invierno «puede llegar a parecer casi muerto» pese a su censo. «Ahora es verano y ves a todo el mundo, de hecho yo ya casi soy de las mayores, porque hay mucha nueva generación», bromea antes de añadir que, pese a ello, «el resto del año somos muy pocos y nos conocemos todos».
Vigilancia contra el fuego
Vivir en la montaña ourensana no le ha impedido desarrollar su carrera. Vanessa combina el teletrabajo para una empresa de ciberseguridad en Madrid con un empleo vital para la comarca:es emisorista de radio en la base del aeródromo de Beariz, enDoade, donde coordina las avionetas que combaten los incendios forestales. Un trabajo de gran importancia para la provincia que vivió el pasado verano la peor ola de incendios desde que hay registros, y un trabajo al que está muy agradecida porque «me permite seguir aquí, con mis abuelos en el pueblo».
Es desde allí desde donde aconseja vivir en el rural: «no vamos a negar las ventajas que tienen las ciudades, las oportunidades de ocio, las comunicaciones...Pues igual son cosas que no pueden encontrar en ayuntamientos más pequeños, pero estos tienen otras cosas que ofrecer, la naturaleza es una de ellas, la tienes que cambiar por una tarde de compras, pero otra aún más importante es la cercanía, aquí si eres sociable te hablas con todo el mundo», manifiesta.
El secreto: hacer comunidad
Ese es el consejo que da a quien, como ella, quiera abandonar una gran ciudad y vivir en un concello del rural, «no encerrarse en el pueblo, pero sí hacer vida en él. Conocer a la gente, tratar con los vecinos...A mí me da igual pasar el invierno hablando con los señores de 80 años, que el verano con los niños de 8. Es más, estas semanas con el Mundial en juego la edad ni siquiera importa, hables con quien hables es el tema de conversación», expone Vanessa.
En su caso la socialización tiene un punto neurálgico, «en Beariz tenemos suerte en el bar, sabes que allí siempre hay alguien para hablar y nos juntamos todos», dice. «El punto es, aunque estés en el pueblo, no encerrarte», afirma convencida de que las distancias no son un obstáculo si se habla de gente joven porque «tener carnet facilita las cosas y tener coche es necesario, pero la gente joven suele tenerlo», valora. Además, alaba los servicios de su concello, «en la aldea no, pero en Beariz, Beariz, hay gimnasio y hay supermercado. Son pequeñitos, pero cumplen su función», estima.
Aunque reconoce que ciudades como Vigo o Pontevedra se pasaron por su mente para convertirse en destinos finales, es en Muradás donde ha encontrado su equilibrio, demostrando que el retorno no es solo una cifra en las estadísticas y no tiene porqué durar solo los meses de verano. Puede convertirse en una historia de amor a las raíces y a la familia porque, en palabras de Vanessa, «el pueblo siempre es el pueblo y siempre vas a querer volver porque es como tu lugar feliz y para mí puede serlo todo el año».
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