Creación artística
Un sueño, el coche de un abuelo y una crítica al consumismo: las historias que llenan de color la Sala Valente de Ourense
La novena edición de Cromática, Bienal de Pintura Xove, presenta una selección de 48 obras que exploran temas desde la identidad y la salud mental hasta la transformación personal

Imagen: Brevebretema / Edición: Eli Regueira
Hay quien pinta un sueño del que no consigue desprenderse, quien convierte el coche de su abuelo en un refugio contra el olvido y quien cuestiona el consumismo a través de un Sagrado Corazón rodeado de juguetes. Esa son algunas de las historias que desde este viernes llenan las paredes del Centro Cultural José Ángel Valente con motivo de la novena edición de Cromática, Bienal de Pintura Xove, un certamen que reúne en Ourense 48 obras de artistas noveles de España, México y Alemania.
Hasta el 11 de septiembre, la ciudad vuelve a convertirse así en escaparate para la creación emergente con una edición que mantiene una de sus principales señas de identidad: aquí no hay una selección previa de las piezas. Son los propios artistas quienes deciden con qué obra quieren presentarse al público y al jurado.
La mente como inspiración
Para Esther Montserrat, llegada desde Valencia con 20 años recién cumplidos, la cita tiene un significado especial. Después de presentarse a varios certámenes, esta es la primera vez que una de sus obras resulta seleccionada. «Traigo a Ourense un cuadro sin título, pero de mi serie R3M. Son obras inspiradas en sueños, porque quería trasladar a lo físico lo onírico. En este caso es un sueño mío, cuando me desperté recordaba una sensación de agobio, la mirada de una mujer y un intenso azul que no se desvanecía, eso es lo que se ve aquí, es una expresión de mi imaginario», comentaba la valenciana que reconocía que se ha presentado a múltiples concursos, pero fue esta la primera vez que recibió un sí. «Hasta que he llegado aquí y he visto mi obra colgada no me lo creía, imagina que llega a ser una estafa», bromeaba durante la inauguración.
Más experiencia tiene el mexicano Hernán Troyo. Afincado en Madrid desde la pandemia esta es la segunda vez que visita Ourense, las dos con motivo de esta exposición en la Sala Valente. En esta ocasión presenta Metanoia, «una invitación a cambiar la forma de entender el propio proceso creativo. Frente a la idea del artista condenado a sufrir para crear, defiende justo lo contrario: disfrutar del proceso hace que todo sea mucho más productivo», explicaba ante la obra que se puede ver nada más subir las escaleras del centro cultural. Un lienzo de grandes dimensiones y tonos azules que «pretende inspirar a aceptar que un pensamiento positivo tiene la misma fuerza que uno negativo, pero tenemos que dejarle que tenga, sino más, el mismo impacto».
Críticas y recuerdos
La reflexión social llega de la mano de la pontevedresa Mónica Pintos. Su obra, «Gracias por darme algo en lo que creer», combina símbolos religiosos con juguetes para cuestionar el consumismo y los mecanismos de control sobre la sociedad. «Solo pretendo que quien la vea se haga alguna pregunta sobre cómo estamos funcionando como sociedad», resumía una artista que pese a su corta edad ya tiene proyección, fue ganadora del Xuventude Crea en el año 2022.
Muy distinta es la propuesta de la alicantina Sandra Tortosa. Su lienzo retrata un recuerdo de infancia junto a su abuelo y un coche familiar que hoy es ella la que lo sigue conduciendo. Ese vehículo, explica, se ha convertido en un archivo emocional desde el que reconstruir la memoria de quien ya no está. «Cada vez que me subo siento que sigue acompañándome porque teníamos muy buena relación y eso es lo que quería trasladar en un cuadro que va a formar parte de una serie más larga que recopilará tres etapas: la infancia, la pérdida y el presente», confesaba.
Son solo algunos de los ejemplos de una exposición que reúne investigaciones plásticas muy diversas, desde el realismo hasta la abstracción, reflejando las preocupaciones y lenguajes de una generación que utiliza la pintura para hablar de identidad, salud mental, relaciones familiares o transformación personal. Un lenguaje que en esta exposición tiene premio: esta edición incorpora cinco accésits de 300 euros, además del premio del jurado, dotado con 1.000 euros, y del premio del público, de 400. El fallo se conocerá antes de que finalice julio para que las obras distinguidas permanezcan identificadas durante todo el mes de agosto.
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