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Vivir sin techo

«Hay que seguir, hay que luchar»: testimonios de vivir en la calle que arde

En plena ola de calor es inevitable buscar algún refugio ante las altas temperaturas. Sin embargo, la misión se torna en un casi imposible para aquellas personas sin hogar que viven en la calle

Carmen posa con su abanico y sus maletas.

Carmen posa con su abanico y sus maletas. / Brevebretema

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Antía Gallega

Antía Gallega

No hay novedades con respecto al calor de estos días. Apenas se puede pasear por Ourense, especialmente en las horas centrales del día, y quien lo hace sabe que ha de ir provisto: agua, gorra, abanico… Los imprescindibles para evitar cualquier susto, puesto que las cifras del termómetro no son las únicas que asustan estos días. 

Solo en la península ibérica han muerto, al menos, 1.433 personas según MoMo, el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria a cargo de la Universidad Carlos III de Madrid y el Ministerio de Sanidad del Gobierno de España desde el pasado 1 de junio.

Las causas de la ola de calor son claras, lo mismo que las pequeñas medidas que toma el ciudadano de a pie en su día a día tales como dormir con un ventilador por las noches a los pies de la cama. Pero, ¿y si no hay ventilador? ¿Y si, directamente, no hay cama?

Paulo, un hombre sin techo que vive por las calles de Ourense, admite que lo lleva «fatal» mientras se deja caer, abatido, en un banco del parque San Lázaro mientras apoya su carrito al lado,el cual «pesa o molesta, pero…» se señala el ojo con el dedo, insinuante, «hay que tener cuidado». Explica que duerme donde puede, no tiene un sitio fijo aunque trata de variar entre los bancos del parque y los que ofrecen un cajero automático abierto y que «estar a más de cuarenta grados es inhumano»

No muy lejos, en la fachada de San Eufemia se puede ver a Edilson cargando una mochila y una caja de cartón, aunque él prefiere que le digan «el niño». 

«Lo llevo bastante mal, me agoto», reconoce también mientras se sienta para hablar. Explica que suele dormir en la Molinera y critica que haya tantos espacios vacios que nadie pueda usar. «Podrían ser un comedor, o un sitio para descansar», señala. 

Al preguntarle cómo trata de protegerse de los golpes de calor, abre la mochila y enseña lo que lleva hoy, lo que ha conseguido. «Chocolate, unas vitaminas, agua… Lo que sea», indica. «Si pido en la calle no es porque tenga ganas de pedir… Pero pedir es mejor que robar». 

Carmen: «Aún con este calor en la maleta la comida no aguanta tan mal»

Calle abajo, en su sitio habitual, se encuentra Carmen con sus maletas y su vaso de plástico de kuromi en el suelo. Ella parece más animada que el resto, aunque solo sea por poder charlar un rato. Esta mujer relata cómo va por la mañana temprano al supermercado a comprar todos los días que puede, por lo menos, una barra de pan que guarda en la maleta. «Aún con este calor en la maleta la comida no aguanta tan mal», ríe. 

«Cuando está mucho el sol me muevo, porque no se puede. Me voy al parque y estoy ahí hasta que se va el sol otra vez», comenta haciendo referencia a los jardines del Padre Feijoó, su zona de confort ya que duerme a escasos metros, en la entrada de la antigua oficina de turismo. Otro espacio vacío de la ciudad sin aprovechar más que por su entrada, donde se ubica Carmen con sus maletas y un amago de cama.

«Baja mucha gente del botellón, pero a veces me dejan algo... Bueno, debajo de las ropas, porque saben sino me lo quitan y algunas mañanas me despierto, ¡lo veo y ay!», se contenta Carmen. Asegura que el invierno es mejor, que de la lluvia es más fácil escapar y que el calor no le gusta. Pero que vivir en la calle «es así, hay que seguir, hay que luchar», defiende Carmen.

Las altas temperaturas por fin comienzan a remitir de cara al fin de semana con máximas que apuntan a los 36 o 37 grados el sábado, y mínimas que no se preveen menores a los 17 grados, según la AEMET (Agencia Española de Meteorología).

Números que bajan, de momento, puesto que se espera que más olas de calor se sucedan a lo largo de este verano dejando otra vez cifras que asustan. Cifras tanto por la parte del mercurio que asciende, como del balance de muertes del Ministerio. Se precisan medidas contra el cambio climático y reconocer que detrás de esos números, existen personas que padecen el calor más que otras, con el riesgo que eso conlleva.

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