María Tajes Jefa de Psiquiatría del CHUO
"La adicción a redes y pantallas genera un «falso acompañamiento» que agudiza el aislamiento del individuo: hay que volver a las relaciones reales"
La jefa de Psiquiatría del CHUO alerta de que en ese aumento de las bajas laborales en especial en el espectro más joven con cuadros de ansiedad, estrés o baja autoestima, subyace un uso inadecuado de estas tecnologías
Ante la influencia de estas tecnologías en etapas de maduración cognitiva, propone «retrasar al máximo la entrega del primer dispositivo móvil inteligente a los menores, aplicar un control parental exquisito y respetuoso»

María Tajes, Jefa Servicio Psiquiatría Complejo Hospitalario de Ourense, Valdeorras y Verín / Iñaki Osorio
Las cifras de Incapacidad Temporal (IT) por temas relacionados con salud mental se han disparado en especial en las franjas de 16 a 35 años . ¿Qué patologías se están encontrando ustedes en el servicio de Psiquiatría que dirige?
Es una realidad innegable con un incremento sostenido en los últimos años, de personas en esa franja de edad entre los 18 y los 30 años, ampliada en algunos foros laborales hasta los 35, con un matiz clínico esencial: no hablamos de un brote de trastornos psiquiátricos graves de base genética o endógena. Lo que saturan nuestras consultas son problemas vinculados a la gestión del entorno actual y a la falta de herramientas para afrontar la frustración o la incertidumbre. Vemos, sobre todo, trastornos de ansiedad generalizada, reacciones al estrés crónico y trastornos de adaptación ante los primeros retos del mundo laboral. También nos encontramos con cuadros depresivos y con jóvenes que presentan trastornos del neurodesarrollo que fueron diagnosticados y contenidos durante la infancia pero que, al dar el salto a la exigente e impersonal vida adulta, encallan por completo.
Usted ha aportado sus consejos, como psiquiatra, al observatorio sobre salud mental y laboral realizado por la CEO, preocupada esta por ese gran número de bajas laborales por cuadros de estrés o ansiedad. ¿La adicción a las redes y pantallas subyace en algunas de las patologías que atiende?
Si, porque las redes sociales promocionan la bandera de la hiperconectividad y el acercamiento global, pero clínicamente lo que observamos que a menudo actúan de forma inversa, agudizando el aislamiento real de las personas. Generan lo que definimos como una «sensación de falso acompañamiento». Este sucedáneo digital desplaza de forma silenciosa el tiempo que históricamente dedicábamos a las relaciones interpersonales directas, al cara a cara. Esas interacciones reales, con sus pausas, sus silencios y sus roces, son el verdadero colchón amortiguador y de soporte emocional cuando las cosas se ponen difíciles en la vida. Si sustituyes ese soporte por interacciones virtuales, el individuo se queda desprotegido ante la frustración real de un entorno laboral donde los resultados no llegan con un clik. A este aislamiento encubierto se le suma el impacto destructivo de la comparación constante.
Estar expuesto de forma masiva a modelos de vida idílicos, éxitos económicos prematuros o patrones físicos completamente irreales, profundamente distorsionados por filtros o puestas en escena ensayadas provoca una merma sistemática de la autoestima
¿A qué se refiere cuando habla del impacto destructivo de la comparación constante?
Estar expuesto de forma masiva a modelos de vida idílicos, éxitos económicos prematuros o patrones físicos completamente irreales, profundamente distorsionados por filtros o puestas en escena ensayadas provoca una merma sistemática de la autoestima. El joven interioriza que su vida normal y sus esfuerzos cotidianos son un fracaso, lo que dispara cuadros severos de inseguridad y desgana.
¿Existe en los manuales médicos internacionales el diagnóstico de la adicción a la pantallas?
No, y es fundamental que la población y los medios de comunicación lo entiendan para no confundir los términos. A día de hoy, los manuales diagnósticos de referencia no categorizan la adicción a internet, al móvil o a las redes sociales como trastornos médicos oficiales. Dentro del entorno digital, las únicas patologías de tipo adictivo formalmente reconocidas son el trastorno por juego de azar online (gambling) y la adicción a los videojuegos (gaming disorder).
El peligro radica en que, hoy en día, la relación digital ya no nace de una búsqueda activa, consciente y voluntaria del usuario. El contenido viene mediado de forma agresiva por un algoritmo diseñado con un único fin: retener tu atención el mayor tiempo posible
Si no podemos etiquetarlo como una «adicción pura», ¿por qué el enganche a las redes genera dinámicas tan destructivas y sufrimiento en los pacientes?
Que no sea una patología oficial no significa que no exista un uso inadecuado, abusivo o problemático de la tecnología. Esta distinción técnica nos sirve a los profesionales para diseñar estrategias de intervención correctas y precisas. En la práctica clínica actual, detectamos con mucha más frecuencia las consecuencias indirectas de ese abuso de pantallas que la supuesta adición en sí misma. Nos llegan pacientes que están sufriendo las secuelas psicológicas de ser víctimas de ciberacoso, de dinámicas de sexting coercitivo o de la difusión no consentida de imágenes íntimas.
Es decir que llegan a psiquiatría más que para tratarse de la adición a redes a pantallas, para solucionar sus secuelas. ¿Cómo lo abordan?
Cuando el problema del abuso tecnológico ya está instaurado y altera la funcionalidad del paciente, el abordaje médico se centra en técnicas de entrevista motivacional para el cambio, de manera muy similar a como tratamos otras adicciones conductuales o de sustancias: confrontamos a la persona con los riesgos y con el impacto real y tangible que ese hábito está teniendo en sus esferas vitales. No debemos olvidar que el abuso de la tecnología interfiere directamente en procesos cognitivos esenciales como el correcto desarrollo cerebral en las etapas de maduración, la capacidad atencional sostenida y los procesos de fijación de la memoria. Además, le resta de forma directa horas al ocio saludable, a la actividad física y al diálogo presencial.
No debemos olvidar que el abuso de la tecnología interfiere directamente en procesos cognitivos esenciales como el correcto desarrollo cerebral en las etapas de maduración, la capacidad atencional sostenida y los procesos de fijación de la memoria
Usted advierte de que IA y algoritmos de recomendación interactúan con mentes que ya padecen un trastorno o una vulnerabilidad previa. ¿Cómo pueden empeorar un cuadro psiquiátrico?
Es un escenario de especial gravedad que nos preocupa profundamente a los clínicos. El peligro radica en que, hoy en día, la relación digital ya no nace de una búsqueda activa, consciente y voluntaria del usuario. El contenido viene mediado de forma agresiva por un algoritmo diseñado con un único fin: retener tu atención el mayor tiempo posible en la pantalla. Cuando este sistema artificial interactúa con una mente vulnerable o con un trastorno previo, los riesgos se multiplican.
¿Cómo puede afectar según la patología?
En casos de hipocondria, una persona con tendencia a la rumiación ansiosa realiza una consulta puntual en internet sobre un síntoma menor. El algoritmo detecta ese miedo e interés, y comienza a devolverle manera constante información sobre síntomas catastróficos y enfermedades terminales. El paciente queda atrapado en un bucle que amplifica exponencialmente su cuadro ansioso original. Si hay trastornos delirante la IA, lo buscará mediante afinidad de contenido, lo que puede arruinar la terapia por completo. Incluso en trastornos alimentarios ,los resultados pueden ser trágicos, pues si el algoritmo detecta inseguridad, comenzarán a bombardear a ese joven con mensajes s continuos sobre dietas restrictivas, rutinas de ejercicio extenuantes.
Necesitamos articular de forma urgente una estrategia de prevención colectiva y comunitaria donde familias y centros educativos asuman su cuota de responsabilidad. Retrasar al máximo la entrega del primer dispositivo móvil inteligente a los menores
Ante un problema que afecta al individuo, a la salud pública y a la empresa, ¿por dónde pasa la verdadera respuesta a esta crisis?
Necesitamos articular de forma urgente una estrategia de prevención colectiva y comunitaria donde las familias, los centros educativos y las instituciones asuman su cuota de responsabilidad. Retrasar al máximo la entrega del primer dispositivo móvil inteligente a los menores, aplicar un control parental exquisito y respetuosa. Asimismo, hago un llamamiento a la prudencia institucional en el ámbito educativo: no deberíamos implementar de forma masiva herramientas digitales en las escuelas si estas no demuestran de manera clara y científica un beneficio pedagógico directo en el aprendizaje de los alumnos diálogo presencial.
¿Somos un poco hipócritas al exigirle a los niños un autocontrol digital que nosotros mismos no tenemos?
Absolutamente. El ser humano aprende por imitación, no por discursos. Es completamente estéril e imposible exigirle a un niño o a un adolescente que modifique o racionalice el uso que hace de su pantalla si observa de forma sistemática que sus padres, madres o profesores recurren al scroll infinito en sus terminales para desconectar en el sofá nada más llegar a casa, perdiendo por completo la noción del tiempo y del espacio que les rodea
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