Cooperación forestal
Ourense refuerza su papel como escuela europea de lucha contra el fuego en un verano con más parroquias de alto riesgo
Una veintena de bomberos búlgaros se forman en Toén para conocer el modelo gallego de prevención y extinción atraídos por las similitudes entre el clima búlgaro y el gallego: «la vegetación es distinta, pero el problema empieza a ser el mismo»

Brevebrétema
Ourense encara un verano con más territorio bajo máxima vigilancia frente al fuego. El número de Parroquias de Alta Actividad Incendiaria—PAAI— aumentó este año en toda Galicia hasta las 35, frente a las 26 con las que contaba el año pasado la comunidad autónoma al completo. Este verano es tan solo la provincia la que acumula esa cantidad. En este contexto, Ourense vuelve a convertirse en un laboratorio europeo de la lucha contra los incendios recibiendo en el Centro de Loita contra o Lume de Toén a un nuevo contingente internacional de bomberos que llega para conocer, desde dentro, un modelo de prevención y extinción que cada vez despierta más interés entre países que comienzan a enfrentarse a campañas de incendios similares a las gallegas.
La iniciativa, impulsada por el Mecanismo Europeo de Protección Civil, alcanza este verano su tercera edición en Galicia. Tras recibir en los dos últimos años a especialistas de Estonia y de los Países Bajos, la Consellería do Medio Rural forma ahora a cuarenta bomberos búlgaros, distribuidos en dos turnos de veinte efectivos. El primero, al frente del cual se sitúa el team leader Atanas Apostolov, ya se encuentra en territorio gallego.
«Es la primera vez que nuestro equipo se encuentra en España. Algunos hemos conocido el país, pero siempre por motivos de ocio, otros ni eso. Esta es nuestra primera vez juntos aquí y con motivo de trabajo», desvela Apostolov desde las pistas de entrenamiento de Toén, donde este lunes realizaron su primer ejercicio dentro de la formación impartida por el Servicio de Prevención de Incendios de la Xunta de Galicia: una masterclass de maniobras y conducción de vehículos todoterrenos.
Expertos en la montaña
Junto a tres instructores y seis vehículos de intervención los búlgaros se formaron en un circuito diseñado para simular condiciones reales de emergencia: terrenos irregulares, pendientes, carga máxima y visibilidad limitada. No es un cursillo para aprender a conducir, sino una clase para evitar errores que pueden resultar fatales. Así lo explica Álvaro Louro, el coordinador que se encargó de compartir sus conocimientos con el equipo internacional, «tenemos pocas horas con ellos, así que lo que hacemos es centrar esta formación en la prevención de riesgos, explicar a qué cosas hay que prestarle atención para que todo salga según lo previsto».
Entre esas «cosas», Louro les habló a los efectivos de los Balcanes de «la importancia que tiene la correcta presión de los neumáticos, que en el monte tiene que tender a ser más baja que la que utilizamos en carretera; el uso de diferenciales, la parada de emergencia, que es una serie de recursos para cuando tienes que parar en una pendiente donde la gravedad hace su trabajo» y, en general, «la configuración de los elementos mecánicos que trae el coche, porque es tu mejor aliado en el monte. Es quien te lleva, pero también quien te saca».
Para explicar todo esto realizaron ejercicios «que apliquen el mayor número de supuestos en los que se pueden encontrar en el monte: una inclinada lateral, un cruce de puente subido de una cresta y descensos y ascensos de grandes pendientes».
Sin embargo, pocas de esas maniobras resultaron novedosas para los búlgaros. «Manejamos unos vehículos muy semejantes en Bulgaria, de hecho a los fuegos acudimos con unos un poco más grandes. Además, muchos de nosotros conducimos 4x4 como hobby, porque es algo que nos gusta, así que sabemos desenvolvernos», defendía Apostolov y corroboraba Louro, «no tienen nada que ver con los neerlandeses que todos querían conducir, porque no solían hacerlo, ni con los estonios que nos contaron que su monte más alto era un pico de 400 metros, así que alucinaban con todo».
La diferencia para el contingente actual radica en el modo de aprender, más que en el contenido del aprendizaje: «es un lujo lo que podéis hacer aquí. Nosotros allí hemos aprendido sin polígonos de pistas como estas, en el monte puro, es ahí donde hemos practicado, en situaciones reales», explicaba el team leader de los visitantes con la seguridad de quien lleva 20 años haciendo del 4x4 su pasión y también con la confianza de quien conoce las montañas. «Las pendientes no nos asustan. Vosotros tenéis la suerte de que vuestras montañas son redondeadas, las nuestras son sierras, zonas muy escarpadas, así que en realidad trabajamos mucho en ellas. Es una orografía compleja, pero similar a la que vemos aquí en Galicia».
Las primeras llamas
La formación teórica que reciben con los equipos gallegos se transformó en una prueba real el pasado viernes en Aranga — en A Coruña—. Cuando apenas llevaban 48 horas en suelo gallego, el equipo búlgaro se enfrentó a su primer incendio forestal, un fuego que presentaba dos dificultades añadidas: una densa masa de eucaliptal y la proximidad de la autovía A-6
Fue allí donde Apostolov y sus hombres quedaron «maravillados» por un factor que en su país es un «recurso escaso»: el apoyo desde el cielo. «Vimos operar a tres aviones y tres helicópteros simultáneamente», relata el capitán, que insiste en que en Bulgaria, las montañas son más altas y escarpadas, «lo que dificulta enormemente las maniobras de los pilotos, mientras que aquí ayudan mucho porque pueden acercarse y bajar la intensidad de las llamas. Eso permite trabajar mejor en el suelo», explica Apostolov, destacando que esa es, hasta la fecha, «la mayor diferencia» que se han encontrado.
En ese mismo incendio, además, los búlgaros no solo realizaron ataque directo con mangueras; también tuvieron la oportunidad de aplicar «quemas tácticas», aplicar fuego controlado para anclar el incendio a una línea de defensa o pista forestal, una especialidad en la que «el personal del noroeste peninsular es puntero a nivel mundial», según el coordinador de enlace de la Xunta con los equipos internacionales, Martín Blanco, quien ensalzó que «a las brigadas gallegas las define la rapidez abriendo tendidos; son capaces de atender un flanco de varios cientos de metros en minutos».
Bulgaria Alfa y Bravo
Blanco— que ya fue el enlace de las dos misiones anteriores— también destaca que la experiencia ha permitido evolucionar la logística. Mover un grupo de 20 personas con siete vehículos hacia un incendio es, en palabras de Martín, «lento e incluso peligroso». Por ello, este año el contingente se ha subdividido en dos equipos más versátiles: Bulgaria Alfa y Bulgaria Bravo.
Cada unidad, compuesta por 10 miembros, opera de forma independiente bajo las órdenes de un líder que traduce las instrucciones técnicas que los coordinadores gallegos transmiten en inglés, tal como marca el protocolo europeo.
Esta novedad va de la mano de otra, la ubicación. Según en años anteriores la base de operaciones era la provincia de Ourense— por la incidencia que el fuego tiene sobre ella— este verano, la movilización se centraliza desde Sergude, en las proximidades de Santiago de Compostela, aunque la mayor parte de la formación sigue impartiéndose en Toén. «Es una forma de que conozcan otras zonas, no solo Ourense, aunque aquí seguimos desarrollando parte de la formación y visitas estratégicas como un al Distrito XII por su avanzada capacidad de coordinación».
Más allá del terreno, la delegación búlgara ha mostrado un interés especial por la «conciencia situacional» del dispositivo gallego. La visita programada al Distrito XII de Ourense tiene como objetivo mostrarles un sistema donde las instalaciones de la central provincial y el centro de coordinación están compartidas. Aunque no será eso lo más sorprendente sino «la capacidad de vigilancia que tenemos en toda Galicia porque más del 80% de la superficie forestal de Galicia es visible a través de una red de cámaras de alta resolución», sostiene Blanco, que pone en valor que «poder tener imágenes en tiempo real desde que se inicia un fuego permite planificar la estrategia mientras todavía vas de camino en el vehículo».
El foco en el cambio climático
Con todo, el interés de Bulgaria por aprender del modelo gallego no se basa en las diferencias en la tecnología o en las herramientas sino en todo lo contrario: las similitudes. El cambio climático está redibujando el mapa de riesgos en los Balcanes. «El clima que hace 15 años estaba en la frontera con Grecia, ahora se ha movido 500 kilómetros hacia el norte, hacia el interior de Bulgaria», expresa Atanas Apostolov quien indica que esa nueva realidad hace que en el país «ya se alcancen temperaturas de 40 grados y la situación en el sur es, a día de hoy, muy similar a la que se vive en Galicia».
Es por ello que, de los gallegos desean aprender la forma de afrontar una realidad que sienten cada vez más cercana. «La vegetación es distinta, pero el problema empieza a ser el mismo», resume Apostolov. Tras cuatro campañas consecutivas participando en misiones de preposicionamiento en Grecia, el responsable del contingente búlgaro considera que el sur de su país vive una transformación acelerada.
Esa evolución es precisamente la que ha llevado a Bulgaria a mirar hacia Galicia. Aunque sus bomberos continúan siendo estructurales —intervienen tanto en incendios urbanos como en forestales o rescates—, el aumento de las temperaturas y «que en verano ya no cae ni una gota de agua» está obligando al país a especializarse para poder prevenir. La adquisición de 120 nuevos vehículos ligeros para extinción, la adaptación de procedimientos y el interés por conocer el sistema gallego forman parte de esa transición.
No es la primera vez que ocurre. Lo recuerda Martín Blanco, que apunta que tras su paso por Ourense el pasado verano, la delegación de los Países Bajos comenzó a desarrollar una especialidad específica para incendios forestales inspirada en parte en el modelo conocido durante estas misiones europeas. Ese es, precisamente, uno de los objetivos del programa: que el conocimiento adquirido durante unas semanas de convivencia no termine cuando los equipos regresan a sus países, sino que contribuya a reforzar la capacidad de respuesta frente a un riesgo que ya no entiende de fronteras.
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