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Ciberdelitos

Una madre de Ourense sufrió una estafa del hijo en apuros de casi 2.000 euros: «Recibí un WhatsApp, decía que era mi hija, que había perdido el móvil y necesitaba dinero»

Un hombre acusado, marinero pescador de profesión, recibió la transferencia en su cuenta pero niega ser el autor del fraude y asegura que otros utilizaron sus datos y que él no retiró el efectivo: «Se hicieron pasar por mí, yo soy víctima»

El juicio se celebró este martes en Ourense, con la intervención del acusado por videoconferencia.

El juicio se celebró este martes en Ourense, con la intervención del acusado por videoconferencia. / FDV

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Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

Los patrones delictivos han cambiado y el escenario de una parte importante de los sucesos de la actualidad se sitúa en la red. El último balance de seguridad ciudadana publicado por el Ministerio del Interior indica que los ciberdelitos representan ya el 20,6% del total de infracciones penales que se cometen en España. En Galicia y en la provincia de Ourense el porcentaje supera el 27%. Es decir, uno de cada cuatro delitos denunciados en la comunidad y en territorio ourensano son hechos perpetrados con medios telemáticos. La ubicuidad e instantaneidad que ofrecen las nuevas tecnologías resultan muy útiles pero, en malas manos, facilitan la comisión de engaños y permiten que el dinero sustraído se esfume, recorriendo en muchos de estos casos varios países, hasta el punto de destino final del botín para la red de ciberdelincuentes. El esclarecimiento de estas estafas telemáticas es complicado, aunque tanto la Guardia Civil como la Policía Nacional cuentan con unidades especializadas que avanzan en la investigación y la persecución de estos hechos. En Ourense se juzgó este martes un caso de una de las modalidades de estafas que evolucionan al alza en los últimos años: el fraude del hijo en apuros.

Este tipo de ciberdelitos explota la confianza que se genera en las víctimas. Los delincuentes se hacen pasar por el hijo o la hija de la persona seleccionada como objetivo. Para justificar por qué están contactando desde un número de teléfono que no es el habitual, se escudan en que tuvieron un problema con el móvil. El estafador urge un pago de dinero para poder solucionar la incidencia. «Recibí un WhatsApp en el que me decían que era mi hija, que había perdido el móvil y que ese era su número nuevo, y que necesitaba dinero». Es el modus operandi. Así se explicó este martes en el juicio una ourensana que sufrió una ciberestafa de esta clase, el 3 de agosto de 2022.

Tras recibir los mensajes, creyó que la interlocutora era su hija e ingresó un total de 1.926 euros. El banco no la indemnizó. «Ella siempre se comunica conmigo por WhatsApp, era normal que me pidiera dinero y yo se lo mandaba», justificó la mujer durante su declaración ante la magistrada de la plaza 2 de la Sección Penal de Ourense.

«Me volvió a pedir más y me di cuenta de que era una estafa»

Los ciberdelincuentes generan un clima de urgencia, de necesidad inmediata. Es una de las conductas sobre las que advierten las autoridades, para que esa característica del mensaje sirva como aviso para detectar posibles fraudes y extremar la cautela. «Ese día me marchaba de vacaciones y estaba muy atareada», relató la víctima en el juicio. Su hija, además, se encontraba trabajando y no consiguió contactar con ella por llamada hasta después del pago. En esa comunicación, la hija le dijo a su madre que ella no le había pedido dinero alguno. Tras conseguir el dinero, el ciberdelincuente siguió intentándolo. «Me volvió a pedir más y me di cuenta de que era una estafa», explicó la perjudicada. Los expertos aconsejan no realizar ningún pago sin haber contactado primero con el familiar, para cerciorarse de que en efecto se trata de la persona que solicita la ayuda económica.

La versión del sospechoso: «Es mi cuenta, pero yo no fui, tomaron mis datos y se hicieron pasar por mí, he sido una víctima»

Por este caso en Ourense de la estafa del hijo en apuros está acusado un hombre, de origen senegalés, sin antecedentes penales y de 28 años, que reside en la provincia de Tarragona y es marinero pescador de profesión. En el juicio de este martes intervino por videoconferencia. El encausado afirma que él no remitió el mensaje de WhatsApp fraudulento, asegura que perdió su tarjeta bancaria y que otras personas utilizaron sus datos para cometer el engaño, sin su conocimiento, afirma. En su cuenta bancaria se recibieron los 1.926 euros defraudados a la ourensana. «Es mi cuenta, pero yo no fui, tomaron mis datos y se hicieron pasar por mí, he sido una víctima», manifestó en su interrogatorio.

Tras la transferencia de los 1.926 euros se produjeron tres retiradas de efectivo en el cajero, ese mismo día, pero la Policía no llegó a comprobar las cámaras de seguridad de la entidad bancaria. El sospechoso sostiene que él no sacó el dinero. La defensa pide la absolución por falta de pruebas. El acusado esgrime que denunció la pérdida de su tarjeta así como también la operación bancaria supuestamente ajena a su conocimiento. «No sé de verdad cómo cogieron mis datos», reiteró en el juicio. «Desde que hice la denuncia no me llamaron ni nada», apuntó el encausado.

En cambio, el fiscal mantiene la petición de condena y subraya que la denuncia presentada por el acusado fue posterior a los hechos juzgados en Ourense. El ministerio público atribuye a este joven senegalés el papel de coautor o de cooperador necesario en la comisión de un delito de estafa. La Fiscalía solicita una condena de dos años de prisión, así como el pago a la víctima del dinero defraudado.

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