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De carretera peligrosa a ejemplo de seguridad vial

Un experto constata la «reducción profunda y sostenida» de la siniestralidad de tráfico tras un pionero radar de tramo en la N-525 en Ourense

El capitán de la Guardia Civil y doctor en Derecho Norberto Aser González Trigo publica un artículo que respalda la eficacia de este tipo de controles para prevenir accidentes «al restringir conductas asociadas al riesgo»

El control entre Ourense y Coles redujo un 87,5% la cifra de siniestros graves y mortales: de 24, entre 2006 y 2015, a solo 3 entre 2016 y 2025

El doctor en Derecho y capitán de la Guardia Civil Norberto Aser González Trigo ha publicado un artículo científico sobre el efecto del radar de tramo de la N-525 entre Ourense y Coles.

El doctor en Derecho y capitán de la Guardia Civil Norberto Aser González Trigo ha publicado un artículo científico sobre el efecto del radar de tramo de la N-525 entre Ourense y Coles. / FDV

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Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

En la provincia de Ourense se implantó a finales de 2015 un radar de tramo con la velocidad media limitada a un máximo de 70 kilómetros por hora, en un segmento de 3 kilómetros y 760 metros en el sentido Santiago de la N-525, desde O Viso a Gustei, entre Ourense y Coles. Esta medida, unida a otras mejoras complementarias, convirtió la carretera más peligrosa de la red viaria de la provincia en un tramo en el que casi se erradicó la siniestralidad grave. El radar de tramo ha salvado vidas. La evaluación de este efecto ha sido objeto de un artículo publicado por el investigador Norberto Aser González Trigo, capitán de la Guardia Civil y doctor en Derecho por la Universidad de Vigo. Su análisis confirma que «la implantación de un sistema de control de velocidad por tramo se asocia con una reducción profunda y sostenida de la siniestralidad vial». El experto subraya que «el riesgo intrínseco de fallecimiento o lesión grave en el tramo decreció sustancialmente tras la activación del radar de tramo».

Las salidas de vía y las colisiones de gran impacto por invasiones del carril contrario situaban a la N-525, entre O Viso y Gustei, en el negro ranking de carreteras de riesgo. En este tramo, cuyo trazado se caracteriza por curvas sucesivas y entronques con vías secundarias y pasos de servidumbre para viviendas y empresas, estaba permitido en su día conducir a 100 kilómetros por hora, con áreas reducidas de adelantamiento que propiciaban maniobras arriesgadas. De manera progresiva se adoptaron medidas de seguridad como la regulación de cambios de sentido, se suprimieron las líneas discontinuas de adelantamiento, se instalaron marcas sonoras y, a finales de 2015, entró en servicio el radar. Se convirtió en el segundo dispositivo de estas características en España en una carretera convencional, poco después de uno en la N-120, en León.

Estos controles son «instrumentos esenciales para la supervisión del cumplimiento de los límites de velocidad con el objetivo de reducir la siniestralidad vial», concluye el artículo del investigador González Trigo, disponible para consulta pública. Tras analizar los datos de siniestros en un intervalo temporal de 20 años —los diez años previos, de 2006 a 2015, y los diez posteriores a la implementación, de 2016 a 2025—, los hallazgos indican que el control de velocidad media «constituye una intervención eficaz para la mejora sostenida de la seguridad vial, al promover una mayor homogeneidad en las velocidades de circulación y restringir conductas asociadas al riesgo», resume el artículo.

Con una vigilancia constante de los kilómetros 242,2 a 246 de la N-525, en el sentido Santiago —el radar de tramo se complementa con una cabina de cinemómetro fijo en el sentido contrario, el de Ourense, en el punto 244,850—, la medida ha salvado vidas en una vía de comunicación muy utilizada para la entrada y salida de Ourense a través del norte de la ciudad. La instalación del radar se complementó con el asfaltado de la vía, la colocación de balizas naranjas y marcas sonoras para delimitar los circuitos. Con una intensidad media de circulación de unos 10.000 vehículos diarios, pasó de ser un lugar en el que la tragedia era una noticia habitual —9 fallecidos y 15 heridos graves entre 2006 y 2014—, a que la siniestralidad dejase una persona muerta y dos lesionados graves entre 2015 y 2025. El peor de los siniestros recientes causó un fallecimiento en una colisión en 2024. En 2022, un motorista de la Guardia Civil de Tráfico resultó herido de gravedad por la irrupción en la calzada de un jabalí. Una conductora sufrió lesiones de consideración en 2024, en una salida de vía.

Arco que marca el inicio del punto de control en el radar de tramo entre Ourense y Coles, en la N-525.

Arco que marca el inicio del punto de control en el radar de tramo entre Ourense y Coles, en la N-525. / Roi Cruz

En 2013 hubo 3 fallecidos y 7 heridos. El 2007 fue otro de los años más negativos: 2 muertos, 4 hospitalizados y 7 heridos. Durante 2017, 2018, 2019, 2020 y 2021 no hubo en el tramo ni un solo herido. La evidencia empírica internacional asocia los sistemas de control de velocidad media con reducciones de la siniestralidad grave y mortal de entre el 33% y el 85%. En esta carretera de Ourense, desde que está operativo el radar de tramo, hubo «una contracción generalizada de la siniestralidad», resalta el investigador González. Como indica en su artículo, la cifra de siniestros graves y mortales bajó de 24, entre 2006 y 2015, a solo 3 entre 2016 y 2025. Una caída del 87,5%.

«Una mayor velocidad reduce el tiempo de reacción, dificulta la percepción y valoración del entorno, aumenta la distancia de detención y amplifica los efectos de otros factores de riesgo, como la distracción, la fatiga o el alcohol», recuerda Norberto. Elevar incluso mínimamente la velocidad supone «un incremento significativo en la energía liberada durante el impacto, traduciéndose de forma directa en una mayor severidad de las lesiones sufridas», subraya el experto. El radar de tramo promueve «una conducción notablemente más homogénea y predecible», que «reduce la exposición a maniobras de riesgo y disminuye la probabilidad de colisiones por alcance».

Velocidad media de 63 km/h y «pacificación del tráfico»

Si bien los resultados del trabajo «deben ser tomados con prudencia científica, configurando una sólida evidencia de asociación compatible con la seguridad vial, pero no una prueba de causalidad matemática», este análisis sobre el radar entre Ourense y Coles «ratifica de manera sólida que los sistemas automatizados de control de velocidad media inducen mejoras sustanciales en la seguridad vial». En este trazado «el dispositivo operó modificando de forma efectiva el patrón conductual de los conductores, logrando reducir y estabilizar la velocidad media en torno a los 63 km/h. Esta pacificación del tráfico atenuó de forma drástica la energía cinética disponible en los impactos potenciales», explica el investigador.

La caída de la siniestralidad fue independiente a la bajada de tráfico en la zona—de 13.000 a 10.000 vehículos al día— tras la apertura de la autovía AG-53. Los sistemas de control de velocidad son herramientas útiles, «especialmente, en tramos identificados como de alto riesgo», indica González. No obstante, la efectividad de estas medidas «depende en gran medida de su adecuada planificación, diseño e integración» dentro de estrategias amplias de seguridad vial, que atiendan la velocidad, el diseño de la infraestructura, la señalización clara y las acciones de concienciación, finaliza.

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