El macroespectáculo de ZETAK en San Mamés se convierte en el mayor escenario para las máscaras del Entroido ourensano
Follateiros de Lobios, pantallas de Xinzo y un cigarrón de Verín participaron en un «espectáculo inolvidable» ante 80.000 personas

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El estadio de San Mamés. Cientos de personas vestidas con el mismo traje de control que Orwell planteaba en su obra más conocida. Una rave con Grison y Loles León. Y una celebración de la cultura vasca. Pensar ya de por sí que todos estos elementos pueden convivir en un mismo espacio-tiempo parece, como mínimo, extraño. Y si al combo le añadimos las figuras ourensanas del Entroido, buscar un hilo conductor parece una misión imposible. Pero un artista euskaldún nacido en un ayuntamiento navarro de mil habitantes ha conseguido lo que en muchas mentes ni se planteaba: reunir a 80.000 personas en la catedral del fútbol para escuchar algo que fue mucho más allá de un concierto, abriendo por el camino un espacio a Galicia y brindando a sus máscaras de Entroido el mayor escenario que han vivido en su larga historia.
Se trata de ZETAK, el grupo en euskera liderado por el artista Pello Reparaz, que desde 2019 ha revolucionado y liderado la cultura vasca con una mezcla continua de sonidos electrónicos y toda la esencia del folclore vasco. En 2023 sacaron el álbum de estudio Aaztiyen, en el que cobran gran relevancia las figuras del carnaval euskaldún —que tienen tanta riqueza e historia como las de Galicia—, y desde entonces a su gira de conciertos habitual añaden Mitoaroa, un macroespectáculo en el que los temas del navarro se mezclan con el teatro al más puro estilo de La Fura dels Baus. Una historia con los seres mitológicos como protagonistas mantiene la narrativa desde antes de que comience el show hasta sus casi tres horas de duración.

Todas las máscaras ourensanas presentes en San Mamés / FdV
Tras dos éxitos en los recintos más multitudinarios de Navarra y San Sebastián, ZETAK se enfrentaba ahora al mayor reto de su andadura: un Mitoaroa III en San Mamés con más de 1.000 profesionales implicados, cerca de 300 personajes en escena por todo el estadio, múltiples famosos y más de un millón de euros públicos invertidos para infraestructuras de élite y una retransmisión por EITB —la televisión pública de la región— a la altura de la Super Bowl. El público respondió: las 40.000 entradas disponibles se agotaron en la preventa nueve meses antes del concierto —siendo el primer proyecto en euskera de toda la historia en lograrlo— y obligaron a anunciar una segunda fecha para el día anterior. Las expectativas eran altísimas para una historia que ofrecía una distopía: en una Euskadi del año 2084, la sociedad vive controlada bajo un chip cerebral que reprime las emociones, mientras que las figuras mitológicas conviven entre los humanos y son culpadas de todos los males. El espectáculo narraría cómo Pello buscaba su libertad mirando a ese folclore, en lo que los expertos definían como «el concierto más bestia y ambicioso del año en España».
Un papel protagonista
Y ahí, entre toda esta celebración, apareció Ourense. A los 25 minutos de concierto saltaron al escenario Fillas de Cassandra para cantar junto a ZETAK su tema Anguleele y, tras ellas, aparecían las primeras máscaras vivas del concierto. Eran seis follateiros de Lobios, tres pantallas de Xinzo y un cigarrón de Verín, que con su presencia despertaban las primeras dudas de Pello sobre el sistema que le regía: «Esto no estaba previsto. Las máscaras, esas criaturas, su forma de moverse... Hay algo ahí, algo peligroso, algo que parece más antiguo que este mismo estadio», narraba el personaje de Pello después de la canción. Pero la participación del Entroido no se quedó solo en la aparición de las viguesas, pues las máscaras ourensanas se sumergieron con las vascas para reaparecer en el escenario durante la canción Akelarretan, justo en el momento que marca el paso del blanco y negro futurista al color en la pantalla, y en el que el protagonista se siente libre por primera vez en la historia.
Su penúltima escena sería la más surrealista, en el capítulo que lleva la historia a un momento rave. Tras recolectar personajes como Grison, Samantha Hudson o Loles León en los baños, el elenco subió a las gradas de San Mamés con pantallas y follateiros para mezclar, a todo altavoz y con luces estroboscópicas, varias pistas techno. Su periplo concluyó en los agradecimientos, cuando volvieron a subir a la plataforma principal, esta vez junto a todos los personajes presentes.
Pero ¿cómo se gestó la presencia de las máscaras gallegas en semejante celebración? El primer enlace tiene nombre y apellidos: Jorge Minas, el creador y organizador del ViboMask, el festival que cada año reúne en Viana a máscaras de toda la Península Ibérica. «O seu equipo púxose en contacto con nós para saber quen estaría interesado en ir, e pedíronnos especificamente os números duns grupos determinados», cuenta Minas. Entre otros, también se interesaron por el boteiro de la propia Viana, pero por cuestiones de organización no se pudo gestar su presencia. Quien sí lo consiguió fue Verín, bajo la máscara de Jorge García Álvarez, quien se viste de cigarrón desde que tenía 11 meses. El joven de 21 años ya había estado con su zamarra en Vigo, Santiago, Zamora o Sevilla para participar en diferentes mascaradas, pero nada había sido como lo vivido en Bilbao: «Foi algo moi diferente do que estamos acostumados, pero moi bonito. Eu repetiría todos os anos», cuenta García, quien no conocía a ZETAK más allá de lo que le había mostrado su hermano, fan del vasco, pero que quedó encantado tanto con las rarezas que vivió como con la masiva comunidad que presenció su cultura.

Follateiros y pantalls en el momento 'rave' con Zetak, Grison y Loles León / Mario Lezaun
Y es que, más allá de hermanamientos y reivindicaciones, las 80.000 personas en dos tandas que acudieron a San Mamés suponen, sin lugar a duda, el mayor escenario del que han disfrutado las máscaras ourensanas en su historia. Así coincide Pepe Xoga, una de las tres pantallas que estuvieron en San Mamés. En su caso, llegó a Mitoaroa a través del contacto de Fillas de Cassandra y, como el resto, se plantó en el estadio del Athletic Club sin saber muy bien qué esperar antes del cálido recibimiento de Pello: «Ensináronos a pista central, que era unha cousa inmensa, e alí estaba Pello ensaiando. Recibiunos moi ben, e agradeceunos a viaxe porque sabe as horas que supón viaxar dende Galicia», cuenta. Eso sí, aunque el objetivo en todo momento era realzar las figuras gallegas, hubo un ligero momento de desencuentro entre los deseos de los creativos y la naturaleza de las máscaras ourensanas, pues «para Anguleele querían que estiveramos estáticos, pero nós explicámoslles que a pantalla debe moverse en todo momento e acabamos convencéndoos». Al final, todo salió bien para todas las partes, ya que Xoga no recuerda haber vivido algo igual: «A experiencia foi impresionante, cun espectáculo desa magnitude, con todo o que conleva e o ben que nos trataron. Este ano xa tiveramos a oportunidade de ir a Balaídos, pero non ten nada que ver saír ao centro do campo a facer un pouco de Entroido que facer este espectáculo», recuerda.
La hazaña de los follateiros de Lobios
Pero si la presencia de estas dos máscaras míticas ya fue sorpresiva, más aún resultó la de los follateiros de Lobios, el grupo más numeroso. Una de las máscaras hechas con espigas de maíz fue Paloma García, hija de Marta Delgado, quien en 2018 se empeñó junto a otros amigos en recuperar esta tradición de la Baixa Limia, olvidada durante generaciones. El empeño de estos vecinos dio un paso adelante en 2024, cuando el artista Baiuca los seleccionó para participar en el videoclip Alentejo, donde apareció Paloma, así como en otros conciertos del arousano en Madrid o Santiago. Quizá fue ese escaparate el que llamó la atención de ZETAK para invitarlos a San Mamés, en una experiencia que, además de definir como «unha auténtica locura», destaca por las relaciones que generaron con los Entroidos vascos: «É unha burrada a cantidade de figuras que teñen, e o elaboradas que están. Pero eles tamén alucinaban con nós, facíannos moitas similitudes con México, e convidámonos mutuamente aos nosos encontros. Serviu para facer irmandade», cuenta.
Este escaparate de lujo es especialmente importante para los follateiros por el reto que tienen en cuanto al relevo generacional. Al contrario que en Xinzo o Verín, donde las máscaras se visten desde niños, Paloma es, con 40 años, una de las disfrazadas más jóvenes. Pero mira al futuro con esperanza: mientras que ella cogió las espigas por ver lo que su madre argallaba, los próximos lobianos tendrán como referencia a ella en una macrorave con celebridades. «É brutal todo o que conseguimos no pouquiño tempo que levamos, e sempre llo digo á miña nai, aínda que sempre queira ir de humilde», se ríe García.
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