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Tecnología en el aire

El equipo Pegaso, los guardias civiles con ojos en el cielo

Son los policías que controlan el cumplimiento de la normativa de la aviación ligera y del vuelo de drones. Además, el equipamiento de esta unidad permite apoyar en la prevención de incendios forestales, la búsqueda de desaparecidos y en servicios operativos complejos, como entradas y registros para capturar a delincuentes

El guardia civil Víctor Manuel Silva, del Equipo Pegaso de Ourense, manejando el dron.

El guardia civil Víctor Manuel Silva, del Equipo Pegaso de Ourense, manejando el dron. / Brevebretema

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Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

El acrónimo de la unidad de la Guardia Civil que vigila el espacio aéreo casa con el significado mitológico de la palabra. Pegaso, en la tradición griega, era el caballo alado del Olimpo. En el ámbito de la seguridad ciudadana son las siglas de la Policía Especialista en Gestión Aeronáutica y de Seguridad Operacional. En 2020, el Ministerio del Interior implantó a nivel nacional estos equipos especializados del instituto armado, que controlan el campo de la aviación ligera y el uso de drones, para evitar riesgos para la seguridad de personas, zonas sensibles e infraestructuras críticas. Además de inspeccionar y prevenir usos indebidos, el Equipo Pegaso actúa en coordinación con otras unidades, como la Policía Judicial o seguridad ciudadana, para optimizar los operativos. Por ejemplo, en entradas y registros para atrapar a delincuentes, en la búsqueda de personas desaparecidas, así como en prevención de fuegos en el monte y disuasión de incendiarios. La visión aérea y panorámica que aportan los drones, dotados además con cámara térmica, aporta un valor añadido que eleva la eficacia policial.

Víctor Manuel Silva (Ourense, 1972) ingresó en 1990 en la Guardia Civil. Es uno de los miembros del Equipo Pegaso de la Comandancia ourensana, desde su puesta en marcha. Una de las funciones de esta unidad es ser policía administrativa del espacio aéreo, para comprobar el cumplimiento de la normativa en materia de vuelos de helicópteros, avionetas —denominadas técnicamente aeronaves de estructura ultraligera, o ULM—, parapentes o drones.

Las denuncias se elevan a la Agencia Estatal de Seguridad Aérea y las consecuencias de los incumplimientos pueden ser muy duras a nivel económico. Las sanciones son cuantiosas «por el peligro de que la caída de un dron cause daños tanto a nivel material como a personas», indica el agente. Con todo, «la mayoría suelen ser infracciones leves. Cuando se hace un vuelo de dron hay que comunicarlo al Ministerio del Interior con cinco días de antelación, para que nosotros podamos comprobar que se realiza correctamente. Muchas veces la gente no cumple ese requisito y pretende volar sin que nosotros lo sepamos. Esa infracción se da bastante», explica Silva.

«Antes las sanciones eran diferentes si utilizabas el dron a nivel particular o para una actividad profesional, pero la nueva legislación europea aplica a todos los drones, con independencia del uso que se dé al dispositivo. La mayoría de las comunicaciones que se realizan a Interior son de particulares. A nivel profesional se suelen cursar peticiones para actos como una boda», completa el agente.

Los policías del espacio aéreo de la Guardia Civil de Ourense controlan toda la provincia, a excepción de la ciudad, donde la competencia en la preservación de la seguridad recae en la Policía Nacional. El Equipo Pegaso no se limita únicamente a la tarea administrativa, sino que apoya de manera habitual las intervenciones que llevan a cabo otras unidades del instituto armado, como la Unidad Orgánica de Policía Judicial.

Para sus servicios cuentan con dos drones, un dispositivo denominado Sendescope —un detector de drones— y un subfusil que puede anular y derribar una aeronave no tripulada para evitar incursiones indebidas en zonas sensibles. «Cuando vienen autoridades se suelen utilizar para inhibir y evitar un posible ataque», afirma el guardia. Esta arma tecnológica de la Guardia Civil tiene efectividad incluso a la distancia de un campo de fútbol.

La capacidad de observar el territorio desde gran altura —hasta 120 metros sobre la vertical—, y de cubrir una amplia extensión en lugares de difícil acceso, «con un zoom espectacular y una resolución de imagen muy buena», convierte a los drones en herramientas muy útiles para la lucha contra los incendios forestales, uno de los mayores problemas de seguridad pública en la provincia de Ourense. «El año pasado hicimos bastantes servicios de prevención en distintas zonas y con un objetivo disuasorio», señala el piloto.

El dron de la Guardia Civil, en el aire.

El dron de la Guardia Civil, en el aire. / Brevebretema

La cámara térmica del dron permitiría detectar un foco en el instante de su inicio. Además, esta tecnología favorece la búsqueda de personas desaparecidas. «Puede ocurrir que las patrullas y voluntarios que están haciendo la batida a pie no localicen al desaparecido, mientras que el dron y la cámara térmica, si la persona está viva, nos muestran un signo de calor así como el punto exacto en el que se encuentra», explica Silva. En los operativos de localización de desaparecidos se opta por un vuelo a baja altura y a velocidad reducida, para afinar en la búsqueda y examinar con detenimiento cualquier pista de interés que pueda conducir al paradero.

La tecnología al servicio del Equipo Pegaso para sus labores operativas permite a la unidad intervenir de día y de noche. No obstante, con rachas de viento de cierta intensidad, «al dron le cuesta mucho más volar, nos resulta más difícil pilotar y el consumo de las baterías aumenta», confirma Víctor.

Los agentes de esta especialidad disponen de títulos de pilotos de dron y formación de radiofonista. El suyo es un campo en permanente actualización. «La legislación cambia continuamente y debes estar al día constantemente».

La pericia en el manejo del dron es clave. «En ciertos operativos el vuelo debe ser muy preciso y lento, por lo que necesitas tener bastante práctica», confirma el guardia. La tecnología aporta un salto de nivel en la eficiencia de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, pero el factor humano es todavía diferencial. «Sigue siendo básico. Por ejemplo, el dron puede detectar un punto de calor pero no precisar exactamente de qué se trata. El piloto sí: vuelves a la cámara, haces zoom y ya percibes si es un jabalí, un caballo, un perro, o una persona», dice Víctor. Su vista está acostumbrada a 'leer' las imágenes que emite el dispositivo. «Con el tiempo te adaptas».

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